Festival de música de Morelia. Viaje a la España antigua con Capella de ministrers.

La vigencia de la música española de la siglos XV y XVI, la mejor posible en el mundo entonces a decir de Carles Magraner, director de Capella de ministrers, cuando España contó además con los mejores compositores y capillas, tuvo a favor que España era también el país más expansionista de entonces, lo que le permitió llevarla por varias regiones.

El hermanamiento con otros países, empero, continua dándose de otras maneras. Cuando en la rueda de prensa Magraner se enteró de la existencia en Morelia de una partitura del Requiem de Tomás Luis de Victoria, no se guardó el interés por conocerla, aunque se le anticiparon las dificultades para acceder a los archivos de Catedral donde Francisco Javier Rodríguez-Erdman y Pierluigi Ferrari encontraron la obra. Ya se ha escrito en este blog sobre eso.

Puede ser un eslabón adicional en la situación de la música española de aquellos siglos, de estrecha relación con la literatura de gestas y cantares hasta la del Siglo de oro, lo que permitió a España un desarrollo paralelo, quizá similar al que tuvo Rusia cuando las letras de los Dostoievski, Chejov, Gogol…tuvieron auge a la par de los músicos del Puñado maravilloso (the mighty five.)

Magraner dice que la República impidió el impulso de esa música la cual no ve valorada hoy su gran valía, porque es cuando más se anteponen nombres universales como Bach, Vivaldi o Monteverdi, contemporáneos de ella, pese a que por ser en mucho coral, no está al alcance de todas las fonologías.

Porque es fundamental la comprensión cultural para su interpretación, misma que parece ir ligada al estrato social y lingüístico del espacio donde se produjo, como sucede con toda cultura musical.

Magraner no ve en esto la sola defensa de la singularidad y lo territorial pese al intercambio cultural que en los siglos mencionados involucraba a España. Italia lo evadía mediante la modificación del sonido de sus instrumentos, pero eso podía imitarse. Lo coral en cambio, requiere además del conocimiento histórico y el funcional, el fonético.

Pilar Esteban, la soprano del grupo, lo enseñó con el ritmo de la fonética exigida por un programa basado en mucho en el Cancionero de Palacio, que como el Cancionero de Montecassino o el Cancionero de Venecia, otras fuentes del concierto del viernes 26 en la Biblioteca pública de la UMSNH, están resguardados en bibliotecas de Europa.

Sin más pausa que un respiro a mitad del programa y a cinco temas del final cuando el director dio un somero contexto del mismo, una ‘sinalefa’ musical no dio pausa entre melodías, casi todas con soprano, que Esteban interpretó como si sus registros y fonética fueran innatos, maravillando por la complicación de canciones como Dindirindin dindirindin, máxima canción de su época, cuya autoría anónima se encontró en los cancioneros de Montecassino y de Palacio, lo que la hace un símbolo de la expansión de estas canciones que tuvieron  inclusión en más de un cancionero.

La palabra en la rueda de prensa la tuvo Magraner, con la compañía testimonial de uno directivo de la Capella, que además de Pilar, tiene a David Antich, flautas; Jordi Comellas, viola junto con Magraner; Ignaci Jordá, clave, y Pau Ballester, percusión

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