Torneo olímpico 2008. Apuntes tras la primera fase del otro Mundial.

Al proteger sus intereses con la prohibición a Brasil de lucir sus cinco estrellas en el escudo, el Coi definió que su torneo de fútbol no tiene relación con el de la Fifa.

La medida debió favorecer  agradar a esta que así recibiò ayuda para que no le promuevan otra Copa del  Mundo. El caso se asemeja al del Mundialito organizado por Uruguay para conmemorar cincuenta años de Mundiales. Artemio Fracci, entonces presidente de Uefa quiso que el Mundialito se jugara cada dos años, a lo que Fifa, mediante su hombre de hierro Herman Neuberger se negó para evitar que se desvirtuara al campeón del mundo. Al proteger sus intereses, el Coi hizo, de carambola, lo mismo con los de Fifa, que así trata en vano de negar la otra Copa del Mundo. Es torneo distinto el olímpico al de Fifa, en directriz, pero los que juegan son los equipos, ya profesionales además, y estos son los mismos porque cada cual representa a una Federación. Así, con estrellas o sin ellas en el escudo, Brasil sigue siendo Brasil.

El torneo, por su parte, en los cuartos de final 2008 se asemeja a una Copa Mundial grande. Respecto a Brasil, la primera fase no aportó fundamentos decisivos en ese equipo, porque el Scratch no tuvo oposición seria al contrario que Argentina, criticada por mediocres desenvolvimientos; estos, sin embargo, curtieron a la Albiceleste, metida, así, en serio en la competición, en tanto Brasil sobresalió exagerada y vanamente ante rivales –Nueva Zelanda y China- anticipados sin calidad para rivalizar competitivamente con la Verdeamarelha. Ante esos equipos, Brasil maquilló mucho sus  posibles limitaciones, aunque la goleada (innecesaria, porque sólo superioridad de marcador se tenía que demostrar ante esos rivales) era parámetro de la salud del equipo, favorecido por un grupo flojo que le impidió descubrir defectos y hacer ensayos para corregirlos.

Así fue que Brasil disimuló que su capacidad es más resultadista que de juego coherente, pero, como Argentina, ha entrado en la corriente de promover fines y no medios. El torneo ha dejado como legado de su primera fase esta tendencia. La hicieron sobresaliente los africanos. Costa de Marfil y Nigeria presentaron fútboles fundamentados en disciplinas tácticas muy rígidas, acudiendo al espíritu de equipo y a la capacidad de sacrificio  para neutralizar partidos y evitar los despliegues de los rivales. Se impuso en estos casos el fútbol de destrucción sobre el atacante. Camerún fue otro tanto.

Y ese fútbol de los africanos, que ya padeció Argentina, el equipo más talentos en el torneo, es el que no ha enfrentado Brasil, orientado en sus tres partidos hacia el ataque, por haberle tocado rivales que sólo intentan posturas de defensa ante oposiciones grandes, y una Bélgica cuyo director técnico cumplió la promesa de oponer a los amazónicos un planteamiento de cerrojo y contraataque, sistema menos eficiente que el de los equipos africanos.

Al termino de la primera fase, estos disputaba con Bélgica el título de revelación; se inclina más hacia los negritos, porque de los ‘Diablos’  se anotó en el previo que su grupo les favorecía, y ante Italia, en cuartos, se les presenta la prueba de corresponder a su categoría de semifinalista europeo sub 21, si bien, en torneos menores intercontinentales, los europeos suelen no corresponder a las expectativas de sus números.

Fue en la fase de grupos el caso de Holanda, amortiguada por Nigeria, inhibida por Estados Unidos y sufrida ante Japón. El espectáculo y el juego eficiente de sistema de Foppe de Haan no aparecieron convincentemente; le quedó  a la Orange el pequeño consuelo de que, salvo Italia –pese a su relajación en el partido final de su grupo, al que llegó clasificada-, ningún otro equipo exhibió en la liguilla el potencial que pregona. De esta manera, en la etapa de cuartos, comienza otro torneo por calarse los equipos en situación de eliminación directa sin planteamientos tan puntistas, aunque por lo mucho que se juegan, no debe descartarse algún fútbol de precaución y control.

En esta etapa debe aparecer el Brasil pregonado por sus figuras, sin la anarquía táctica de Ronaldinho, que ya no se confrontará con el nivel de Nueva Zelanda (tremendista la lisonja al brasileño por el partido ate esa selección); de Argentina-Holanda se espera que salga un visado para la Final, con la escala ante Brasil, porque la serie, por su calidad, dará la puesta a punto al ganador, o tanto como la de Brasil-Camerún al suyo. Italia no ha de ver el camino sin sufrimiento, no por la paridad que puede darle Bélgica, sino porque en semifinal espera el ganador de la serie africana. Y si Camerún valida la mediocridad de Brasil se irá configurando un cuadro de terror negro, pero los oficios italiano y argentino permiten el augurio de que tradiciones de todos los tiempos defiendan su sitial.

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