Champions league 2014-15. Cuartos. Ida. La resistencia del estilo.

Se afirmó decisivamente la tendencia de los protagonistas de los años siguientes, y algunos tiene un partido para defender la suya por la exigencia de remontadas inéditas.

             El 4-3-3 volvió a ser sobresaliente con su empeño en un ejercicio de toque que renunció a recursos emergentes.

            Lo prueba que sólo un gol se marcó desde fuera del área y ninguno con la cabeza.

            La defensa de tres, estrategia de cierra, fue empelada como posibilidad de aumento de ataque.

            Sólo Barcelona mantuvo su modo durante todo el partido. El fútbol decreciente o impotente surgió en los otros

            Bayern, herido de muerte. Nunca regresó de al menos dos goles de diferencia tras una ida.

           Psg sólo había perdido una ida dos veces. Remontó una, la más complicada.

          Porto planteó otra respuesta del juego de los protagonistas.

          Cinco suspendidos para la vuelta.

La jornada dejó el anuncio definitivo del fútbol que jugarán los equipos que estelarizarán el torneo en los años más próximos. Un juego de paciencia, tanto en su desarrollo desde el laboratorio como en su práctica, es el modelo que seis de los cuartofinalistas aplicaron. Cada cual en su modo, y ninguno por recurso, el 4-3-3 que desplazó con decisión al 4-2-3-1 que sólo el Atlético defendió pero con el mediapunta confundido como segundo delantero.

Retirados los equipos de animación, los que ensayan dispositivos cada partido, a veces concediendo la iniciativa antes que defender una propuesta de rutina, el presente de la Champions se vio en el progreso de un juego de secuencias prolongadas de gol, sin empecinamientos que parecen ser privativos de Joseph Guardiola, al que, como se reiteraba desde sus días en Barcelona, pronto se le agotó la inventiva con su rutina mecánica que retiene el balón sin pensar.

Se ha establecido aquí que equipos como los de Pepp son los que motivan las mayores innovaciones tácticas por lo que generan para decodificarlos o deconstruirlos. Dan surgimiento a tendencias que responden a la necesidad de un momento o de una época sin la presunción filosófica particular de estilo como el del español, y que ofrecen una manera de solucionar el fútbol. Guardiola ya no la tiene. Su fútbol es más que nunca de otro tiempo. En él, la vanguardia, que se ha estipulado en estas notas, es presente, se asume en su acepción general de futuro por el requerimiento de capacidades y desenvolvimientos que no está permitiendo el fútbol europeo actual.  Ya Bayern Münich había realizado la transición del dominio vigente con su derrota al Barcelona en 2012-13. No es novedoso el apunte. Se le dio seguimiento a una evolución y confrontación histórica de los modos d ambos para fundar el apunte de entonces.

El Bayern aportó a la reflexión mayor de la jornada, con mucha ayuda del Porto. El alemán era el equipo con más indisposiciones por lesión (seis). En otros, esto era poco notorio, pero con jugadores estimados clave, y sólo de Bavaria no supieron hacer su juego. Dejaron su 4-3-3 conocido, porque Múller dejó de ser el extremo de sus primeros años para ser un segundo punta oscuro, y Götze, al que el sistema de Joseph no le brinda la posición de ‘6’, no se siente cómodo cerca de la banda.

El juego era el mismo. Y Porto lo entendió. Se anotó en el previo que era una eliminatoria que podría ganarse desde la elección del saque de salida. Lo tomó el Dragón y antes de que el Bayern, que se presentó con 270’ sin encajar en el torneo, tomara el balón para hacer su monólogo, ya lo tenía 2-0 cumpliendo un postulado de Lopetegui que la historia reciente del Bayern tiene como aserto. Uefa divulgó un día antes de la jornada al español diciendo “un equipo con 20% de posesión puede ganar.” Sentencia ambigua. O se entiende en no entregarse a la confianza que da la tenencia [ver previo] o como advertencia de que la explotaría con efectividad total. Como si la previsión hubiera estado condicionada al ejercicio de retención del Bayern en un deporte que se juega más tiempo sin balón. En el no tener estuvo la estrategia portuguesa. Presionar. Hasta cuatro jugadores sobre la salida del München al que hizo tocar horizontal y explotó la confianza en el toque de los visitantes para robar y acuchillar entre los dos centrales.

Bayern conocía la historia que vivió. En 12-13 Bate le hizo lo mismo. Con tres cuartos de tiempo de tenencia y más de veinte remates por sólo tres a portería de los bielorrusos, Bayern perdió 3-1.

Lo de Porto no es aún madurez pero la sensatez que enseñó lo inscribió entre los grandes sin serlo todavía. Entendió cómo era su partido. No reñir el balón, y lo tomó cuando vio éxito en el galope solitario. Dejó al Bayern deshacerse en la espera, y el juego sin balón del Dragón edificó una muralla, la que es constate en ejecutantes del 4-3-3 en esta edición.

Lo hicieron Psg, Mónaco y Real Madrid,  Juventus en su 4-4-2, en una renovación del pacto táctico para dejar arrimarse al rival y encontrar el espacio amplio. Cuando el fútbol podía presagiar una estrategia de patear desde media o larga distancia, o buscar el desborde para asistir por alto  penetrar candados en 4-5-1, la secuencia larga de gol que hace vulgar el remate distante se estabilizó como la tendencia de los grandes con la revivificación del fútbol de inventiva personal asociada en equipos que ya no se entregan al empalagamiento de balón.

Por eso Barcelona alcanza una madurez. Jugó sin presión porque París lo esperó con toda su alineación no más allá de treinta metros de Sirigu, a veces con Lavezzi y Cavani, los dos que eran punta en el 4-4-2 de contención, detrás de sus mediocampistas, en el pivote del esquema de Blanc. No tuvo Laurent nomina para su 4-3-3 y aún sometido su equipo, Luis Enrique fue cauto. Varió a 34-3 para cubrir el centro de su defensa sin perder potencia por los laterales que se relevaban con Neymar o Messi, y se permitió liberar con seguridad a Piqué o al Jefecito. Recordar que el único ataque en que París lo tomó con superioridad: cinco atacantes contra dos defensas, se debió a la excursión de Gerard a la zona de mariscalato, y Javier cortó el avance (27’).

Escena quizá clave. Suponía el 1-1 y ahora París que perdió por sexta vez en 21 partidos que jugó en eliminatoria, recibe una situación que conoce a medias. Fue su tercera derrota en una ida. La primera ha sido la única ocasión que perdió los partidos de la su llave (94-95, semifinal contra Milan). En la otra, regresó de un 3-0 que le impuso Uefa por alineación indebida (había perdido 3-2 en Steaua en la previa 97-98). Ahora le es más complicado.

Bayern es el otro que quedó contra la historia. Se relaciona por separado su situación de no haber sorteado una llave luego de perder la ida por más de un gol.

En estos dos partidos sobresalió la tendencia del estilo instituido. Ocho goles (uno de penal), y sólo uno desde fuera del área porque el desvío de Mathieu al envío de Van der Wiel no se cuenta como autogol por no alterar el rumbo del balón a portería, o se tendría el cien por ciento de los goles de la fecha desde e interior del área, aunque ese del París se excluye del estilo anotado por haber sido desde fuera del área.

El gol restante, único de Juventus-Mónaco, de penalti, en partido de constante compartida. La de la Signora, que decidió el 4-4-2 que manejó más en el tiempo de Allegri, pero volvió al 3-5-2 debido al resentimiento de lesiones, o estas ocultaron la intención de cubrirse con el tercer central y abrirse hacia los lados. Sin Pereyra funcional en el enlace por el centro, el equipo ganó el partido con él por derecha, Vidal constante por izquierda y Marchisio de medio centro. Ganó el partido, así, por dominio y represión a un Mónaco sin salidas ni despliegues sólidos, que devolvió a Fabinho a lateral, después de iniciar con él donde parece da más fuerza, de ‘5’; cerró a doble pivote a Kondogbia y Moutinho, y activó a Berbatov como fallido ‘9’.

El sistema en Mónaco no hizo a la individualidad como sucedió en el encuentro de madrileños que tuvo a un equipo tan sensato como Porto. Atlético fue el comprendedor de su juego de cerrarse y aguardar por el contra que no llegó. Hizo permisivo el fútbol de un Madrid al que no le disputó la pelota y que por Oblak no comenzó a redactar la sentencia de la eliminatoria en el primer tiempo, pero no pudo estirarse como lo ordenaban sus ideas por la colchonera por los laterales.

Se acudió a una de las posturas más honestas del derby. Se escribió que lo derbico quedaba al margen de la Copa de Europa y se vio que en ella no se juega ni se gana como sea; como es pregón de un derby o clásico, porque influye la exigencia de la competición, y fue quizá el partido planeado con más conciencia de los doce que acumularon Simeone y Ancelotti en los bancos de los equipos.

Ninguno tenía secretos ni motivo para la novedad. Atlético tenía domado a este Real y su sensatez le indicó reñir en táctica, no en físico ni en correteos. Entendió que el balón era del Madrid; que asfixiar en el centro y las salidas no dejaba de exponerlo al latigazo, y se dedicó a bajar una cortina de hierro y a cortar y trabar los laterales. Desde allí no debía salir el balón, y si sucedía, había que evitar el remate y así ocurrió. No permitió muchos remates de media distancia, de donde salen balones que los porteros temen por salir desde la nada detrás de defensores y atacantes. Oblak, la figura que creó el sistema blanco, se anotó en las grandes noches de porteros madrileños en la Copa, ante la versión europea del Real Madrid que fue modificado al 4-4-2 de contención al prescindir de Benzema, cuya función de ‘9’ asimétrico no vio Ancelotti la solución. Simeone acudió al mismo esquema, diferenciado con Torres de extremo para predecir el recurso final, el de un balón hacia la cabeza de Mandzukic, que estuvo a punto de firmar otro segundo maldito, esta vez en favor del Atlético, cuando el balón le quedó alto y a continuación se escuchó el último pito.

Con el 0-0 Atlético venció por ser el que dio cumplimento a sistema, que junto con el del Real hizo figura inevitable a Oblak, que  se ganó la repetición para la vuelta, la cual no contará con Mario Suárez y Marcelo, suspendidos por tarjetas, igual que Sandro y Danilo, los laterales de fondo de Porto. Aurier, del Psg sufre lo mismo.

Una fase que certifica el modo visto del 4-3-3 sin tenerlo por constante. Se mostró en la variación de Barcelona, Juventus y Bayern, acaso los más avanzados junto con el Madrid en materia táctica; los tres primeros en la conversión a esquemas con tres defensas por el entendimiento de cubrir al único pivote con un tercer central. Allí se ve la más grave transición desde el 4-2-3-1 con la resta de un contención y la ganancia de un atacante con la liberación de los dos laterales que da el tercer central. Se vio esto cuando Conte puso 3-5-2 en Juventus.

El once de la jornada.

 Oblak

9

 Montoya                    Varane                      Godín                         Sandro

7                                 7                                 7                                 7

 Busquets

7

Herrera                                  Vidal

7                                             7

Quaresma                             Suárez                                  Martínez

8                                             8                                             8

 Dt: J. Lopetegui.

El once de la Uefa:

 Oblak

 Ramos                       Godín                      Mascherano                         Siqueira

Alcántara

Busquets                              Vidal

Quaresma                             Suárez                                  Martínez

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