Los niños trabajadores de México.

Más semántica del desarrollo de la cultura urbana del Méjico capitalino, en otro fragmento del archivo Casasola, en la que la función del retrato se concilia con la que tiene la fotografía.

Con esta exposición, se retoman puntos del análisis inconcluso hecho con ocasión de la anterior presentación del archivo de la familia Casasola, en septiembre de 2012.

Quizá nunca se concluye un análisis como estos, porque, como se concluyó en el hecho a El espanto de la modernidad, cada fotografía da para un texto exclusivo. De cada una puede surgir una exposición temática, tanto por el contenido, el punctum, o la técnica.

Una cualidad de la colección Casasola es testimoniar el desarrollo y el progreso urbanos de Méjico, a través de conductas y comportamientos de sus habitantes. Los infantes en situación laboral son ahora el medio en treinta fotografías de una exposición que recorre el país recordando los convenios 182 y 138 de la Organización Internacional del Trabajo (Oit), que intentan prohibir y eliminar formas de trabajo infantil que dañen la dignidad de los menores. En Méjico, la Ley Federal del Trabajo hizo una reforma en diciembre de 2012 para involucrarse con uno de esos convenios.

En Morelia, la muestra se limitó al arte. Si es que las fotografías, como las del Espanto… consiguen trascender el ser meros objetos comunicativos para provocar una comprensión que además de visual sea sensorial; y que como complemento, ofrezca la práctica en turno, anclada al entorno y el tiempo que la concibieron.

Salta una disociación en el conjunto de estas treinta imágenes. En unas, el espacio se resigna a ser el canal comunicativo para resaltar al individuo como protagonista de la exposición. Una fábrica, un taller y hasta una silla no valen aquí por sí mismos por aquello de que sin el individuo no hay retrato.

O fotografía, porque no se advierte dinámica en esta ocasión. No causan las imágenes el sentir de continuidad en el tiempo de las fotografías de Los niños… Porque siempre serán los Niños; sin esa cualidad, la exposición pierde su significado.

En otras, el espacio deja de ser accesorio. El individuo como sujeto frásico pierde la capacidad de desplazar al sujeto tópico (el espacio), porque entonces el protagonista es el callejón, la plaza o la simple calle. La persona es ahora lo accesorio. Remite a significaciones múltiples. Por ejemplo, se explicaba durante el recorrido de inauguración, cómo la fotografía del vendedor de sombreros que los cargaba sobre su cabeza, remitía a una escena más de jocosidad que de pena por la explotación del trabajo.

La escena de los niños en una fuente es compleja. No denota tal vez a niños trabajadores, pero los presenta en una función que Rita expuso clave en la semántica de las grandes y viejas ciudades, porque la figura del aguador o del pulquero era la transmisora de información entre colonias, por la itinerancia de su trabajo.

La distinción entre fotografía y retrato la da ahora la dinámica de la acción. En el global de la presentación, sin despojarla de su función primaria, porque es la presencia del cuerpo humano lo que concede significación al espacio como denotación de formas de ser o de vida humanas. Aunque es imperativo el anclaje espacial para que “Los niños trabajadores de México”, logre transmitir sus significaciones.

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