XXIII FMM. Eva Pleskova y Lenka Smolcakova. Bailando por el mundo.

El primer programa folclórico del Festival tiñó de nacionalismos el templo de Las Rosas con las representantes de un viejo proyecto conjunto.

La primera vez de ambas en el Festival coincidió con los diez años de la sociedad musical que ellas conforman desde sus días en el Conservatorio de Kromeriz, República Checa.

El título de su proyecto, Bailando por el mundo, deriva de la preeminencia de la danza en la ejecuciones del dúo, porque aquella es el punto común de los compositores que interpreta.

Por ocupar la danza la mayor parte del programa de esta noche, este no podía centrarse en el siglo XX, al que estaba dedicado, ya que el folclor surge mucho antes, y eso llevó a abarcar repertorio de otras épocas.

Ayudó la universalidad de la guitarra en un concierto que incluyó piezas no concebidas para ese instrumento. Con Minué para guitarra sola, de Miguel Bernal Jiménez, no hubo complicación para Pleskova por haber sido compuesta para el instrumento que ella toca, ni con Variaciones sobre el tema “Las folías de España”, de Manuel M. Ponce, por el dominio que tiene sobre la obra de este compositor, el cual causó su llegada a México por haber trabajado sus composiciones como tesis.

La flauta transversal utilizada por Smolcakova permitió alcanzar transmitir la intención moderna que Jan Novak pretendió en Preludio y fuga para flauta sola. En la fuga, Lenka mantuvo el equilibrio del contrapunto, y con el control que dio a la altura del sonido consiguió el de la acústica del templo de Las Rosas que malas pasadas ha hecho a quienes la desdeñan.

Las interpretaciones a dueto exhibieron la versatilidad de las obras. John W. Duarte  compuso su Suite inglesa no. 4 op. 82 para guitarra; además tocaba trompeta y contrabajo, por lo que la transcripción de la flauta en la interpretación de hoy era lo novedoso, pero fe en Tres piezas de Eugène Bozza donde sobresalió la adecuación de instrumentos, siempre con Lenka a cargo del control del sonido con la medición de las octavas de su flauta sin exceso de artificio en las digitaciones.

Danzas rumanas, de Bartok y la Historia del tango, de Piazzola, no alcanzaron los niveles de las otras ejecuciones conjuntas, pero las chicas obtuvieron la petición del encoré, el cual obsequiaron con Pavana, de Faure, remate a una noche que encontró un buen escenario para las variaciones sonoras de este baile por el mundo.

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