XXIII FMM. Orquesta de cámara del Conservatorio de las Rosas y ganadores de los concursos de interpretación. Madurez interrumpida.

El progreso del coro de las Rosas no tuvo correspondencia de parte de una orquesta en permanente periodo de adaptación, en una noche que  robaron los solistas.

El protagonismo importado que tuvo este concierto casero del Festival, dio una noche aparte, la que precedió al intermedio tras el cual no hubo concordancia de los grupos de casa.

La víspera, José Luis Gálvez, director de la Orquesta del Conservatorio se dijo sorprendido por la manutención de nivel del conjunto pese a los cambios que exige cada año la salida de los integrantes que se gradúan en el Conservatorio, y que dejan el sitial a alumnos cursantes del tercer semestre de bachillerato, que es cuando se comienza a impartir la cátedra de orquesta.

Consta a los seguidores de la agrupación que cada año aumenta la complicación de las obras, pero en esta ocasión se notó evanescente respecto a los niveles a que tiene acostumbrado al público.

Le quedó holgado el Requiem op. 48 de Grabiel Fauré. Él no lo compuso para sí, como Mozart, Berlioz o Verdi, y acaso en eso reposa el carácter humanista y filosófico de la obra.

Este Requiem contiene casi todas las partes comunes de estas composiciones. Entre las tres primeras partes: Introitos et kyrie, offertorium y sanctus, y la quinta, Agnus Dei, se introduce otro movimiento; no contiene secuencia ni termina con la comunión. Dos movimientos lo cierran.

Teresita de Alcázar hizo el prístino de la soprano en el cuarto movimiento, y Salvador Godofredo Guizar la voz de barítono en el Ofertorum, siendo lo destacado junto a la Coral de las Rosas, que mudó su nombre. Cuando en 2010 participó en el Festival como Capilla virreinal de Santa Rosa, se notó titubeante e inconsistente. Era apenas su cuarta actuación, y esta vez le sostuvo el concierto a la orquesta.

La primera parte del concierto pagó el acuerdo de una actuación en el Festival a los ganadores del Concurso de interpretación del Conservatorio. Antonio Villanueva Treviño, que ha sido extra de la Orquesta Sinfónica de Nuevo León, y profesor en la Orquesta Infantil de México, pisó el escenario con Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor hob. vil: 1, de Hydn. Lo interpretó con una trompeta de pistones, ya que la de  llaves, que sirvió para la composición no la conocerá hasta que llegué a Dusseldorf para hacer su doctorado. La de llaves daba una acústica semejante a la del saxofón, pero Antonio hizo bien las digitaciones haciendo mesurada la elevación del sonido.

Edwin Ricardo Aguillón Pachón contestó el concurso desde Colombia, con saxofón, la otra categoría del concurso 2011. El Concierto para saxofón y orquesta en mi bemol mayor Op. 109, de Glazunov, no le exigió sobreagudos, y la modestia con la que en la rueda de prensa habló de lo que sería su actuación, quedó pequeña ante su desenvolvimiento acústico.

Estas dos interpretaciones inhibieron la tibieza de la orquesta, exhibida en el Requiem, pero queda como una noche poco destacada nada más.

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