Festival de música de Morelia. Clausura. I Turchini y el redescubrimiento de una vieja semántica de Nápoles.

Encuentro con las mejores raíces de la coral latina, con obra rescatada de los archivos de capillas napolitanas, con la que Antonio Florio y su ensamble arrancaron, sin gratuidad, la última ovación del Festival en el templo de San Agustín.

Hay en el repertorio que Florio llama “El tesoro de San Genaro”, mismo que estrenó esta noche, una inversión en la significación de la ciudad. Como se vio antes con Benveniste, en la derivación, hecho básico para la legibilidad de la ciudad, esta es el término básico y las manifestaciones culturales sus derivados. Pero puede ser a la inversa, y así, un término primario, denota a la ciudad.

Sucede con San Genaro, el gran patrón religioso de Nápoles. El culto a ese personaje ha derivado en ritos y mitos que identifican a la cultura partenopea.

Parte de la música relacionada con esas prácticas ha sido rescatada y promovida por Florio, fundador de I Turchini (1987) para ayudar a la difusión de música napolitana de los siglos XVII y XVIII.

No se escucharon diferencias de contraste sobresaliente, respecto a lo virreinal y música tradicional de la Nueva España, en las interpretaciones que Turchini realizó en San Agustín.

La alternancia de los integrantes del ensamble sobre el escenario, tuvo notoriedad en la de las voces. Cinco voces empleó Florio en el programa, sólo juntas en la primera y la última interpretación. En las demás, prescindió de una soprano, para contar con un contralto en coplas que, de acuerdo a esta variación, o requerían tonos muy altos.

Había estribillos que eran para dos voces que en algún caso recibían el acompañamiento de dos o tres violines.

La similitud de los cantos con los de la América Nueva, no hizo extraño el concierto, que cargaba con el peso que dejaron el Cuarteto de Leipzig y la presentación de Michael Nyman, aunque este fuera algo ajeno a lo meramente musical.

Florio y su Turchini no vieron eso. Dieron al Festival el último dechado que le faltaba, porque pese a la buena impresión dejada por La Partenope con interpretaciones muy accesibles a las voces, lo coral respondió con los artificios que con ellas hizo Antonio para apagar la luz del Festival.

Si por ahora quedan en el anonimato los nombres de los protagonistas del concierto, se debe a que el programa de mano les cambió a algunos el  instrumento, la tesitura y el sexo.

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