XXIII FMM. Mullova y The Matthew Barley ensemble. Un momento en el tiempo.

La convivencia de varios folclores dejó el primer gran concierto del Festival, con un ensamble que se precia de tocar música de la cual derivaron algunos de los géneros contemporáneos famosos.

La niña campesina (The peasant girl) que da nombre a este evento, es la que vagó a través de los siglos ejerciendo las danzas gitanas húngaras, la que se exaltó con la sonoridad de cuerdas clásicas, o la que se estremeció al compás de sintetizadores o teclados eléctricos.

Ha sido una figura errante en la historia de la música folclórica. Una música sin patria, aunque se alimente de una con nacionalismo como la danza gitana, de la cual, a decir de Barley, derivan tendencias como el jazz o de fusión.

Él mismo intentó dirigir la nota periodística al espolear las plumas con el argumento de que evitar toda comparación o contextualización de lo que minutos después de la rueda de prensa se escucharía, las pondría a la vanguardia del periodismo de espectáculos.

Su ensamble presentó una fusión del folclor con lo contemporáneo. Viktoria Mullova utilizó ahora cuerdas eléctricas para dar personalidad propia a la sonoridad de algo que no es ningún género conocido o masivo.

The peasant girl es sólo una moral de la forma, y al provenir de folclores arraigados, se aprecia en ella el residuo de una duración, pero no aspira a tener derivaciones ni émulos. Es sólo un momento en el tiempo, una forma de extender la música, no de pensarla.

Sus residuos son lo que ayuda en la atracción de público. Porque, a decir de Matthew, la gente acude a ver a La niña pensando en jazz; los seguidores de la música clásica no suelen acercarse. Se encuentra así una creación para curiosos, para público sin prejuicios musicales, pero prevalece el culto por la figura.

El pianista Julian Joseph, a quien Barley destacó en la rueda como un componente estelar del ensamble que completan los percusionistas Paul Clarvis y y Sam Walton, no negó que Mullova es el punto de atención, además de ser la conexión entre la música de este espectáculo y Matthew Barley.

Quedó el deseo de haber visto este concierto en una sede abierta, o quizá en uno de mayor acústica como el teatro Ocampo (donde el medio lleno habría sido lleno con sobrecupo).

Fue el primer concierto que estableció comunión seria con el público, al que el Ensamble entretuvo mientras Viktoria (que se vio más accesible, respecto al jueves, en la rueda) cambiada una cuerda que se le reventó a su instrumento.

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