“25 años de acordes cromáticos”. Las polisemias de la música.

La tercera edición de este preámbulo del Festival de música de Morelia reiteró la sociedad del arte de Euterpe con la plástica para ofrecer sinestesias visuales del sonido.

Después de haber sido espacio para creadores incipientes o con poca trayectoria (2012), la exposición que en sus dos años precedentes llevó el título de Transcripciones musicalográficas, devolvió los muros a pintores consagrados del estado, acompañados por algunos escultores con los que totalizaron cerca de treinta obras.

El análisis sigue la línea de los motivados en 2011 y 2012 (en Transcripciones…). La diversidad de interpretaciones de la música en relación al sistema cognitivo de cada creador, sólo parece posible mediante la alianza de aquella con la pintura. Porque, como lo apuntó el periodista Demetrio Olivo en el discurso de curaduría, el color y las líneas, al contrario de las palabras que demoran y confunden significados, comunican de inmediato de manera inobjetable. No dan ocasión a la reacción del subconsciente del espectador que recibe sin apelar un significado digerido, quizá de manera arbitraria porque se impone la recepción que de una composición musical tuvo la mente del autor de la obra visual.            No deja de primar, empero, el impacto sensorial sobre el visual, porque es la imagen mental lo que se valora. Estas transcripciones no se entregan como una impresión estática porque no despojan al receptor de la capacidad de reinscribirlas, como texto, mediante la interpretación que comienza a hacer al mirarlas al tiempo que escucha las composiciones que las inspiraron.

Y es que como se anotó un año atrás “están estructuradas por planos temporales porque van de la experiencia presente hacia el porvenir. Son la inscripción en un pasado que gravita hacia un porvenir, lo que las hace consumibles para el tiempo. No vuelven a producirse”.

Algunos auotres expusieron cómo concibieron la obra que presentaron.

Fue una pieza tranquila y melódica que se tradujo en trazos llenos de fantasía y espiritualidad, con momentos altisonantes que lo llevaron a componer una sinfonía de trazos y colores. Fue una oportunidad de escuchar una pieza contemporánea y de conocer más acerca de la vida de este músico”.

Una escultura representa una flauta de cobre con motivos característicos de esta artista, que evoca siempre a la imaginación. Ahora, la Sinfonía No. 9 en Re mayor de Mozart, materializada en una escultura de gran tamaño.

La pieza “El Chueco” de Miguel Bernal Jiménez fue instantánea. “Se trata de la historia de un muchacho del que se burlan muchos de sus amigos, por el hecho de que él no  tiene la movilidad como ellos. Toda esta historia y la melodía de Miguel Bernal Jiménez conjuntaron una serie de referencias a partir de las cuales pude establecer una conexión con la escultura. La pieza tiene mucho movimiento, tratando un poco de evocar esa imagen de El Chueco en esas ondulaciones que tiene la pieza”.

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