Morfología futbolística. Las oposiciones en el fútbol.

La dicotomía lengua/habla instituida por Ferdinand de Saussure en su Curso de lingüística general no es exclusiva de las disciplinas del lenguaje verbal o de signos. Mediante su táctica, el fútbol representa un lenguaje de comportamientos –y visual- que remite a las concepciones reflexivas personales y de diccionario que Umberto Eco hace del signo en su libro Signo. Eco ya menciona como las entonces (1973) “recientes” corrientes de la semiótica intentaban categorizar como signo todos los tipos de señales que de alguna forma comunican (Signo, trad. Francisco Serra Cantorell, Barcelona, ed. Labor, 1988, p. 33); así, Eco categoriza como signo hasta los sentidos humanos o las manifestaciones de la naturaleza. Y es que hasta las sensaciones son parte de un sistema; en las disciplinas del lenguaje (como puede ser en otras) éste es una estructura. Siguiendo a Eco en op. cit., la estructura es “un ‘sistema de diferencias’ tal, que lo que importa en él es la presencia o ausencia de un elemento, y no su naturaleza (p. 82). Concluye que una estructura sistemática puede ser aplicada a fenómenos no lingüísticos.
Años antes de Signo, Roland Barthes tuvo su Aventura semiológica, culminación a estudios realizados entre 1963 y 1973, en la cual retoma el Curso para analizar los ejes del lenguaje; uno de estos es el sistema. Y mantiene –Barthes- para la disposición de los campos (o elementos) del sistema, el nombre que la lingüística –y más exactamente la fonología- les da: oposiciones.
Lo escrito basta para ubicar con exactitud la terminología empelada en esta página, principalmente en las reseñas de partidos de fútbol, en los que incansablemente se toman los nombres de dichas oposiciones para describir los comportamientos tácticos o estratégicos de los equipos.
El apartado “Hacia una morfología futbolística”, correspondiente al texto World Cup Qualifyng, conclusiones a la segunda parte de la eliminatoria”, agregado en noviembre del 2005 a esta página, es el argumento del presente, el cual es un poco más explicito que aquel.
Como en las disciplinas del lenguaje, en el fútbol la existencia de oposiciones definitivas está certificada como difícil. Definir la mayoría de ellas como constantes, es de validez relativa, puesto que existe un significante ausente en el rival (situación necesaria para esta oposición), que establece el modelo. La oposición constante aparece clasificada, en Barthes (se sigue la Aventura de Barthes con sus definiciones de las oposiciones) , “de acuerdo a su valor diferenciador.” Esta oposición se da entre significados que tienen significantes diferentes. El signo lingüístico está estructurado por un significado y por un significante, éste es el “plano de la expresión”, aquel el “del contenido.” El significante es, pues, la cosa psíquica. En los textos de esta página suele llamársele ‘percepto’, en el sentido que en su Antropología filosófica le da Ernst Cassirer (trad. Eugenio Imaz, México, FCE) de “función”, similar es la acepción que le da S. Charles Peirce, para quien el percepto es una entidad física, no psíquica, pues para él es una “evidencia de los sentidos.” Para Peirce, es un acto del entendimiento; la perceptualidad es, entonces, la función que realiza un jugador; función especifica: “los perceptos no son representantes de ninguna otra realidad más que ellos mismos”. Por ejemplo: un lateral derecho de fondo, ejerce la función de un lateral derecho de fondo nada más.
El significado es la táctica, que es ideal, porque no es fija durante un partido por la variación que sufre el esquema de acuerdo a la necesidad de defensa o de ataque. Los significantes son los jugadores, que son los que validan, mediante su ejercicio perceptual, la eficacia de la táctica.
Un ejemplo de oposición constante es un 4-4-2 versus otro 4-4-2, ambos con cuadrado en el medio, con uno de los sistema teniendo laterales de fondo con salida, en los que basar las posibilidades de ataque, y otro empleándolos en mera versión defensiva como contenedores; en los comienzos del siglo XXI, se hizo común esta última estrategia, al habilitar como laterales a defensores centrales que solo saben defender (casos conocidos son los de Nicolás Burdisso y Oleguer Presas).
En la misma clasificación que las constantes, incluye Barthes a las oposiciones neutralizables (llamadas también suprimibles). En éstas, los significados no siempre tienen significantes diferentes, por lo que los términos de la oposición pueden ser idénticos. El ejemplo es dos 4-5-1 desglosados en 4-2-3-1; el Mundial 2006 dio varios ejemplos de esta oposición, siendo el Suiza-Ucrania el partido modélico de ella.
Tampoco es dable, entonces, hablar de oposición neutralizable, como predominante, ya que el modelo implica un significado diferente. Éste, en el ejemplo anotado, sería el jugador colocado detrás del delantero, ejerciendo una función creativa que lo emancipe de la colectividad del sistema.
Las oposiciones más comunes en el fútbol hoy, son las proporcionales, donde la equidad es rota por el modelo. A estas oposiciones las clasifica Barthes “de acuerdo a sus relaciones con el conjunto del sistema.” En ellas la diferencia la constituye una especie de modelo. Es también el caso del 4-5-1 citado, o del 4-4-2 con cuadrado, en el que uno de los medio centros ejerce (como Ballack) de contención y de enlace.
Junto a las proporcionales anota Barthes a las oposiciones aisladas (y las señala como las más abundantes en lingüística); son solo la antitesis a la proporcionalidad. Por ejemplo, 3-4-1-2 versus 4-4-2.
El modelo -principalmente en Europa- parte de un jugador tipo (‘ausencia que significa’), que rompe la proporcionalidad hasta el mediocampo. Ese tipo (Koller, Ibrahimovic, Yankovich, Carew, Rooney, Mc Fadden…) privatiza la oposición para establecer diferencias. Es el sucedáneo del ‘10’ que se ha emancipado en este eslabón perdido entre el signo que fue y la señal que es, como un ‘funtivo’ (así llama la semiótica de Eco a ese eslabón) que expresa el pasado y contiene el presente.
El ocaso del ‘10’ se fundamenta cuando el esquema no considera un espacio para él, ya que lo alinea junto a jugadores que por su colectividad lo absorben en su similaridad, pues el sistema no pretende diferencias. Se tiene, y se procura, una pequeña diferencia que establezca el modelo: la estrategia, pues es aquella la que privatiza la oposición.
La oposición privativa está clasificada “de acuerdo a la relación de los términos de la oposición.” La distingue la presencia de un elemento ausente en el otro término de la oposición; es lo que se llama ‘La ausencia que significa’; el ejemplo, sencillo, es la presencia en uno solo de los equipos, de un número ‘10’. El desarrollo visto en la mayoría de las selecciones europeas en los cuatro años recientes, se advirtió en la Copa del Mundo 2006; parte de una neutralización (similaridad táctica), y prosigue con la privatización establecida por un ‘significante’ ausente en el Otro, lo que deriva en la proporcionalidad (nueva similaridad táctica), que es el modelo establecido por el tipo que privatiza.
Futbolísticamente se anotó en el texto cit. a las oposiciones bilaterales como las más deseadas; ello en un aspecto de estilo y no táctico.(1) Por el primer caso, son las únicas que pudieran ser –en fútbol- definitivas, y las más difíciles, porque corresponden a futboles en estado puro, ya que sus características no se encuentran en otras. Su elemento común es, entonces, ajeno a otras. Tácticamente el ejemplo es 3-3-3-1, donde la función del medio centro más adelantado llega a diferir de la del mediapunta convencional, y los laterales de fondo, por el apoyo de los interiores que juegan escorados, pueden no ser tan mixtos en defensa-ataque; en el 3-2-3-2, llegan a no alcanzar esa labor mixta, si los medio centros pierden su función de ataque para compensar a la defensiva el esquema. Un ejemplo distintivo de esta oposición es el sistema del Ajax de Louis Van Gaal. Considerando que solamente hay tres líneas, el sistema de ese equipo se percibía como 3-4-3 o 3-3-4; su estructura era compleja, que, en el desglose que se hace a los esquemas, podía entenderse como 1-2-1-2-1-2-1 debido a la maníaca distribución perceptual de sus elementos.
Las bilaterales aparecen clasificadas junto a las proporcionales; se las añaden las multilaterales. Se aprecian estas, por ejemplo, en equipos como Suecia y Dinamarca, que tienen emparentamiento conceptual con los ingleses, cuyas premisas perceptuales prevalecen en la mayoría de las selecciones, lo que genera oposiciones multilaterales, en las cuales ya no existe colisión de fuerzas, acciones y poderes culturales, lo que les resuelve el conflicto entre preservar las formas presentes o en crear nuevas. Son un estado de llamamiento, no de presión como las bilaterales. Por ello constituyen el petril hacia la proporcionalidad que emparienta a los equipos.
Ejemplos de multilateralidad es 3-5-2 versus 3-5-2 con desgloses distintos: 3-3-2-2 versus 3-4-1-2, 3-4-2-1 o 5-3-2.
La última oposición es la equipolente, clasificada junto con la privativa; suele reemplazársele por esta debido a que pueden ser semejantes. No se encuentran muchos ejemplos, pero hay uno certero: 4-4-2 versus 4-3-1-2, con uno de los medios centro del primer esquema, ejerciendo también la función de ‘1’ del segundo esquema. Se vuelve al caso de Ballack para ejemplificar al tipo –que puede ser privativo- de esta oposición.

Nota:

(1) En el primer caso, estas oposiciones son memorias de la cultura, por ser un proceso de recepción constituido de ‘partes orgánicas’ (reminiscencias y referencias) del que se parte hacia un desarrollo gradual, propio de las culturas que se saturan con sus propios textos. Estas naciones fungen como símbolos mediante los cuales se cumple la condición de ejercer la función de lo arcaico, que es el sostén de la cultura o del significado de ésta, por ser resultado definitivo de un proceso de creación.

 

Citaciones de este texto: http://lecturasordinarias.bligoo.com/content/view/544397/LA-FALSA-ESPERANZA-DEL-FUTBOL-PERUANO-ANALISIS-SEMIOTICO-DE-AJUSTES-Y-MANIPULACIONES.html#.VK6t8tLF9e8

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