El juego del poder en “Alberto Savarus”.

¿No era preferible para una ciudad
contar con uno de esos hombres destinados
a gobernar la sociedad entera,
que con una máquina de votar?

Balzac, en Alberto Savarus.

Clasificada en el primer apartado de La comedia humana, titulado Escenas de la vida privada, la novela “Alberto Savarus” está firmada en 1842, casi en el periodo final de la vida de Honorato de Balzac (1799-1850).
La complejidad de esta novela, pequeña arquitectura literaria, como muchas obras de La comedia, se edifica como preámbulo al argumento. A la costumbre de presentar una morfología de los personajes, sigue la polifonía de voces también constante en la obra de Balzac.
Al investigar la vida de Alberto Savaron, Filomena Watterville lee una novela escrita por él. Mediante esa narración inserta, que ocupa cerca de una sexta parte de “Alberto Savarus”, se ofrecen datos sobre la vida de Savaron, por quien Filomena siente una pasión obsesiva y maliciosa.
En esa inserción, “El ambicioso por amor”, Balzac refuerza la continua posición de narrador con que mantiene en gran parte de La comedia al dejar la voz en la de los personajes de “El ambicioso…” Son ellos los que ahora sostienen el hilo narrativo estableciendo la situación de no precisar la identidad del narrador.
Un mosaico de voces, que Balzac empleaba en esa parte de su vida de escritor. En “Honorina”, publicada en 1845, sobresale con la narración a través de cartas por parte de varios personajes. (Por ese tiempo, aparece “Cumbres borrascosas” (1847) donde esa forma de narrar une los planos del pasado y del presente; las consecuencias de este artificio son para detenerse con esas novelas.)
Filomena, la señorita de Watteville, infiere que acaba de leer la vida de Savarus. Lo siguiente fue interceptar su correspondencia para certificar su intuición. La acción tiene como sede Besancon, donde los Watteville y los Riceys viven en conflicto por los límites territoriales de propiedades respectivas. Savarus, de aspiraciones políticas, tenía entre sus propuestas para obtener una diputación, un puente sobre el Doubs, río que pasaba por las propiedades para que la ciudad sólo fuera abastecida por agua del Arcier.
Para ayudar a Savarus que no sabe de la existencia de Filomena, ella urde un plan para que su padre y el abate De Grancey operen para ayudar a Alberto en la elección. Propone a su padre contratar de inmediato a Savarus para ganar el pleito y, conocedora de la vida y relaciones de Savarus a través de la correspondencia que violó, le dice a su padre que sólo mediante De Gracey lo puede tener de su parte.
Salta la urdimbre de la trama. De Grancey, que desde su posición de abate en la persona más influyente en Besancon, y con quien Savarus, que no era aceptado allí no obstante su éxito en los litigios que tomaba, tenía amistad, le ordenó llevar el caso de los Wateville. Él se niega, sobre todo “para no llevar a cabo una gestión que pueda comprometer los inmensos intereses que bajo mi elección se ocultan”.
La voluntad del abate se impone, y Savarus condiciona que tras la elección su auxiliar Girardet llevaré el proceso. Savarus había sido advertido por el abate de la seguridad de cien votos compactos si llevaba el caso y como complemento tomaba por esposa a la señorita de Watteville. Tras una reunión preparatoria en la que se estuvieron los candidatos para medir sus posibilidades, Savarus comenzaba a comprender que eran los votos seguros.
El juego de Filomena, donde los signos de la comunicación se tornan en códigos de valor que se vinculan a un objetivo deseado, alcanza la elección. La influencia del abate altera el proceso. No es la democracia, sino un aparato ideológico el que determina los resultados de la elección.
Se agranda el modelo narrativo al acudir al narrador con careta de la tercera persona. Lo describe Alberto Paredes en “Las voces del relato” [Universidad Veracruzana, 1987, p. 43] como estrategia de literatos que abordan conflictos políticos para buscar un presunto culpable en la trama. Con este narrador, la obra se abre: el lector camina junto al personaje de la voz.
Filomena, miembro del incesante repertorio de diosas ideales del universo de Balzac, es, como las demás, para detenerse en ella, en otro análisis. Su función, por ahora, cumple con develar las falacias de sistemas similares al que reinaba en la Francia que ambienta la novela, y como en ellos se puede alterar el derrotero de un ejercicio democrático por un beneficio particular.

“Alberto Savarus”,
Selecciones de “La comedia humana”,
ediciones Málaga, México, D.F., 1970.
Trad: Aurelio Garzón del camino.

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