XXIII FMM. Constantinople. Parentescos musicales.

El encuentro de constantes persas en el son jarocho promovieron la integración del proyecto Terra nostra, mismo que cautivó con su convivencia de folclores nacionalistas.

             En su búsqueda por las llamadas culturas raras, Kiya Tabassian y Ziya Tabassian, dieron con un pariente antropológico de la música folclórica persa en Veracruz, donde José Ángel  Gutiérrez y su esposa Teresita de Jesús Islas, habían trabajado en sus arreglos de sones jarochos recursos de Persia o de regiones cercanas.

Encontrarse con los Tebassian, y agregados Pierre-Yves Martel, con su viola de gamba, y Enrique Solinis, con la guitarra barroca, no ofreció dificultad para una fusión conseguida con una música que surge desde el núcleo de dos culturas para incorporarse a un texto que no segrega metalenguajes porque no es genérico, sino algo meramente particular.

Los miembros del ensamble presentes en la rueda de prensa (sólo faltaron Martel y Solinis, este ni siquiera al concierto llegó) definieron Terra nostra como un ejercicio de improvisación regido por los conocimientos musicales propios de la memoria de sus culturas.

Es una música genealógica, por las constantes que comparte entre las tonalidades y escalas del folclor del Sureste mexicano y la antigua tradición persa, tradiciones que a través de los instrumentos establecen una dialéctica entre dos culturas cuyo único punto de coincidencia es que en sus composiciones no repiten giro en torno a una base.

Es un efecto palíndromo en el sentido que lo explicó Teresita, visto en el Retorno jarocho que es la correspondencia hacia el legado persa: se devuelve el préstamo con otra generación de sentido.

La viola de gamba y la hoy ausente guitarra barroca (motivo del recorte del programa), ya habían mostrado las posibilidades para estos folclores, y hoy Morelia habría conocido un refuerzo en el instrumento de Kiya, director del grupo.

Él toca el setar, gramaticalmente C es tres y el resto cuerdas; él agrega una o dos, de acuerdo a la ocasión, y es ayuda para la transmisión sonora del parentesco. En el son jarocho se encuentra entre do y re un do sostenido, y en la música del milenario setar, entre ambas notas hay varios dieciseisavos de tono. El setar se pulsa por eso con pectro y se toca con la uña del índice. Incluye tretas móviles porque la música persa necesita estructuras microtonales para hacer sus adecuaciones. Así lo explicó Kiya.

El desarrollo de los instrumentos usados en Terra nostra han evolucionado junto con la música y han ido correspondiendo a las tradiciones que interpreta.

El repertorio de este concierto lo consideran sus intérpretes contemporáneo, porque pese a la antigüedad -misma que lleva al anonimato de los autores de las piezas de Persia presentadas-, los arreglos de la época de Constantinople, la hacen, a decir de Kiya, de hoy.

El nombre del ensamble significa la unión de dos mundos, aunque no tan cercanos geográficamente como los de la verdadera Constantinopla.

 

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