Orquesta filarmónica juvenil de Alemania. Tan frescos como el agua y la mañana. Festival de música de Morelia.

La banda respondió por la falta de grandes orquestas y dejó testimonio de que la calidad no tiene edad, tanto como que existe la madurez, hacia la que estos talentos se encaminan.

Una de las mejores noches del Festival, sin llegar a niveles tan memorables. No si se considera que se trató de una orquesta amateur, de esas que fungen como fuerzas básicas de una cultura.

Porque el objetivo de la Orquesta es la continua renovación. Madeleine Landlinger -una belleza cuyos largos cabellos áureos asemejan a los que desde el caballo de una Walkria ondean en los aires del Wahla-, su directora explicó los fundamentos de la agrupación.

La integran jóvenes entre 18 y 28 años para balancear lo incipiente con lo que tiende ya a profesional, pero esto último no es indispensable ya que la intención es contar con miembros en proceso de formación. Los integrantes provienen de varias escuelas de música de Alemania, un país donde la gente tiene bien incorporada la educación musical desde temprana edad. Esta cultura permite que la rotación de miembros no altere el estándar de calidad que ha alcanzado la orquesta, porque los que llegan tienen las mismas capacidades de los que se marcharon y de los que están, al contrario que en el Reino Unido, donde los cambios sí son resentidos por la diferencia de la educación musical allí.

Madeleine no subió al escenario en este concierto. En su lugar estuvo Christopher Moulds, en correspondencia a otro lineamiento de la Orquesta, la de rotar directores para enriquecer el aprendizaje. La selección la propone un consejo de cinco miembros, entre los que se incluye Landlinger, y se somete a votación. Para esta noche, se hizo una selección de treinta y siete de los ciento ochenta integrantes, dado el programa de cuerdas y alientos.

La primera prueba, Sinfonía en re mayor, “La mañana” Hob. I:6, la sexta de Haydn, quedó sorteada con la capacidad para hacer sobresalir los solos de los alientos y de las cuerdas, que toman el protagonismo en el Andante, movimiento clave por ser el que resalta la imagen del amanecer.

Suite en fa mayor TWV 55:F16, de Georg Philipp Telemann tuvo precisión en los contrapuntos, y el cierre, llevado a cabo en la planta alta debido a una lluvia fugaz que comenzó justo al sonar la última nota de la primera parte, Don Juan, o el festín de piedra, de Cristopher Willibald Gluck continuó la apreciación de la coordinación y adecuación de la Orquesta, con el paso que cada instrumento abre a los demás, cualidad vista más en la interpretación de Haydn, y aunque el concierto era digno para irse tranquilo, el público no dispensó el encoré.

Amateurismo con calidad profesional, por la explotación del repertorio simbólico de la cultura alemana.

 

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