El sofisma de la Bota de oro.

La entrega del trofeo siguió sepultando discusiones y a goleadores masivos.

Con la entrega del premio a Luis Suárez, continuó una arraigada costumbre de acrecentar el reconocimiento por los grandes goleadores de Europa del Oeste mediante el trofeo. Es la Bota de oro un premio que con la introducción de un nuevo sistema de puntuación a partir de 96-97, cuando se reinstauró luego de cinco temporadas, perdió la función de proyectar a talentos goleadores, perjudicados por el anonimato de las ligas del Este o de las de naciones pequeñas geográfica y futbolísticamente.
Los grandes ganadores, surgidos de aquellas ligas, del trofeo no trascendieron (salvo Stoitchkov) al llegar, gracias a obtenerla, a las ligas potentes de Europa; el sistema de puntación introducido impide, a cambio de favorecer a los delanteros del Occidente, valorar y apreciar a goleadores desconocidos.

Un pasado de sospechas.

El nefasto pasado de la Bota de Oro es causante de esto. Su institución en 1967-1968 tenía el sólo objeto de reconocer más allá de su hacer en el área, al máximos goleador del continente. Eusebio, de una liga aceptable y de un equipo grande, Benfica, fue el primer ganador con 43 goles, cifra altísima respecto a la media en las ligas más fuertes. Aun asó, en la tercera edición, Gerd Müller, del Bayern Munich, se hizo del premio con 38 goles (69-70) y en 71-72 con 42. Un año después de esta temporada, Eusebio repetía con 40, y en 73-74 Carlos Yazalde, del Sporting de Lisboa, se la calzaba con 46. En la segunda edición, Jekov la obtuvo con 46; era del Cska de Sofía, y en 70-71 fue Skable del Marsella con 44.
Ligas, salvo la alemana, de segunda fila hacia abajo las de los jugadores anteriores, pero todo encajaba dentro de la normalidad. Al fin que era menos complicado anotar en esas ligas que en las poderosas. Los clamores comenzaron en 75-76 con los 33 goles que le dieron la Bota a Sotiris Kaiafas (39), un desconocido jugador que así asomó desde la ignominia de la liga de Chipre. Una temporada antes, la Bota fue a parar a Rumania mediante Dudu Georgescu del Dinamo de Bucarest (33).
No se consideraba justo que las grandes ligas no pudieran competir, por sus marcajes más estrechos, por el premio. El absurdo quiso ser abolido negando concurso a las ligas del Este y a las otras pequeñas. No se llevó a cabo la intención y en 78-79, Georgescu y el Dinamo Bucarest repitieron, ahora con 47 goles. Eran cifras altísimas; casi increíbles.
Hasta entonces, se había tenido la décima edición, y salvo las dos conquistas de Gerd Müller, las ligas mayores sólo tuvieron otros dos lugares en el podio en esos primeros años. Lee (71-72, Manchester City, 33) y Heynckes (73-74, Borussia Moengedbladbach, 30), ambos en tercer lugar y compartido con otros dos jugadores (Heynckes con Müler).
Rumania, donde el deporte era instrumento de propaganda política bajo el régimen de Nicolae Ceaucescu, usó para tal fin el trofeo. La corrupción del fútbol allí, que determinó a Steaua y Dinamo como ganadores permanentes de ligas y copas domésticas, se extendió hasta el campeonato de goleo con el fin de obtener la Bota, que ocasionalmente seguía siendo ganada por Portugal, y a veces por Holanda; Inglaterra (83-84, Ian Rush, 32) fue la segunda liga grande, en poseerla.
La suspicacia precedió al escándalo periodístico en 86-87. Antón Polster (Austria Viena, 39), palpaba la Bota al término de la liga austriaca. Tim Allen (Tottenham) y Brian Mc Clair, goleador de raza (Celtic) eran sus únicos rivales, aunque al final apareció un inesperado Sirakov (Vitosha, 36) que se quedó con el bronce. Lejos estaba Rodion Camataru (Dinamo Bucarest), con 19 goles a falta de diez partidos en la liga rumana. Aunque su equipo ganó sólo dos de esos partidos. Se jugaba 34 fechas. En la 25, Camataru anotó cuatro veces en aproximadamente una hora; en la 26, una vez y de penalti; en la 27 se fue en blanco. Al cabo de 27 jornadas totalizaba 23 goles (ver más abajo para aclarar esta cuestión matemática); en las últimas siete anotó 21 goles, y con 44al final, provocó que Polster no asistiera a la ceremonia de premiación, a recibir la Bota de plata, porque se sintió robado (las fuentes coinciden en que Camataru llevaba 19 goles al cabo de la jornada 24, que marcó cuatro en las siguientes tres, y 21 en las últimas siete, lo cual daría 45, cuando es bien conocido que marcó 44). La desconfianza alcanzó a los organizadores. Tras caer la dictadura en Rumania las confesiones justificaron la incredulidad: todo estaba programado pare determinar al campeón de goleo en ese país, y con cifra alta para darle la Bota.
Aunque el registro oficial incluye a Camataru, éste fue desposeído y Polster recibió el oro.
Colak (Galatasaray, 88-89, 35) y Mateut (89-90, Dinamo Bucarest, 43) cansaron a la organización de sospechar y en 90-91 suspendió la competición. 27 ediciones, 82 botas entregadas (por las cuatro veces que el bronce fue compartido y una vez la plata), y sólo diez para las cuatro ligas grandes de siempre; o tres, porque Italia nunca la alcanzó en la primera etapa.
Baltazar (Atlético de Madrid, bronce 88-89, 35) le dio la primera a España que en 89-90 tenía la de oro con Hugo Sánchez (38) que se aprestaba a recibirla en solitario cuando cables desde Sofía anunciaron a un desconocido Hristo Stoitchkov (Cska) con poco más de 30 goles; el búlgaro empató a Hugo y se proyectó a la fama. Si Borges decía del premio Nobel de literatura, que servía para dar a conocer a escritores poco conocidos, con Hristo la Bota de oro, en su ámbito, promovía un objetivo equivalente.

La nueva era no acabó con la suspicacia.

Pero Adidas se cansó. Y los honestos también. Cuando Baltazar ganó el bronce, su escolta en el Pichichi, fue Hugo Sánchez con 27 goles que le alcanzaba para ser el máximo goleador en 27 de las 32 ligas que entonces tenía la Uefa. Esto era lo que seguía sin aceptarse.
European sports magazines apoyó el premio y lo reinstauró en 96-97 con la condición de valorizar por dos los goles en las ligas del rango 1 a 8 del ranking de la Uefa (hoy esto aplica sólo a las primeas cinco), por 1.5 a las del lugar 9 al 21, y por uno al resto, sólo para efectos de puntación de la Bota.
Goleadores de logas medianas –Henrik Larsson (Celtic, 2000-2001, 35) y Mario Jardel (Sportin de Lisboa, 2001-2002, 42) la obtuvieron con puntuación de 1.5 por gol. La primera edición de la segunda etapa del trofeo mostró el efecto del cambio de sistema. La clasificación entonces fue: 1.- Tony Bird (Barry Town, 44); 2.- Hakan Sukut (Galatasaray, 38) y 4.- Ronaldo (Barcelona, 34). La clasificación de la Bota, empero, alteró los ordenes. Ronaldo obtuvo oro, Jardel (30), plata y Sukur, bronce. El tercer lugar general, esto es son considerar el sistema de puntuación fue Serguei Raguchev del Olimpia Biltti con 35 goles, seis de ellos anotados en la ultima jornada de la liga de Moldavia. deComo Moldavia cotizaba por 1 para efectos de la Bota, no le alcanzó ni para el bronce, y nadie se interesó en investigar la honestidad de la marca ni la de su rival por el campeonato de goleo, Yuri Miterev, que anotó nueve goles en la misma jornada y acabó uno debajo de Raguchev. Con los 29 que éste tenía hasta la penúltima jornada, quedaba quinto en la clasificación general empatado con los goleadores de Malta, Suiza y Rumania.
No se supo más de estos dos jugadores, como tampoco de otros de ligas tan anónimas como la moldava, que tras la reinstauración encabezaron temporalmente la clasificación moderna.
En 1999-2000 y 2000-2001, Serguei Vasiliky del Slavia Mazur de Bielorrusia asomó en la tabla general, pero el sistema no le permitió figurar. En 2001-2002, un galés, Marc Lloyd-Williams (Bangor City, 47), volvió a encabezar la clasificación final de los goleadores de Europa, pero el sistema sólo le permitió ser quinto. En noviembre de esa temporada, la liga de Estonia había concluído dejando en el liderato de la Bota de oro a Makzim Gruznov del Trans Norda con 37 goles, que, lo dejaron, debido al sistema en el lugar 22 final.

Conclusión.

Los Camataru, Colak, Mateut o Pancev, se beneficiaron del sistema abolido para pasar a ligas mayores al ganar la Bota. El sistema de puntuación impidió la apreciación de nuevos valores porque al no ganar la Bota, como sucedería en un sistema parejo, no se nota su presencia.
La clasificación se satura de goleadores que suman dos puntos por gol, con alguna presencia de 1.5. Esto hace que el mercado de delanteros voltee más hacia otros lugares, Sudamérica principalmente, que encarezca a los de Occidente, y niegue oportunidad a los que simbólicamente son los Bota de oro reales.

Anuncios

Un comentario en “El sofisma de la Bota de oro.

  1. Pingback: Gaceta fútbol. 837 | Copa de Europa, fútbol, semiótica y antiperiodismo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s