XXIII FMM. New York Polyphony. Mundos sonoros vocalizados.

El que hasta el día ha sido posiblemente el mejor concierto del Festival certificó a la voz humana como un instrumento que puede tener primacía sobre los materiales.

Con el programa de polifonía francesa “Mi fin es mi principio” el cuarteto fundado en 2006, y llamado a la gran escena tras cautivar a un promotor por su actuación en un concierto de navidad, concilió los conflictos lingüísticos que enfrentan las agrupaciones que interpretan música coral escrita para idiomas ajenos a los suyos.

De esto, visto en otros conciertos como el de hoy, hablaron en la rueda de prensa previa al concierto. Geoffrey Williams, contratenor, contó que trabajan con el idioma de los temas que van a interpretar. Que el latín sea la lengua primordial para estos cantos, por haber sido escritos en lenguas romances. Al principio, dejaban que la música dictará la interpretación, pero terminaron asumiendo la responsabilidad de las voces para conseguir resaltar la individualidad de estas sobre los instrumentos.

Esta situación les ayuda a sortear el grado de complejidad entre los autores que interpretan. El programa de hoy tuvo un recorrido cronológico a través de quinientos años, con comienzo en Josquein Desprez y con fin en Jackson Hill.

Para lograr las tonalidades y las armonías requeridas, el cuarteto saca la precisión de las partituras para dar a los temas mayor entusiasmo. Así es cómo buscan la preeminencia de la voz, logrando un enfoque más lingüístico.

Con el intercambio posicional del barítono -Christopher Dylan Herbet-, y del tenor -Geoffrey Silver- para la segunda parte, se buscó otra adaptación de las voces a los sonidos de los instrumentos que representan una orquesta de cámara, y así superar la acústica, a la cual integran artificiosamente como un elemento más del grupo, y que no les fue desconocida porque ellos tocan en templos.

La situación de la acústica la aprecia el grupo en la obra que interpretó de Hill, escrita para ellos. La interpretación que los cuatro destacaron (Carig Philips, -bajo- es el otro miembro), empero, fue una selección de Lamentaciones de Jeremías para el jueves santo, de Thomas Crecquillon (1505-1557) y descubierta mucho tiempo atrás.

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