Una morfología de la obra de Hayao Miyazaki en cuatro películas de él.

Una mirada cargada al cine de uno de los mayores realizadores de animaciones del siglo XXI, por las fechas de su nacimiento 71.

El autor de una mitología. Es una impresión de la revisión que un ciclo de “Hayao Miyazaki” en cineclub permitió del nacido en Tokio. En las cuatro proyecciones (Mi vecino Totoro –enero 11-, La princesa Mononoke -18-, El castillo vagabundo -25-, y El secreto de la sirenita –febrero 1-), Miyazaki se manifestó como un creador sin oposición. No rompe ni altera los cánones de la cinta animada, sino que propicia una eclosión del género.
En el libro “1001 películas que ver antes de morir”, Joshua Klein dice de él: “Su visión es tan singular que resulta difícil decidir en donde colocarlo. No es un amante del pasado porque en el pasado nadie ha hecho películas como las suyas. Tampoco es un precursor porque resulta difícil imaginar a otro que no se Miyazaki que hago lo mismo.” [p. 920].
Un fundamento del éxito de las películas de Hayao está en la prolífica producción de ilusión que extrae del saber usar el dibujo animado. Lotman, en “Sobre el lenguaje de los dibujos animados” [Semiósfera III], expone el caso con la sustitución del actor humano por el muñeco trasladado a la pantalla: “Tal naturaleza del lenguaje de la animación hace que esta especie de cine sea extraordinariamente adecuada para la transmisión de diversos matices de ironía y la creación de un texto de ficción. No por casualidad uno de los géneros en los que a la cinta dibujada y a la de muñecos les esperaban los mayores éxitos fue el cuento maravilloso para adultos.” (Antes escribe que la capacidad de producir ilusión se debe al movimiento del dibujo. Miyazaki entendía bien esto. Adepto de la buena pintura -las cuatro películas parecen collages-, en El secreto… no limitó el número de dibujos por segundo y creó la cinta animada con más dibujos de la historia: cuento ochenta y cinco mil).
El término Cuento maravilloso queda justo para sustentar una apreciación general a partir de las cuatro películas. En todas ellas, Miyazaki se vale del viaje. Se vio en el texto “El fútbol en el cine”, que el viaje permite establecer secuencias, y que es, a la manera de Greimas, un querer-ser del sujeto que deriva en la oposición paseo/búsqueda. En dicha oposición surge la confrontación del individuo (el viajero) con lo colectivo (los lugares de destino).
En esa confrontación se marcan, en estas películas, campos semánticos bien delimitados. Fundamentales son los que conforman los elementos de la antinomia naturaleza-desarrollo. El viaje pone en contacto dos mundos. Se da invariablemente desde el espacio natural hacia el citadino:

Mei, que sale hacia el hospital donde convalece su madre (Mi vecino…);
Ashitaka, en busca de un remedio para curarse una infección (La princesa…);
Sophie, en procura de lo que rompa el hechizo que la convirtió en anciana (El castillo…), y
Fujimoto, que parte en busca de su hija (El secreto…).

El esquema del cuento maravilloso asoma con la partida de un personaje, al que no le queda holgada la función de héroe, movido, por la búsqueda de una antídoto (salvo el caso de Mei, pero es también un mal lo que motiva su viaje), y en todos los casos se marca la oposición vida/muerte, o si se quiere amor/muerte. El rescate de un ser amado es la constante:

Mei, ayudar a sanar a su madre;
San a Ashitaka;
Howl a Sophie; y
Fujimoto a Ponyo, la sirenita que ha desatado un caos que amenaza al mundo por no saber usara sus poderes, y a la que también debe salvar Sosuke.

No hay un “agresor” (se sigue la terminología de funciones de Propp); lo que el “héroe” encuentra en su camino son seres extraños que conducen hacia un salvador:

Los Duendes del polvo (fantasmas sólo visibles a las almas puras), hacia Totoro;
los lobos gigantes, hacia San (también aparecen algunos fantasmas pequeños);
el espantapájaros que atrae el Castillo, morada de Howl; y
el maremoto de peces gigantes que lleva a Ponyo hacia Sosuke.

Hay de parte del héroe una trasgresión del espacio citadino, aunque no en todos los casos provoca una defensa de este:

Mei sólo tiene la prohibición de abandonar el hogar;
los dioses que, capitaneados por San, defienden el bosque;
las tropas de Madam Sulliman defienden el espacio aéreo del Castillo; y
la gente del pueblo de Sosuke, de Fujimoto.

Otra constante, advertida en el programa de mano de Mi vecino Totoro, es la presencia de mujeres con alta determinación de acción:

La lectura continua en

https://vk.com/miltonrm?w=wall383327880_203%2Fall

previo registro en vk.com para poder seguir la liga.

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