Champions League. Premios a lo mejor 2005-06. Reincidencia en la contrariedad.

Parece de espíritus ligeros condenar la entrega de premios Uefa, por no apreciarse bien los criterios de las elecciones.

Otro año, el jugador más valioso no hizo el consecuente doblete, pues ser el mejor de una temporada implica serlo también en la posición en la que se juega. Pero el fútbol prescinde de la lógica hasta en sus eventos extra cancha. Así, Ronaldinho, como hace un año Kaka’, se quedó, por decisión de dieciséis directores técnicos, con el premio al mejor jugador de una temporada, mas no con el de mejor jugador en su posición; delantero. O es que al jugador más valioso se le considera tan sobresaliente que con el automatismo con que el mejor en una posición debería ser el mejor en el global, se le considera mucho mejor que el resto.

La acepción Jugador más valioso es más ambigua que contradictoria. Se volvió a tener la apreciación mirando a los ganadores de los premios 2005-06, que eran el Barcelona en fragmentos; otra ligereza es el automatismo con el cual el más reciente ganador de una Champions League, atrae casi todos los premios individuales. Al Barca sólo se le fue (o no le llegó) el de mejor portero, entregado a Jens Lehmann, desafiando los absurdos anatemas que por parte de algunos se llevó el alemán tras la Final de la Champions en la que su homologo Víctor Valdez fue tal vez el mejor jugador de su equipo y del partido. Pero al catalán ni de reojo lo miraron para darle el extraño reconocimiento de valorar su actuación en el partido estelar de la temporada europea, como criterio determinante en la elección al mejor portero de la temporada. El comentario es referencia, por ejemplo, al caso de otro apunte, de Ronaldo, ganador del Balón de oro en 2002 por sólo ocho partidos buenos que el garoto jugó ese año: los de la Copa del Mundo y el de la Intercontinental. A Valdez no se le hizo esa supuesta y falsa ‘justicia’, privativa del fútbol. Y Lehmann recogió, para sí, el premio al mejor portero, que niega reconocimiento a quien en parte lo ganó: la defensa del Arsenal, aunque de papel versus Villarreal, equipo ante el que Lehmann mostró categoría, porque detenerle un penal a Riquelme, pese a la inseguridad del argentino, a dos minutos de una Final cuyo cupo se decidía a partir de ese lanzamiento, fue de un portero grande.

El mejor defensa, para los que eligieron, fue Puyol, y semanas después de la coronación del Barcelona en Europa, Cannavaro dio, en Alemania, clínica de los que es un defensa central. Pero la Uefasólo considera su torneo mayor para efecto de sus premios; al menos en las nueve ediciones del evento, no ha surgido la contrariedad de considerar eventos extra clubes.

La premiación al mejor portero marcaba ya la contrariedad, por no aceptarse un fútbol colectivo predominante -como el de Buffon, líbero de la Juventus-, sino de apegarse al de individuos. Buffon y Cech, los otros nominados a mejor portero, también deben, como Lehmann, la nominación a sus defensas que les disminuyeron las posibilidades de lucimiento.

Y el premio al mejor mediocampista se le dio a Deco; sus rivales eran Juninho Pernambucano y Riquelme. Fue el premio que presidió la contrariedad. Porque Deco y Juninho fueron parte de sujetos colectivos, y sólo el brasileño movió al suyo; Deco fue un aporte para un Barcelona sobrado de desequilibrantes, y mejores que él, quien en la Final de la Champions estuvo inédito, pero en la situación de varios partidos buenos o aceptables, no aplica el negar un premio por no hacer nada en la Final, a la que se llega por aquellas actuaciones buenas. El mayor perdedor de la noche pudo haber sido Riquelme. Porque aunque evitó la posible presencia del equipo para el cual juega, en una Final continental, él solo llevó al Villarreal hasta la semifinal de la Champions. Distíngase entonces la diferencia entre Jugador más valioso y Mejor jugador.

El nombramiento menos discutible, y tal vez el único objetivo, fue del de mejor delantero. Porque Eto’o casi coronó al Barca con sus goles y se caracterizó por la constancia. Ronaldinho, uno de sus rivales por el premio, tuvo noches opacas justificadas con alardes como la asistencia para el gol de Giuly en San Siro, pero en la Final no se vio, y Eto´o asomó, como no hizo el brasileño en varios partidos, desde la constancia para aupar a favor del Barca la Final. Henry, tercero en la disputa por el premio, llevó al Arsenal hasta la Final a base goles.

Y Ronaldinho se quedó con el premio al mejor jugador de la temporada. Distíngase entonces entre ser el mejor de una posición y en el global. No hay automatismo.

Faltante.

Sigue faltando el premio al mejor director técnico (como si por default se considerara tal al del equipo ganador de la Champions). Este nombramiento tiene valor por la influencia, como no la tiene la de mejor jugador en una posición en la de mejor jugador de una temporada; porque la valorización de un jugador llega a derivar de la labor que el director técnico le asignó y lo ayudó a pulir. No es el caso de ninguno de los nominados en estas ternas, pero fueron los directores técnicos los que les dieron protagonismo mediante los sistemas.

En el caso de estos premios, los directores técnicos necesitaron a los jugadores y no a la inversa, a pesar de que Rijkaard, Wenger o Pellegrini, les dieron a sus jugadores la comodidad de jugar donde mejor se desenvuelven.

Del premio al mejor árbitro, ni escribir.

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