Torneo olímpico Londres 2012. Final. Previo. Brasil-México. Discontinuidades folclóricas.

Sin establecer una categoría para contextualizar la rivalidad, se vuelven a enfrentar en una final sin contar ambos (como en las anteriores) con sus mejores equipos mayores y en estadios encontrados.

No se encuentran elementos para categorizar la rivalidad Brasil-México como arraigada. Hay una historia de finales, todas con el premio mayor para el Tri; se dice así por el compartimiento del oro en los Panamericanos de 1975. En las otras finales que confrontaron a estas selecciones, tampoco hubo selecciones A de los dos lados. México venció en las de Copa de Oro 1998 (2-0) y 2003 (1-0, en tiempo extra) a selecciones olímpicas, y en la de Confederaciones 1999 (4-3) a una B. La de 2005 fue en sub 17 (3-0).

En categoría mayor, donde suelen pactarse las grandes rivalidades, México se vanagloria de algunos triunfos ante el Scratch; el más destacado, por haber sido en competición, en la Copa América 2004, pero cuando en cuartos de volvieron a cruzar, Brasil no tuco compasión ni duda de lo que quería (4-0), al igual que en otras series de ese nivel contra el Tricolor.

Con la misma actitud saldrá la Verdeamarelha a Wembley el sábado 11. Es decir, a jugar en serio. Porque representa a la historia, la que pide palmarés completo a un grande. Para México, es una ocasión más de festejo.

El perseguimiento de una obsesión.

Porque para los Ratones cada torneo es la oportunidad de saciar su vacio de títulos. Para Brasil, el olímpico no es uno más por ser su mayor suma de fracasos. Francia, a la que tuvo como efímera bestia negra en los ochenta, y que rivalizaba en vistosidad con el Scratch, le negó el oro en 1984, y la Unión Soviética, una antítesis del jogo bonito, en el 88.

Su tercera oportunidad es contra un equipo que tiene la antítesis y la disposición hacia el juego vistoso. Cuando México decide tratar el balón, enseña una emancipación de su tradición. Se torna en dinámica y precisión, con dechados de efectividad de goleo y de defensa. Falla al apostar por la defensa en detrimento del estilo que le tomó años asumir.

Porque sólo le faltaba el fundamento de equipos protagonistas que comprenden el toque como dialéctica de las individualidades. Es un estilo aún prospectivo porque le falta ofrecer resultados. La Copa de Oro no sirve de parámetro. Los juveniles tampoco porque no se tiene una migración de comportamientos por la no continuidad.

Brasil lleva un recorrido inverso. De la estética a la táctica. El resultado no difiere. Deficiencia en la aplicación táctica, defensa insegura y salvación con las capacidades creativas.

Individualidad contra equipo va a Wembley.

En ese proceso de institución de un comportamiento que rompió la tradición con que cada cual ejecutaba el fútbol, México ha sido más receptivo al nuevo texto, no sólo por sus jugadores disciplinados, sino porque explota sus capacidades individuales a favor del colectivo.  La anarquía del jugador brasileño sufre con la práctica que le piden los sistemas que comenzaron a influenciar a la selección desde 1990.

No es preciso ahora un análisis como se acostumbra aquí, por estar tratando son selecciones de contexto impreciso, aunque tengan las influencias que han tomado sus mayores en los veinte años recientes.

Pero conseguir la victoria en Londres, marcará la historia que carga el que lo haga.

Claves.

                        Brasil.                                                                                                                    México.   

Liderazgos. Una autoridad en cada línea a partir de la defensa. Thiago Silva, Alex Sandro, Neymar y Damiao. Cada cual gana sólo un partido por el orden que impone. Estilo. Entendido como se le ha definido aquí: equilibrio entre la estructura táctica y la intención estratégica. Es más coherente.
Cabezazos. Por alto, superior en defensa –México remata mucho por aire-, y en ataque -el Tri  es débil en esa defensa. Precisión. Aprende a no titubear con el balón. Detentarlo le da ventaja porque Brasil no es buen recuperador.
Largo. S acomoda a recibir al rival para romper y atacare ne campo abierto. Portero. La némesis de Brasil. Gabriel falló en la final del sub 20 2011. Corona es tal vez el mejor del torneo.
Mediocentro. Clave por tradición. Carga al equipo y debe ser tapón entre los centrales por donde México se mete mucho. Interiores. Son quizá los claves por el bloqueo que hagan a los laterales, en los que reposa el ataque del Scratch.
Constancia. Mantiene la postura de ataque todo el partido. Si México se cerrase, va a tener el partido al alcance porque el Tri no sabe defender Colectividad. La presencia al dos por uno ante los centrales rivales (4-2 a Senegal y 2-1 a Japón) ha sido astucia ante defensas frágiles como la carioca.

 

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