Cine y libros. “La chica de la capa roja” y Caperucita roja.

Una novela de cafetería introduce variantes del cuento maravilloso a un relato clásico, de acuerdo a la versión cinematográfica.

La literatura de centro comercial, la que por precio y modos desdeñan los buenos letrados, reestructuró el cuento de Caperucita hasta darle un contexto más proppiano.
Este análisis se basa en la película, inspirada en la novela de Sarah Blakley-Cartwright, estrenada en abril de 2011.
Guillermo Grimm, redactor y estilista de los Cuentos infantiles y del hogar, donde los hermanos Grimm incluyen Caperucita roja, presenta en su labor a este cuento el esquema básico determinado por Vladimir Propp en cuanto a las funciones de los personajes del cuento fantástico: salida de casa, recepción de una prohibición, trasgresión de esta, villano que engaña al personaje para obtener información de una víctima, y derrota del villano es lo que sirve ahora.
El inventario de actantes establecido por Propp, se reduce en La chica de la capa roja: villano, proveedor (de información), ayudante, buscador de la víctima (junto con su padre), despachador, héroe y falso héroe, se sintetizan en Villano, proveedor y héroe. Más adelante se ve por qué se suprime la función de buscador.
Y es el inventario de las funciones el que crece en el texto de Blakley en partes de clave de la estructura del relato.
En Caperucita, hay un héroe, el cazador que intuye que el lobo de comió a Caperucita y a la abuelita, pero no hay lucha, porque encuentra a lobo dormido y así lo abre para sacar a las víctimas de su panza; Caperucita realiza una función del héroe: provocar la muerte del lobo al llenarle la panza con piedras, las cuales le impiden caminar.
No hay pruebas (para el héroe), sí combate, pero no marca; el combate implica algo en disputa. La antinomia héroe/villano introduce en La chica… (diferenciada de Caperucita por la capa, ya que aquella usa gorro), permite el conflicto. Cuando el cazador de lobos llega a la aldea, advierte a los pobladores que una mordida del lobo conlleva a convertirse en lobo, y se busca a quien tenga la marca de la mordida para descubrirlo como el villano, ya que el lobo alterna la apariencia humana con la del cánido (la marca debe ser impresa en el cuerpo del héroe, por eso esta variante se suprime). Pero no consisten en esto la información y la investigación que Propp lista en los primeros lugares de su inventario de funciones; en Caperucita estas consisten en los artificios que usa el lobo para saber adónde se dirige Caperucita y conocer la ubicación de la casa de la abuelita. El lobo tiene ubicado su objetivo, La chica… por lo que aquellas dos funciones también son parte de las del héroe.
La víctima en Blakley es el villano; en Caperucita la abuelita, un inocente.
El lobo pretende al amor de La chica… y un aldeano que busca lo mismo asume el papel de héroe ras la muerte del cazador (que en Blakley es convocado desde un pueblo lejano). No hay objeto mágico, pero la chica esconde la mano que el cazador perdió al ser mordido por el lobo porque en un dedo tiene un anillo que puede ayudar.
El combate se da en la casa de la abuela, asesinada. No se tiene la variante Tarea asignada al héroe, cuya ´nica prueba es derrotar al lobo (no es la prueba como la marca el inventario), y así obtener el objeto en disputa: La chica… El villano es el padre (por eso se suprime del inventario de personajes la función de buscador, porque esta consiste en buscar a la víctima, y aquí se buscó al villano), y así se inserta otra variante del inventario: la revelación del traidor (por los ojos podía ser reconocible desde antes.)
La variante siguiente en el inventario es el cambio de apariencia del héroe; esto es, su transformación en un se bello, pero como fue mordido e el combate queda destinado a vivir entre el estado humano y el del lobo. La penúltima variante, el castigo, se cumplió antes con la muerte del villano, y la última, la boda, no se cumple debido a que el héroe debe estar lejos de La chica… para evitar hacerle daño. Aún así, la visita en noches de luna llena, y ella, que se quedó a vivir solterona y amargada en casa de la abuelita, lo espera en esos periodos para consumar un acto zoofílico, como de la mujer que en Las once mil vergas ejerce la copula con su perro mastín.
No era necesario enumerar las treinta y una variantes del inventario ni explicar las de los personajes; estas últimas son fácilmente identificables, y las otras se sintetizan o son inexistentes, y queda para un ensayo formal, no para un artículo vulgar como este.
La conclusión queda en la restructuración hecha a un relato tradicional a través de un literatura de sillón de casa poco más que proletaria, que, sin embargo, no se impone a la tradición oral. Con autores como Sarah, esta ha visto que puede aspirar a públicos insospechados sin alteración, sólo con variantes científicas agregadas.

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