Champions League 2006-07. Previo. Contra los valores tradicionales.

Ninguna edición de la Liga de Campeones se ha ganado el reconocimiento de la memoria como varias de la Copa de Europa, verdadero torneo, éste, de confrontación de democrática de identidades, antes de ser reemplazada por lo que Brian Glanville llamó un fracasado expansionismo: la Champions League.

La memoria no ha sido ingrata con esta neo competición; su marginación de lugares preferenciales en los anales obedece a que el torneo, en sus quince ediciones, no visto sentar una escuela dictatorial, ni el arraigo de una identidad nacional que marque pautas en el continente viejo. La Champions 06-07 está exenta de la homogeneización táctica que casi ha anulado la diversidad de estilos en Europa (nueva remisión hacia la Copa del Mundo 2006, al ofrecer, pese a la adulteración que ha aumentado gradualmente desde que en 96-97 se dio cupo a equipos que no campeonaron en sus ligas, diversidad de estilos, los cuales corresponden a manifestaciones nacionalistas, a pesar de la conversión de los clubes en transnacionales, pues si alguna analogía hay con aquella homogeneización –apreciada principalmente en los equipos de selección nacional- es la adecuación que se busca en los jugadores importados a los sistemas de juego tradicionales o de época; aquí se les llama “comunitarios”; en el contexto de selecciones “naturalizados”.

Rozada por el Mogliopolio y el caso Matteus, la Champions 06-07 no ofrece un argumento muy valido para augurarle lugar preferencia el en la memoria por haber arraigado una escuela, pues la contestaran las que atentan contra valores tradicionales; estilos pasajeros que pueden ver su final. El torneo recibe el estigma del triunfo en el Mundial de la única escuela que ha tenido fidelidad hacia sus valores. El levantamiento de la Orejona por parte de un italiano, haría corresponder en los anales, a ésta Champions con una fase final de Copa del Mundo, que vio encumbrar, mediante la selección italiana, el estilo y el sistema que los clubes fracasaron en hacer valorar por el mundo durante las diez ediciones precedentes inmediatas de la Champions. La edición marcará el final de uno de los mayores ciclos en la historia del fútbol europeo. Será la última temporada de Paolo Maldini, y con él, si Costacurta lo sigue, se irá el último vestigio de la más reciente época dictatorial del fútbol europeo. Con Maldini, terminan los días de los grandes Milanes, porque el equipo de Carletto no resistirá más con un equipo que desde hace al menos un par de temporadas reclama el relevo generacional para garantizar la preservación de su fútbol de alta escuela, que pese a la edad alta de algunas de sus figuras, no mengua. Las posibilidades de un triunfo italiano en Atenas son amplias, debido a la continuidad de esa escuela y del Milan; la ausencia de la juventud abre una plaza de favoritismo para el Inter, más conservador de la tradición italiana, y próximo al juego totalitario y homogéneo que priva en la Europa actual. Los equipos de Milán representan la misma escuela, con las tendencias antípodas que marcan a Europa.

En el Barcelona se cree como principal favorito, por la manutención del juego que lo sacó victorioso de parís en el mayo más reciente, pero aunque los de Rijkaard no retiren la promesa de un fútbol espectacular y goleador, los italianos y el Real Madrid podrían aventajarlo en táctica. El Real es favorito inevitable con la dirección de Fabio Capello, candidato a convertirse en el técnico más ganador en la historia de la competición. Los talentos puestos al servicio de la disciplina táctica del italiano, otorgan al Madrid una sinergia colectivo-individuo no tenida por el Barcelona, por lo que principal rival del Milan, debe ser el blanco.

Los ingleses, que ya necesitan un golpe grande, necesitan hacer una competición perfecta, porque suelen dejar su mejor juego en los partidos estelares, y sólo Liverpool, en 2005, tuvo capacidad de recuperación. De ellos, el Manchester United es de quien hay más cabe esperar; defectuoso aún, sin haber enfrentado una oposición seria en la League, el rojo tiene en la Champions la ocasión de calar su mejor fútbol, en uno de los grupos más cerrados; Arsenal, bajo en la Premier, entra en las consideraciones debido a su sapiencia para jugar competiciones cortas, al igual que el Liverpool. Chelsea podría ser la decepción del torneo, pues las contrataciones menguaron el funcionamiento del sistema de Mourinho que no consigue encajarlas en su mecano; los goles de Shevchenko, que no faltan ante los grandes, son la baza del equipo, pero habrá que ver si aquí Sheva tiene las asistencias de que gozaba en el Milan.

Sin abundar los favoritos, la competitividad reposa en la labor de los out-siders, aunque se advierte complicado que un equipo que no sea español, italiano o inglés llegue a Atenas. El Bayern Munich, representante de la escuela actual alemana es la máxima, y posiblemente, única alternativa a los favoritos, pero sortear la liguilla no le garantiza grandes logros, porque de cumplirse las previsiones anotadas tras el sorteo, la fase de copa tenderá a evidenciar las diferencias de poder. Detrás de los bávaros están el Spartak de Moscú y el Dynamo de Kyiev, dos escuelas clásicas que entran a reclamar un sitial que desde hace años reclaman. Los rusos suelen jugar buenas liguillas; en 1995-96 hicieron puntaje ideal, pero una actuación de revelación está condicionada a que no les suceda lo que entonces: con el campeonato ruso finalizado con el año, las figuras de allí suelen partir hacia Occidente, desangrando al equipo; fue la causa de que en 95-96 no mantuvieran el nivel en la fase de copa. El Dymano está más exento de eso, debido a su escuela que le aporta jugadores más adecuados para sustituir a los que se van; los ucranianos son los aspirantes a revelación a los que más complicó el sorteo, pues el Real Madrid y el Olimpyque de Lyon, otro que aspira a romper pronósticos, tienen todas las consideraciones en su grupo.

El panorama restante es el de cada año, con equipo de ignominia o de esporádica participación en la competición, cuya mayor aspiración es llevarse unos euros al bolsillo. El formato de competencia reprime a varios de estos equipos, que en un formato de copa tenderían a ofrecer su mejor juego, pues ante los grandes, que son los que saben jugar en estos torneos “modernos”, ofrecen versiones resumidas de sus fútboles, dispuestos para puntuar de manera rústica, alterando el espíritu que originó la competición, de mostrar identidades particulares.

Con la variación del formato, y a adulteración del torneo, se consiguió el objetivo, no alcanzado por las confederaciones sudamericana, africana y asiática que lo han imitado, de establecer una competencia de alta escuela que en el contexto del deporte asocia a la Champions con el lema instituido hacia aquella troupé de artistas en estado puro que, bajo la denominación de Circo Riggling, dejaban en cada actuación testimonio de una calidad insuperable: el mayor espectáculo del mundo.

 

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