Brasileirao 2013. Una morfología para la mejor liga del mundo.

Modelo de desarrollo, con su desafío a los autoritarismos que manejan el futbol, el campeonato brasileño presenta una competencia inapreciable en otras ligas estelares del mundo.

Detrás de un gran campeonato hay una planeación paciente, prolongada y discutida. Es preciso conocer la historia para entender el presente; para no pensar, en el caso que ocupan estos apuntes, que el Brasileirao, en sus temporadas recientes, surgió competitivo sólo por la calidad de sus jugadores y el deseo de sobresalir y la necesidad de defender la grandeza de muchos de sus equipos. Quizá ninguna federación, como brasileña, cuenta con tantas potencias. La sola muestra de la Copa Libertadores indica, incluso con humillación para el resto, lo que en la décadas recientes, las de los grandes cambios en las estructuras de los mayores torneos y ligas del mundo, ha sido el fútbol brasileño de clubes. Desde 1992 ha estado en 18 de las 21 finales de Libertadores jugadas a partir de entonces y salió vencedor en 12. No entra en la cuenta la edición 2013 que vio continuar la presencia de Brasil en estas finales.
1992 marcó el porvenir del fútbol mundial. Ese año, las reformas a la liga inglesa daban su esquilmo pretendido con la institución de la Premier league [se puede ver el texto Las vanguardias de la liga inglesa http://milton.bitacoras.com/archivos/2005/09/27/las-vanguardias-de-la-liga-inglesa%5D, modelo seguido en varios países; se cerraba también el catafalco de la versión clásica de la Copa de Europa para continuarla con la Champions league, formato imitado por las confederaciones del mundo, con Conmebol siendo la primera con la nueva versión de la Libertadores.
Muchos campeonatos de liga domésticos evolucionaron imbuidos por los nuevos formatos internacionales. Veinte años es quizá mucho tiempo para no finiquitar un proyecto de liga bien institucionalizado, que con fútbol denote su administración. La certeza es que veinte años es poco para una liga como la brasileña, que hasta fines de los noventa comenzó a pensar, y con reservas, en una organización con principios de las más respetadas de Europa, y para la que en 2006 era utópico -incluido en el sueño el reclamo- pensar en albergar la Copa del Mundo 214 por no disponer de estadios para ello, ni aparente capacidad de construirlos o remodelas los templos sagrados.
El análisis que Brian Homewood, eterno corresponsal de World soccer en Brasil, hace en la edición febrero de 2007 de esa situación, no entra en este apunte; sí muchas anotaciones que él hizo para la revista británica desde 1994 hasta 2003, cuando comenzó la era actual del campeonato brasileño.

De lo bizantino a la consciencia.

Se abolían prácticas que desde 1987 habían intentado un formato definitivo para el campeonato instituido en 1959, y profesional desde 1971. Ese 1987 puede tomarse como una prehistoria del presente, agrandando a anécdota la intromisión de la dictadura que en 1978 financió el fútbol como medio de distracción, y para extenderlo por todo el país, la liga aumentó a noventa y ocho equipos, cuyos traslados eran costeados por el régimen.
En aquel año 87, dieciséis clubes, que se decían los más grandes de Brasil, fundaron el Club de los 13 para jugar su propio torneo, la Copa Uniao, y enfrentar a sus mejor clasificados con los del torneo de la Cbf, que quedaba como la segunda división. La intención del Club 13 era acordar ganancias monetarias equitativas entre la membrecía. El formato o modelo de la Uniao permaneció hasta 2003; a la vez, los campeonatos estatales inventaban o variaban sus formatos, como se siguió haciendo con el nacional. Decisivos en el continuo cambio de competencia fueron los descensos que desde 1990 sufrieron varios grandes. Para evitarlos, o regresar de inmediato a la primera división, la Confederación brasileña ideó aumento de equipos (tema que da para un apunte exclusivo; se puede ver algo en el texto “Clubes que anularon descensos”) sin determinar un número fijo.
Para 1994 eran 24 repartidos en seis grupos previo a dos liguillas seguidas cada cual de una fase de copa. Homewood llamó a esa “la temporada tonta” porque equipos había para un gran torneo si se tuviera más organización [WS noviembre de 1994]. Los descensos de Fluminense y Bragantino en 1997, y la reinstalación en Primera ese año de Atlético Paranaense, que había sido suspendido un año por arreglo de partidos, influían en aumentar a 32 equipos para mantenerlos en la categoría. Aumentaron a 26 para favorecer a aquellos descendidos. Demasiados, quizá, en un país tan grande, pero la expansión siempre es deseada. Don balón escribió en su edición 1136 (21 de julio de 1997) que la distancia total que durante el Brasileirao recorrerían los 26, sería de 770, 558 kilómetros, más de los que separa a la tierra de la luna; que la primera fecha registró la media de asistencia más baja en cuatro años (5,580), pero que a pesar del éxodo de las grandes figuras y de la mala administración, “el fútbol brasileño es más fuerte que sus dirigentes” [pp.56-59].
El campeonato seguía decidiéndose con una fase final de copa. Procederes bizarros salpicaban el galimatías que eran las reglamentaciones; varias se han registrado en los anecdotarios de estas notas, y es donde deben quedar por ahora.
Cierta era la cita de Don balón, pero el Club 13 controlaba la organización y las cifras. La Ley Pelé, impulsada en 1997 cuando el Rey hizo de ministro de deportes en Brasil, contaba entre sus propuestas permitir la institución de ligas independientes. Allanaba el camino hacia una súper liga con lo más selecto del país, pero la situación se pensó abordar de manera favorable para todo el fútbol de Brasil.
El analista financiero Oliver Buttler, analizaba la Ley Pele desde la visión de empresarios que deseaban invertir en el Brasileirao porque no obstante la desorganización y manejos deficientes que durante años le habían visto, creían posible una mejora que para 2013 hiciera el campeonato treinta veces mejor. El artículo apareció en World soccer en julio de 1999 [p. 4].
La súper liga elevaría los ingresos de la televisión. Una súper liga que se buscaba para todos los equipos. La televisión, encabezada por Globo, estimaba el sistema de liga seguido de una fase final, a la que llegaron a calificar doce equipos con la faramalla de la Copa “Joao Havelange”, versión del Brasileirao 2000, para proteger del descenso a los grandes, y que incluyó un record de 106 participantes.
Era imposición del Club 13. Para 2003, se decidió otorgar el título al que más puntos obtuviere en la liga. La televisión (que mostró su mando al posponer el tercer partido de la final 1998 para que no coincidiera con una presentación de Xuxa –WS febrero de 1999-) no demoró protestar: “si la liga (el formato) es tan buena, ¿por qué no se usa en la Copa del Mundo?”, cita Homewood a un comentarista de Globo que actuó como vocero de la cadena con esa frase [ WS, febrero 2003].
La Ley Pelé buscaba también terminar con la multipropiedad, atraer inversión hacia los clubes ajenos al Club de los 13 (que acumulaba el setenta por ciento de los ciento veinte millones de seguidores en el país) para comercializar sus imágenes y souvenires, y que la televisión extranjera tomara parte. En el artículo de Buttler, se habla de simplificar las estructuras y voltear hacia el modelo de la Premier league inglesa.
En 2006 se redujo a 20 el número de equipos que desde entonces disputan la liga, saneada con la obtención de la sede de la Copa del Mundo 2014. La infraestructura es ajena al juego, en lo que no sea contar con los dos elementos imprescindibles: césped y jugadores.
Si a fines de los noventa la emigración de los mayores talentos era vista como factor de mina del campeonato, la repatriación de muchos de esos jugadores, que salieron jóvenes y regresaron a una edad en la que se rinde al mayor nivel en los grandes torneos de Europa, ha sido la inversión más consciente de los equipos brasileños porque nutren los progresos de su liga con sus propios recursos humanos; no descartan figuras mundiales en edad similar. Jugadores con el pecho lleno de medallas que potencian una liga que cada semana ofrece un partido estelar en cada sede, y no deja de mostrar su capacidad en las grandes citas internacionales.

Un fútbol prospectivo.

Quedan entrevistos los fundamentos del nivel del campeonato que tiene Brasil. El estilo de juego, que ni siquiera evoca el mito del fútbol de concatenación de toques, y de candencias, es la procuración de conciliar dos concepciones. La del juego de ataque permanente y directo, con la de un equilibrio esquemático, que en prioridad y eficiencia ha sido la antítesis al toque porque se estima mítica la imagen del Brasileirao con base en la selección nacional que, como se vio en la anotación a la final de la Copa Confederaciones 2013, ha experimentado una transición desde el núcleo de su tipicidad hasta una amplificación de las capacidades de sus jugadores, al desarrollar en estos las cualidades de disciplina y colectividad que no eran reconocidos en ellos.
Tienen responsabilidad los directores técnicos. La liga tiene a muchos campeones internacionales (el único de los más recientes seleccionadores, con experiencia en Copa del Mundo además, es Dunga). El éxito de que han gozado los equipos brasileños en el siglo, y aún desde poco antes, con sistemas que parten de una defensa solvente, se aprecia en la liga con muy poco; Corinthians, el principal. Una constante de ataque con un alto porcentaje de goleo en contragolpes, y más que todo, en balones aéreos, desnuda la precariedad defensiva del Brasileirao, cuyas contrataciones estelares son, la mayoría, en zona de ataque.
El anquilosamiento en el desarrollo de defensas fuertes no es preocupación de un fútbol que aún hace valer los viejos principios de fincar todas les esperanzas en el ataque y en anotar más que el rival.

Claves para la mejor liga del mundo.

Sistema de competencia. Querían incorporar las virtudes de ligas europeas y para eso entendieron que debían jugar solo la liga. La supresión de la fase final aumentó la competencia. Los equipos valoran más los puntos de cada partido, y sólo piensan en ocupar la cima de la clasificación. Al cabo de siete jornadas, había una escalera; esto es, sin vacíos en el consecutivo de puntos, salvo entre el 19 y el colista (entre los que había tres puntos.)

Organización. La Ley Pelé dejó fundamentos básicos en la intervención de patrocinadores, y de televisión extranjera, para que todos los equipos pudieran estructurarse para competir. No se distingue el histórico del modesto.

Repatriación. Nunca se había visto un regreso masivo de figuras nacionales que estuvieran en edad de madurez. Más abajo se nombra a una generación que parece de veteranos, porque salió del país muy joven, y volvió cargada de condecoraciones a la edad que aún se brilla en Europa.

Importación. El mismo principio se sigue con los extranjeros. Seleccionados nacionales, algunos de los cuales prefirieron Brasil a Europa; es también una cuestión de poder adquisitivo y salarios competitivos.

Directores técnicos. Los forjadores de los éxitos de los más recientes quince o veinte años con los equipos en lo internacional, están en el país, y los que emergen son revelaciones con sistemas hacen protagonistas a modestos.

Cantera. Clave permanente, los técnicos han sabido levar sin presión ni prisa a los nuevos talentos, que alternar con las figuras.

Disciplina. El jugador brasileño en su liga, y el foráneo que llega, tiene desarrollado el entendimiento de la colectividad. No hay sentimiento de ser estrella privativa y de jugar para sí y el agrado visual.

Contraste. Elemento estimado antes (aquí) decisivo en la valoración de una liga. La diversidad de estilos en el Brasileirao expresa un nivel táctico alto, con la convergencia de tendencias ganadoras.

La contra.

La inmadurez de la administración se ve en el desconocimiento que de la paciencia tienen los directivos. Después de siete jornadas, ocho equipos habían cambiado de técnico (Flamengo, Santos, Sao Paulo, Bahía, Náutico, Portuguesa, Gremio y Vasco), y al cabo de la ocho se pensaba en el cese de Abel Braga en Fluminense. Lo estrecho de la clasificación, que completas siete fechas guardaba seis puntos entre el 1 y el 13, los mismos que entre este y el último, involucra cada jornada a nuevos equipos en la competencia por la punta o por el no descenso.

Tantas estrellas como en el cielo.

Los culpables del nivel que tiene la liga, se pueden alinear en varios equipos imaginarios. De repatriados, importados y emergentes. La referencia de la selección que ganó la Confederaciones 2013, le concede su categoría.

El Brasil 2013.

Julio César –Alves, Thiago Silva, Luiz, Marcelo-Gustavo, Pualinho- Hulh, óscar, Neymar- Fred.

De ellos, sólo Fred queda en Brasil, pero cuenta con experiencia en Europa.

Los repatriados.

Dida – Leo Moura, Lucío, Paulo André, Fabio Santos-Elano, Juninho Pernambucano, Denilson, Ronaldinho, Emerson Sheik- Fred.
¿Más?: Bolívar, Cris, Edú Dracena, Juan, Richarlyson, Josué, Josimar, Gilberto Silva, Deco, Renato Augusto, Jadson, Alex (Alexsandro de Souza), Douglas Dos Santos, Vagner, Rafael Sobis, Felipe Bastos, Tardelli, Cícero, Carlos Eduardo, Ibson, Osvaldo, Pato, Deivid, Jó, Rafael Marques, Kléber, Luis Fabiano…

Los importados.

Bravo –Cáceres, Escudero, Marcos González, Clemente Rodríguez- Nelson Vargas, Guiñazú, Seedorf, Maldonado, Lodeiro- Forlán.
¿Más?: Matos, Monzón, Bottinelli, D’Alessandro, Montillo, Maxi Rodríguez, Martinuccio, Datolo, Moreno Martins, Guerrero, Barcos…

Lo que hay en casa.

Cassio –Edenílson, Edu Dracena, Toloi, Joao Paulo- Romarinho, Ralf, Felipe Andersson, Gabriel, Paulinho- André.
¿Más?: Rafael, Jefferson, Víctor, Nei, Pará, Carlinhos, Rheyner, Urso, Bernard, Gabriel, Luan…
Técnicos: Ademar Leonardo Bacchi “Tite”, Aberl Braga, Paulo Autouri, Macelo de Oliveira, Mano Menezes, Vadao, Cristivao Borges,, Dunga, Cai Junior, Alexis Stival “Cuca”, Enderson Moreira, Marquinhos Santos, DorivalJuniro, Jorginho…

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Un comentario en “Brasileirao 2013. Una morfología para la mejor liga del mundo.

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