Festival de música de Morelia. Talich quartet. Nacionalismo clásico.

Un buen cierre a lo que podría llamarse la semana grande del Festival, la que mostró a los grandes intérpretes europeos convocados por el mismo, se tuvo con la presentación un cuarteto checo y una presencia de la música de su país quizá no recordada en la ciudad desde que el Cuarteto de Praga se presentó en la edición de 1999.

             Sin remarcar la bohemia checa del Cuarteto de Praga, porque aunque Talich incluye su música en el folclor de su país mediante autores como Smetana, su ejercicio de este, el viernes con el Cuarteto no. 2 en re menor, tiene más tinte clásico.

Una razón es que Talich mantuvo la constante vista en el Festival de parte los invitados europeos, de hacer una práctica demasiado técnica, costumbre en ejecutantes de compositores como los incluidos en los dos programas de Talich: Mozart, Schubert y hasta Dvorák.

Incluso, la ejecución que realizaron de Mario Lavista, a quien  interpretaron por primera vez el viernes con Reflejos de la noche, compuesta para los sonidos naturales de las cuerdas, queda dentro de esto.

Con los instrumentos que usan, adquiridos en la República Checa, buscan relacionar el repertorio con la técnica, a la cual, empero, anteponen el sentimiento.

La constante en su hacer tiene fundamento en que en doce años el cuarteto no ha sufrido cambios de integrantes, lo cual les ha simplificado seguir la ideología bohemia de su país, cuyo folclor es la inspiración del grupo.

Con eso responden a la distinción de estilo, y color, con los americanos, de los que conocen poco. Al caso de Lavista se agrega el de los otros compositores que incluyeron en sus dos programas. El de Bernal Jiménez, cuya música conocieron en la edición de 2008, y el de Javier Álvarez, con quien apenas cenaron entonces, pero de quien tocaron la versión de Metro chabacano, que para cuerdas escribió Álvarez.

La estructura de los programas del viernes 19 y del domingo 21, respondió a la iniciativa de Talich de conciliar los ideales sonoros con los de la música checa, sin dejar de valorar lo que exige un festival de música clásica.

Con Cuarteto en fa mayor, k 590 de Mozart, Cuarteto en si bemol mayor op. 16 no. 6, La malinconia, de Beethoven, Cuarteto en la menor op. 29 no. 1, D 804, Rosamunda, de Schubert y Cuarteto de cuerdas no. 1, sonata a Kreutzer, de Janacék, Talich ofreció muestras sobrias de las cuerdas, reservando Cuarteto no. 13 en sol mayor, op. 106, de Dvorák, para el cierre de su visita, y dieron el encoré final con el mismo Antonin.

Excesivamente técnicos, sin quedar carentes de sensibilidad, Jan Talich, violín; Petr Macerek, violín; Vladimri Bukac, viola, y Petr Prause, cello, funcionaron como una orquesta acéfala de notas ordenadas por la responsabilidad de cada instrumento.

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