“Paraíso Amor”. Decálogo contra los estafadores.

Las añagazas del turismo sexual son retratadas por Ulrich Seidl en la primera película de su trilogía Paraísos. Paradies: Liebe.

No se ha superado la arrogante imponencia de la raza blanca sobre la negra. Al menos en la historia que ofrece Seidl. El imperialismo consiguió una nueva forma de colonización, aunque temporal, en el turismo. Teresa, quincuagenaria de curvas casi pavimentadas y bacheadas por la celultis, construye la metáfora, con su viaje a Kenia, por saber que allí aún puede encontrar varón que la valore.
Con su dinero compra hasta la motocicleta del primer mozalbete negro que encuentra. Comienza así una sucesión de relaciones en las que sólo es deseada por el poder de su cartera, por hombres negros a los que ella y sus amigas explotan en aras de satisfacción sexual.
Mercenarios y títeres. Pequeños pájaros en la palma de las manos de gigantes que adquieren el gobierno del país tercermundista que visitan.
Y maniqueísmo del nativo. El placer tiene un costo más elevado. Cada amante le habla a Teresa de un familiar o conocido enfermo, que necesita dinero. No tarda Teresa en descubrir la estafa, y su deseo de amor se muda por el de soledad.
Europa contra África. El amor es distinto en el continente negro, le dice a Teresa uno de sus amantes. Porque es negocio. La explotación de la raza por el placer en la confrontación de la aberración contra la estética. El cuerpo yerto boca abajo de Teresa sobre la cama de uno de sus negros, en una posición que la lona que cubre en forma de triángulo la cama hace aparecer como una escena casi sacra, y después el mismo negro tendido boca arriba, con su pene flácido, son imágenes de la decadencia tras la batalla difíciles de superar para exhibir el más bajo estado del ser humano. Porque muestran la derrota de la dignidad.
En dos horas transcurre el camino del deseo al desengaño. En su paso por bahorrinas, la persona semiótica se vuelve decadente porque ya no desea ser un sujeto de acción, pero la continuidad no puede detenerse porque en cada sitio, surge un nuevo bribón especialista en carantoñas para extraer lo que queda en las alforjas del colonizador que sólo busco el placer, la belleza y el afecto en un sitio donde no hay cabida para tanto.

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