Festival de música de Morelia. Periplum. Circo placero.

Una visión particular que no busca la conciliación de los elementos de la antinomia guerra-paz para trata de imponer la imposición de la segunda, quedó tratada en un espectáculo de plaza, poco apreciado en México, con más caracteres circenses que literarios.

             Porque no obstante que La campana, obra con la que Periplum presentó lo anterior, tiene sus inmanencias en obras de Akira Kurosawa y Andrei Tarkovski, su propuesta escénica se emparienta con las de un circo romano, y queda lejana de la línea de dramaturgia que por su nacionalidad inglesa hereda Periplum, en su intento de exploración del alma humana.

Esto porque en La campana el conflicto no es individual, pese a lo cual se rescatan elementos de tragedia. Se encuentra así la tragedia del sujeto colectivo que no difiere mucho del individual que en la tragedia antigua luchaba por emancipar sus acciones de la voluntad de los dioses.

El sujeto colectivo protagonista de La campana es ya un modelo avanzado de ese individuo, porque ya en la línea de Eurípides desafía la voluntad de quienes lo rigen en procura de anteponer su libre albedrío al de sus superiores.

En la obra de Periplum estos no son dioses. Es  la lucha del hombre contra su misma especie, la que le marca la guerra como medio de sobrevivencia. La visión de Claire Raftery, escritora de la obra, es meramente occidental al presentar a la guerra como una práctica primitiva, sin el aprecio de las características que le vieron antiguos orientales, incluso como un medio para conseguir la paz. Si quieres la paz, haz la guerra, reza el conocido proverbio.

Con el público entre los actores, desplazándose con estos que quedan desligados de un coro, en un montaje que alcanza la teatralidad de La guerra de las galaxias, la Plaza Valladolid tuvo un espectáculo con un argumento vigente en sociedades actuales marcadas por la violencia.

Alfredo Herrera, uno de los actores invitados, porque Periplum integra personal que hable el idioma de los sitios donde se presenta, ve la universalidad del tema, traído desde Shakespeare, en las diferentes lecturas que va adquiriendo al paso de los años por la variación de contextos.

Claire propone con la obra armar la revolución de una forma pensada y organizada para proclamar la paz, y Alfredo ve la puesta en escena como un llamado a que un pueblo herido no claudique ante la imposición de la violencia.

Plaza Valladolid cumplió la constante coincidente de que la obra se monte en ciudades patrimonio de la humanidad. Con esto se tienen escenarios arquitectónicos de valor como fondo para resaltar el carácter visual de La campana, sin notar el atentado contra las criaturas que habitan los escenarios porque las palomas que tienen por morada la fachada del templo de San Francisco padecieron el efecto de la pirotecnia y el humo, como la feligresía de ese templo habría sufrido por la sonoridad de la puesta en escena, demorada una hora en su comienzo por respeto a los asistentes a la misa de 19:00, deferencia no concedida a los que fueron a la de 20:00.

Quedó testimonio de esta forma teatral en la ciudad que por su interacción lúdica del público antepone el mero entretenimiento a la reflexión y a la atención permanente al argumento.

Tres días antes, Raftery, y los actores Alfredo Herrera, Gabriela Delgado, Karen Daneida (los tres mexicanos) y Benjamin Philipps (Liverpool), atendieron la rueda de prensa.

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