Funciones estratégicas y semiótica de la promesa en un discurso de toma de posesión.

Como ocupante del Solio de Ocampo, un hablante anunció cosas que no consiguió desde la presidencia municipal, pero la condición discursiva de adecuación que tiene su figura, lo hace como los equipos de juego vistoso a los que contrarían los resultados no favorables.

En obras, industria y cultura convergen los ejes mencionados en el discurso para el desarrollo de Michoacán. Del empleo, la más grave solución que debe dar la gestión, se habló casi nada, y no necesariamente va implícita en los tres elementos marcados.

No tardó el discurso en anunciarlos:

Los Grandes Proyectos para el estado son:  

  • Una nueva plataforma hidrológica y de irrigación.
  • La modernización industrial y optimización logística del puerto de Lázaro Cárdenas
  • La creación de 3 corredores estratégicos:
  • Toluca- Atlacomulco-Contepec-Maravatio
  • Lázaro Cárdenas-Uruapan-Morelia
  • Zamora-La Piedad-Guadalajara
  • Hacer de Morelia, la Ciudad Internacional de la Cultura y del Conocimiento.
  • El desarrollo sustentable y productivo de la costa michoacana.
  • Un nuevo sistema con base tecnológica y de comercialización para la industria frutícola michoacana.
  • Continuar con la modernización carretera de la entidad, principalmente en las rúas Uruapan –Zamora; Jiquilpan – Sahuayo de 39 kilómetros para conectar con la autopista de occidente, así como el impulso con el Estado de México del tramo Atlacomulco – Atizapán, para potencializar la zona industrial de Contepec, lo que además disminuirá el tiempo de traslado del norte del Valle de México a nuestra entidad.

 

 El último periodo del hablante como presidente municipal (puede asegurarse que no el más reciente) duró un año más de los tres acostumbrados; entonces, los apartados de obras, industria y cultura no fueron muy satisfactorios, y ahora, con la vaguedad semántica de los discursos políticos mexicanos, anuncia comisivamente que destacarán en tres años (siete meses y quince días, dicen groseramente los integrantes de su gabinete al tomar su puesto) como titular del Poder Ejecutivo.

Al hacer referencia al nuevo puesto de él en un apunte pasado, no se empleó aún el término ‘gobernador’. Se ha preferido el de titular del Poder Ejecutivo o el de ocupante del Solio de Ocampo, porque no es lo mismo gobernar que tomar asiento.

Obras y, sobre todo, empleo.

Su administración municipal 2008-2011 no concluyó obras. Se acude al término administración porque quien le sucedió asumió continuar y terminar proyectos de esa gestión. Sobre todo los “distribuidores viales”. En la última sesión de Cabildo, quien tomó el relevo se justificó con la falta de depósito del convenio que se hizo para ello con el gobierno, y el del ramo 23.

La industria creció poco durante esa administración en Morelia, y allí el empleo, lo que sólo se mencionó dos veces en el discurso, y del que tanto habla quien dictó el discurso, tocó niveles críticos en la ciudad entre 2008 y 2011. En los dos primeros años de la administración de su antecesor, el desempleo en Morelia comenzó su escalada. En la edición del 16 de abril de 2009 un diario local difundió las cifras del Inegi al respecto: en 2005 la tasa de desocupación se fijó en 3.69, y en 3.86 en 2006. En ese 2009, segundo año de la gestión municipal anterior del hablante, en 3.81

De acuerdo a la tabla de desocupación trimestral por ciudad publicada en el sitio del Inegi, el empleo no cesó de bajar en Morelia durante los dos últimos años del hablante en la presidencia municipal:

(Porcentaje respecto a la Pea. Los números romanos indican los trimestres.)

Periodo          Total   Hombres       Mujeres

2010 P

I                       4.87    4.36                5.55

II                      4.37    5.10                3.39

III                     5.94    6.68                4.94

IV                    5.45    6.06                4.65

2011

I                       5.07    5.59                4.34

II                      4.74    4.57                4.97

III                     4.62    4.50                4.77

IV                    4.18    4.59                3.65

(Al pie de la tabla se lee: “La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo –Enoe- entró en vigor para el 100% de la muestra a partir del primer trimestre del 2005. Las cifras se refieren a la población de 14 años y más. P=Cifras preliminares a partir de la fecha en que se indica. Fuente: Inegi. Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Indicadores Estratégicos.”)

La semiótica de la promesa.

Con un año menos de poder respecto a su estancia en el Ayuntamiento, habló, en el discurso, del empleo. La primera vez que lo mencionó fue al hablar de competitividad y que esta lleve al estado capital nacional y extranjero, y hacerlo “moderno e innovador”. Remata: “Buscando aprovechar el talento, la vocación y la experiencia de los emprendedores michoacanos, la [dependencia correspondiente] será transformada para que participen los principales promotores de la industria y el empleo.”

            La segunda y última vez que lo mencionó: “Concretaremos el proyecto del parque industrial y recinto fiscalizado de la isla La Palma, pues una parte importante de los productos que entran al puerto de Lázaro Cárdenas y vuelven a salir a otros países, requieren transformación, actividad que puede ser desarrollada y generar muchos empleos en el Estado.”

            Ya están las dos características del discurso político que Paul Chilton y Christina Schäffner señalan como decisivas: la atenuación pragmática y la vaguedad semántica [Discurso y política, en El discurso como estructura y proceso.] Se advierten en la alternancia de la voz pasiva -la primera vez que menciona el empleo-y la de la tercera persona. Esta última, en la manera que la empleó el hablante, la define Emile Benveniste en sus Problemas de lingüística general (tomo I) como un “modo de enunciación posible para la instancia del discurso que no debe remitir a ellos mismos sino que predica el proceso de un no importa quién o no importa qué, pudiendo estar provisto de referencias objetivas.”

Benveniste atribuye a esa tercera persona cualidades como las de poder combinarse con cualquier referencia o la de no ser (necesariamente) compatible con paradigmas referenciales (como el aquí o el ahora).

Visto así, no hay especificidad sobre las identidades de la persona pasiva y de la tercera persona en los dos fragmentos analizados. No acudió el hablante nunca a la palabra promesa, ni habló de prometer (cuatro veces menciona haberse comprometido en oras áreas; no se ocupará este análisis de esto).

Hay sólo anuncio (de empleo). La promesa no garantiza eso ni nada porque adquiere, en el discurso político, la valencia semiótica que tiene la venganza. A esta, Paolo Fabbri la define como lo que no se quiere realizar. Chilton y Schäffner lo ven desde una de las determinaciones que hacen de los actos del habla, la comisiva. Postulan que en el caso de promesas, amenazas y ofrecimientos, los políticos sólo aparentan que los realizan. En los dos casos citados, el discurso no habló de generar empleos. En el primero, sólo de participación de promotores del empleo, y en el segundo, de una actividad, que se ve ajena a su administración, que los genere.

Teum Van Dijk, en la introducción a la obra donde se lee el análisis citado, habla de la condición de adecuación de la promesa. La clave está en que “el hablante tenga la intención de hacer algo y que ese acto futuro complacerá al oyente.” El hablante consigue introducir sus aparentes intenciones en el auditorio, que no advierte que los números son una contradicción, por ejemplo, en el caso del empleo.

Las antinomias de grupo.

No advierte tampoco el auditorio la marginación que sufre en el discurso. Se recalca la alternancia entre las personas escindidas bajo la voz pasiva y la tercera del plural. El ponente habló mucho con esta identidad, y sólo una vez apareció el nosotros: “debemos esforzarnos por verdaderamente vincular al sector académico con el sector productivo, para fomentar las carreras que requiere cada región y hacer del conocimiento y el trabajo los medios para lograr una mayor calidad de vida para nosotros y las generaciones futuras. Esta sinergia es necesaria, útil y anhelada.

Es de mucho interés ese nosotros. En la alternancia de voces, se marca una antinomia: nosotros/ustedes, el hablante y su gente, y no nosotros/ellos, el gobierno y el pueblo. El discurso comienza a lo tradicional, con menciones de personas (se van cerca de siete páginas en eso) a las que va dirigido; no se menciona al pueblo, ausente de esta reunión para invitados muy especiales o protocolarios. Al usar el nosotros, el hablante parece integrar al pueblo en su grupo, pero entonces una antinomia se anula. Sólo queda el nosotros, cuando durante el discurso prevalece la tácita presencia de ustedes. Hubo una mención de paso a ellos cuando se habló de seguridad. Siete veces se escuchó esta palabra, casi siempre como sustantivo institucional. No se disuelve el problema: no se advierte si el ellos, el crimen organizado, se opone al nosotros hablante y su gente, o al nosotros pueblo. Porque lo que la gente quiere ante todo es empleo; a la mayoría no le interesa el reto que el gobierno lanza al crimen organizado y al narcotráfico.

Casi como conclusión.

Hay un ligero encubrimiento. Este es una de las funciones estratégicas que en el discurso político ven los autores citados. Otra es la coerción. Consiste en el establecimiento de prioridades hecho arbitrariamente por el hablante. En la lista de grandes proyectos presentada en el discurso, sólo se incluyen obras y, como salpicón, cultura. Con la coerción se configura un escenario que el oyente, en palabras de Chilton y Schäffner, está obligado a aceptar. El principal oyente, el pueblo, estuvo fuera del Teatro Morelos, sede del discurso, en posición de expresar el “¿Quién ha firmado esto por mí?” de Saramago.

Una función del encubrimiento (no se deja el análisis de aquellos dos autores) es el control discursivo. Se desvía la atención de lo que el oyente desea que se trate, con segmentos implícitos. La legitimación, otra de las funciones, lleva a otra: el derecho que se atribuye el hablante de ser obedecido. Para esto se atribuye auto representación positiva y argumentos sobre los deseos de los votantes.

No se dio lo primero, porque el hablante ignoró a sus oponentes políticos; así la deslegitimación, función complementaria de la legitimación, no apareció para denostar adversarios. Pero tampoco argumentos sobre los deseos de los votantes. El empleo, el principal.

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Un comentario en “Funciones estratégicas y semiótica de la promesa en un discurso de toma de posesión.

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