El oportunismo del “Vuelo 93”.

La puesta en cartelera de “Las torres gemelas” parece iniciar las celebraciones por el primer aniversario en número ´redondo´ por los acontecimientos del glorioso “martes negro”. Vuelo 93 sería la segunda proyección de una saga, de la cual, ésta película contendría los elementos ideológicos y arguméntales fundamentales del cine comercial americano basado en hechos oscuros.

De las mayores farsas del cine estadounidense, tras el Óscar, es esta película que continua la saga norteamericana de promover sus paradigmas de heroísmo, mediante los cuales promueven una identificación con la gente de su cultura, y de las que están inundadas de éste cine que acude al respaldo de hechos que marcaron la historia, pero oscuros, lo cual es una marca que atrae al cinéfilo neófito al que se le vende un producto meramente de Estados Undiso que poco o nada tiene que ver con la historia que supuestamente se ofrece.
Vuelo 93 no pretende mostrar la verdad acerca del último avión que cayó en el “martes negro”, sino a otros de los burdos héroes del cine estadounidense, creados en base a personajes de hechos preferentemente enigmáticos en los que puedan encajar los paradigmas norteamericanos que se quieren transmitir.
Los gabachos se han visto en la necesidad anterior una vez que han agotado sus recursos creativos, como lo demuestra la cantidad de cobres cinematográficos que en lo que va del siglo, llenan las carteleras. Casos recientes como Poseidón, son proyectados con la falacia de que las nuevas generaciones puedan conocer un fragmento de historia, cuando sólo se aprovecha el desconocimiento de las nuevas generaciones acerca de ésta, para crearles expectativas comerciales.
Por su frágil argumento, en parte por predecible, aunque al ser un relato supuestamente histórico se está consciente de la predictilidad del mismo, Vuelo 93 acude, para preservar la atención del espectador sobre una historia lineal, a los recursos más comerciales del cine que la promueve, como son la violencia y la sangre, con las que el Vuelo introduce en una historia trillada, perdiéndose en una sucesión de escenas de violencia gratuita, sin importar que en ello vaya desvirtuar el verismo del acontecimiento, pues la intención, más que enseñar una historia fiel, es vender una ficcionalizaciòn de la historia que establezca, mediante el cine, convertido así en violencia mental, la imposición del estereotipo de superioridad del americano a través de falsos héroes.
Los crea el desconocimiento de la historia. La caída del avión antes de su destino (el Pentágono) pretende mostrar la rebelión del americano ante un hado insalvable, y se cambia el reconocimiento por el deber del piloto que desde un avión militar habría derribado el Vuelo (porque de haberse estrellado no habría quedado casi desintegrado en un radio muy amplio), por el hecho a pasajeros que seguramente vivieron las últimas horas de sus vidas amordazados y acobardados, pero para los americanos vale más conferir a un grupo de posibles cobardes la marca de héroes, que la de estúpidos a uno de “terroristas.”
Los campos semánticos que representan la oposición americano/árabe, no entran en conflicto durante la película, ni tampoco en interacción marcada, porque los personajes no representan, con sus conductas y comportamientos, identidades diferenciadas (ni siquiera en la discriminación constante en éste cine: el victimismo se enfoca en un hombre de raza negra, uno de los pilotos del avión; lo más próximo a una conducta diferenciadota son las encomiendas de los chicos que tienen la labor de estrellar el avión, a sus Señores), pues el secuestro y la manera de ejercer la violencia se presentan de una manera universal, y no se consigue destacar la marca diferenciadota que transfiere la culpa hacia una de las culturas: el etnocidio, práctica de destrucción de una cultura o una civilización para conseguir una asimilación forzada de modelos de la cultura que ejerce el acto, para conseguir así la desaparición de los rastros de la cultura atacada. Mostrar esa marca, que ineludiblemente corresponde a “ellos” sería, para los norteamericanos, reconocer a una cultura diferente; la no confrontación de los campos semánticos evita encontrar elementos homológicos o equivalentes. Dentro del discurso “nosotros” con “ellos” o con los “otros. Se promueve más una diversidad cultural a partir de un conjunto de prácticas comunes que no necesariamente coinciden con el nacionalismo ni con la identidad nacional.
Esta se representa mediante el estereotipo del americano que particulariza valores culturales indiferenciados acerca de sus referentes y con los que está comprometido un grupo. Pero no consiguen desencadenar un conflicto de oposiciones decisivo, pues el argumento está predeterminado a presentar la historia trillada de la lucha por la sobre vivencia, cuando la historia puede haber sido diferente.
Pero algún gol de descuento tenían que meter, aunque fuera mediante el cine, los parientes del Tío Sam. “Las torres gemelas” no ha de diferir mucho de las pretensiones de Vuelo 93.

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