El artilugio del Balón de oro.

¿Los veintitrés mejores jugadores del mundo?

Inspiración de un mes de primavera/verano, constancia durante un año, capacidad individual resaltada, cotización de mercado, liderazgo, limpieza, pero nunca una trayectoria de vida futbolística y pocas veces capacidad de equipo y disposición táctica. Los balones de oro se convierten a veces en estrategias –implícitas- de elevar hasta la desmesura la capacidad y la calidad de un jugador.

Fifa ha dado sus nominaciones al Balón de Oro que instituyó tras la Copa del Mundo de 1990, el cual ha contrastado con el Balón de más prestigio y credibilidad, por considerar aspectos meramente futbolísticos para su concesión.
Fue en 1956 cuando France football decidió otorgar, de acuerdo a las calificaciones de sus corresponsales, un reconocimiento que designara con un juicio de valor aproximado, al mejor jugador europeo en una temporada, por sus capacidades futbolísticas y no por representar un estatus extra deportivo. Durante 48 años, el palmarés del Balón de Oro ha inscrito nombres como el de Stanley Matthews, Alfredo Dí Stéfano, Bobby Charlton, Franz Beckenbauer, Johan Cruyff…quienes sólo se destacaban por sus méritos dentro de un terreno de juego. Como el premio sólo era concedido a jugadores nacidos o naturalizados en algún país de Europa, en 1990 European Sports Magazines (Esm), organización a la que France football perteneció entre 1999 y 2001, tuvo la iniciativa de crear un premio semejante que no distinguiera nacionalidades ni Ligas. Fifa aceptó tomar parte en la designación de la propuesta y desde 1991 entrega su propio Balón de oro, en base al voto de casi todos los seleccionadores del mundo.
En sus comienzos, el otorgamiento del nuevo Balón parecía coincidir con la premisa de su predecesor. Lothar Mattheus, Marco Van Basten o George Weah verdaderos contribuyentes a los triunfos de sus equipos y selecciones, obtuvieron el premio que no siempre tuvo respuesta seria por parte de los seleccionadores, pues su historia registra votaciones anecdóticas como la de Egil Olsen, quien siendo seleccionador de Noruega, dio en 1995 uno de sus votos a Helge Riise, la capitana de la selección femenil de ese país, mientras que en 1996, el director de Camboya votó a Van Basten, retirado cuatro años atrás, y el mismo año, Zoran Vrenjes y Somphau Phongs, seleccionadores respectivos de Trinidad y de Laos, agotaron sus votos en jugadores de las selecciones que dirigían.
No fue lo anterior lo que llevó a que el premio tendiera a perder credibilidad, sino el que Fifa lo usara como trasfondo en beneficio de sus interese mercantiles. Tras la premiación 2000, World soccer, miembro de Esm, reprochó que FIFA hubiese aprovechado el evento de premiación en Roma, como trasfondo de un espectáculo televisivo que además de dejarle muníficas ganancias monetarias, recorrió la ceremonia de enero a diciembre, para casi emparejarla con la de France football. Para la entrega del Balón 2001, France football ya estaba desligada de Esm.
Otra razón para restarle credibilidad al Balón de Fifa, es la oscuridad de los criterios empleados para su otorgamiento. Aunque la elección de los seleccionadores es compartida a partir de 2004 con la de sus capitanes y la de la Federación internacional de futbolistas profesionales, lo cual concede autoridad a la premiación, la votación está restringida a una preselección de jugadores hecha sólo por Fifa, de la que imperiosamente sale el ganador, y para la que el organismo que promueve la equidad del fútbol mundial, sólo suele considerar a jugadores de las ligas española, italiana e inglesa, con un lugarcito para la alemana y la francesa. La preselección parece considerar además de la capacidad futbolística, cuestiones de imagen y estatus social de los jugadores. En 2000, pareció influir para elegir a Zidane, su nombramiento como embajador de la Onu.
Los Balones han tenido, unas veces, relatividad. Si se premia a una selección nacional por ganar un torneo de un mes de duración, hay validez, puesto que no disponía de otra ocasión formal para mostrarse. Pero es fascista que a un jugador se le premie sólo por ese mes, más si no juega en una Liga potente. Es un caso análogo al del Oporto en 2004.
Si Ronaldo lo recibió en 2002, a pesar de sólo haber tenido ocho partidos buenos ese año, sin importar que fueran los del Mundial y el de la Copa Intercontinental, ya que no se premió la constancia de jugadores que destacaron durante todo aquel año, extrañó, si esos partidos son la referencia, la ausencia de Zagorakis en la terna Fifa 2004, año en que el griego fue elegido mejor jugador de la Eurocopa, o la de Adriano, figura máxima de la Copa América ganada por Brasil ese año. Es la constancia lo que France football –que también coronó a Ronaldo en 2002- había premiado, lo que concede verdadero mérito porque al abarcar la valoración de los jugadores un año calendario y no futbolístico, se considera el rendimiento de la mitad de una temporada y del comienzo de otra, aunque es lo hecho en la primera lo decisivo, por ser cuando se disputaron los títulos.
Mas France football tampoco revelaba cuáles eran los criterios de sus corresponsales. Cierto que Fifa considera el talento, la técnica y la capacidad individual, pero no la disposición táctica, la labor estratégica, la labor de equipo y la capacidad de sacrificio. Si se consideraran todos los factores mencionados, el grupo que se habría repartido la mayoría de los balones en los primeros años del siglo XXI lo conformarían jugadores como Raúl, Davids, Roberto Carlos, Van Nistelrooy, Koller y hasta Van der Sar…
Un juicio de valor de cierta autoridad, sería, aparte de los criterios mencionados -empleados por Kicker, otro miembro de Esm- considerar el coeficiente de las puntuaciones que semana a semana otorgan los medios a las actuaciones de los jugadores, como las que toma Esm para confeccionar su equipo europeo del mes, pues dicho coeficiente es producto de diferentes opiniones por las maneras disímiles de apreciar el fútbol por parte de cada analista.
Es por eso que el palmarés del Balón de France football incluye jugadores que no ganaron un título grande en el año que lo recibieron, pero que tuvieron un rendimiento marcado por la constancia. Stanley Matthews (1956), Luis Suárez (1960), Omar Sívori (1961), Josef Masopouts (1962), Lev Yachine (1963), Denis Law (1964), Florian Albert (1967), Allan Simonsen (1976)… lo certifican.
Pero se conoce el simplista criterio de Fifa para elegir su terna, por lo que su lista de nominados es una farsa. Ejemplifica el año 2005. El criterio del jugador espectáculo y de la inclinación hacia los brasileños, dio por finalista a Ronaldinho, que acumuló otro año sin ganar un torneo importante, pero si seguramente se toma en cuenta, por ser evento Fifa, la farsa que es la Confederaciones, Kaka´, entraba entre los hipotéticos. El campeonato europeo de clubes de Europa haría dado por elegido a Gerrard, pero el de América –lleno de brasileños- no cuenta para Fifa (France football sólo considera jugadores en ligas europeas), pese a que Lugano, Danilo y Luizao tuvieron con Sao Paulo un nivel equivalente al de los jugadores de Liverpool, que sólo tuvo a Gerrad en la lista Fifa. El complemento de la terna, debía de ser un elegido como jugador más valioso de una liga potente, al igual que el de campeón de Europa, no elegido por Fifa, que roba nominaciones de las Asociaciones nacionales o continentales. Considerado el factor del equipo espectáculo, Lampard podría haberle disputado a Kaka´ la tercera posición. Para Fifa. La gente de France football repartió la mayoría de sus votos entre Gerrard, Lampard, Shevchenko y Ronaldinho.

Más disparidades.

La apertura dada para que el premio fuera accesible a todo el mundo se sabía que era sólo por concederle su espacio a la democracia; se entendía la participación de esta como testimonial porque no dejarían de valorarse las nominaciones en base a la Copa del Mundo, la Eurocopa y la Copa de Europa.
El desplazamiento, convertido en 2010 en absorción, que Fifa hizo del Balón de oro de France Football, estableció una teocracia fascista porque la casa de Zurich impuso sus reglas, las mismas que tenía para su balón, y que solían basarse en aquellos tres torneos, mientras France Football veía más a la figura de una temporada notable.
Así es que el premio está hoy en casa de los herederos de gente como Stanley Matthews o Lev Yachine, recipiendarios sin estar involucrada su capacidad con los grandes torneos internacionales en el año que lo recibieron.
El fascismo se volvió teocracia en Fifa al delimitar la elección de los candidatos a una diminuta comisión y no más a los seleccionadores; estos votan a las figuras que les imponen, si bien, se acabaron con esto votaciones inverosímiles o jocosas como las anotadas en el primero de estos apuntes.
En un año sin Mundial ni Eurocopa, cabe la pregunta de si la Copa América puede no sólo influir, sino determinar al recipiendario. La equidad y el sentido común tienen la palabra. Lo de la Copa América es tema que se expone en apunte aparte.

Epílogo.

El Balón de oro apreciado por la crítica, el de France Football, ha muerto y el de Fifa pierde pronto interés porque queda muy predecible desde la mitad del año; lo que sucede de julio a diciembre, salvo Mundial o Eurocopa de por medio no cuenta y, si se ve bien, se considera principalmente lo hecho de enero a junio para otorgar el premio, ni siquiera la temporada completa
La Bota de oro, creada también por France football en 1968, dejó de otorgarse de 1992 a 1997, debido a que conteos como el de Dorian Camataru, que en las últimas ocho jornadas de la temporada 86-87 marcó 25 goles, dejando furioso a Anton Polster con 39 goles que sólo le valieron para la plata, propiciaban sospechas después confirmadas, hasta que en 96-97 Esm la rescató dando a los goles un valor de acuerdo a la posición de la Liga en el ranking Uefa. Para el Balón de oro no es posible un criterio similar, ya que no todos consideran (como Kiker) los criterios señalados, ni se cuenta con una unidad de medida, como el gol, definitiva.

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2 comentarios en “El artilugio del Balón de oro.

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