“En otro país”. Sámsara de una francesa.

Recorrido por tres estados de la mujer en un guión que ensaya con la repetición y la sustitución.

Asia presentó una historia de Hong Sang-soo (escribió y dirigió), con Mohang, Corea del Sur, como espacio tópico donde a través de la visita converge la pasión amorosa sin distingos de estado civil. Isabelle Huppert, que si no es diva tiene alcances de fémina onírica por su figura inmarescible, protagoniza las tres historias que narra la película, como una mujer francesa (Anne) que llega a una casa de alojamiento a orillas de una playa sin mar, donde los barcos varados en la arena dan la imagen de ese otro país, para consumar un encuentro amoroso. Primero como soltera, después como casada adultera, y al final como abandonada por su marido.
El viaje vuelve a ser el demarcador que establece la confrontación del actor individual (el viajante) con actores colectivos, además de alterar el fluir lineal del tiempo, como el sueño, que súbitamente sustituye una historia en progreso con la vuelta al momento del cual partió. En cada historia la llegada a la casa es la entrada al otro país, con la chica coreana que conduce hacia el piso que habitarán los huéspedes. Anne no siempre llegó sola, pero su espíritu de independencia, marcado en cualquiera de los tres caracteres que actúa, la pone distante del mundo del cual proviene.
La puerta no pierde el simbolismo que le confieren culturas orientales de ser el paso hacia otro mundo. Al abrirse la de la casa, comienza el encuentro con ese mundo. Anne siempre sale a pasear y pregunta si hay un sitio lindo que conocer. Un salvavidas (Yoo Jun-sang) que nada en el mar frío, aparece siempre como la oposición. En la historia 1, se le advierte a Anne que no lo frecuente, porque los coreanos son seres de maldad, y en la 3, el reproche se reitera con más fuerza cuando Anne es encontrada por su acompañante de viaje, una senil oriental, y por la esposa del salvavidas en escarceo amoroso con él (de quien también su mujer sale en su búsqueda en 1).
Ese carácter malévolo del coreano es señalado en 2 por un cineasta (Moon Sung-keun) que aparece en las historias. Primero, Anne lo conoce durante la estadía de ambos, en 3 es la mujer senil la que lo reconoce en la casa, y en 2 es la cita de Anne, quien lo prefirió a su esposo, pero el cineasta le reprocha su trato con el salvavidas, que es testigo indirecto de las tres historias, y el que lleva una narración polifónica.
Porque es mediante él que Won-Ju (Jung Yoo-mi), jovencita coreana que redacta un guión de cine, cuyo hipotético desarrollo es el que el espectador mira, cuenta las tres historias, pero no aparece al final.
No obstante la sustitución del personaje de Anne, único con varias valencias, las historias exceden su esfera. Si la reiteración de diálogos y situaciones son una constante, la reaparición en 3 del paraguas que la chica de la casa prestó a Anne en 2, hace de la participación de ese objeto otra reiteración que no necesita aparecer en las tres historias, por corresponder a una situación o comportamiento de una historia global que sólo pretende mostrar cómo el devenir humano conduce invariablemente hacia los mismos errores.

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