Coro de Oxford. Colores religiosos. XXV festival de música de Morelia.

La parte vocal de la edición 2013 llegó con una escuela particular que recoge una historia de cinco siglos y la concilia con el mayor autor británico del siglo XX.

Voces que retumbaron desde el eco de cinco siglos se alzaron en Palacio de gobierno, imponiéndose a toda vicisitud que se cernió sobre el concierto. La batalla sonora sea anticipó con la presencia de un evento popular sobre la avenida en que se ubica Palacio, y sobre la hora, el coro tuvo que resolver el malestar estomacal de dos de sus integrantes.

Veintiséis voces ayudan, a decir del director James Burton, a sortear un imprevisto así, el único que el mencionó como motivo de ausencia, porque siempre habrá recursos humanos de sustitución. Los dos músicos subieron en algún momento al escenario.

La dificultad más seria, estaba superada. El Coro lo integran graduados de Oxford, que ejercen profesiones que son un “trabajo real”, dijo con risa Burton en la entrevista con medios; no todos viven de cantar, pero los inconvenientes que surjan de la disimilitud de dedicación es lo que menos influye en el desempeño.

Burton forma una táctica fija. No hace reacomodos. En vez de eso, para las voces alternadas. Barítono-tenor-barítono y contralto-soprano es la disposición que consigue una dicción que se escuchó sin falta en un compendio de música sacra con un colorido de voces a capela.

Giles Swayne, Thomas Weelkes, John Sheppard, James McMillan, Orlando Gibbons, Mathew Martin, Charles Hubert Parry, el mismo Burton y Bejamin Britten, más un encore de otro compositor, estructuraron un programa que establece la relación entre la religión, la academia y la música. El Coro, más que basarse en trabajos arduos de investigación, recibe el apoyo de su Universidad para creación y desarrollo de la música coral. Sus integrantes tienen el común de amar la música religiosa.

Así es que establece una relación entre las épocas en las que se compusieron sus interpretaciones, porque no pierde los orígenes de la tradición ni a esta.

La presencia de Britten se vuelve por ello básica en su repertorio, no tanto por la celebración de su centenario natal (a cumplirse una semana después), porque algunos de sus temas responden a una de las mayores tradiciones corales del Reino Unido, encarnada en voces que no se inmutaron por los sonidos del exterior; menos por el tañer de las campanas de Catedral, con las que siempre coincide el concierto nocturno de domingo del Festival, porque su bien trabajada dicción, aún en entonaciones complicadas para la lingüística sajona, legó una de las noches por las que clama todo festival moreliano.

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