Champions league 2014-15. Cuartos. Vuelta. Abdicaciones y apologías.

Una de las jornadas con menor producción de goleo ratificó decrecimientos de juego y soluciones al estilo predominante, que esta vez exhibió otra efectividad.

                         Apología del goleo con cabezazo.

                         Como en la ida, casi todos las metas dentro del área.

                         Sólo Juventus hizo valer la defensa por la defensa. Buffon va hacia otra marca de invulnerabilidad.

                         Bayern y Real, adecuados a esquemas de seguridad para la secuencia del gol.

                        Mónaco y Atlético  se retiraron con muchos minutos de sequía goleadora.

                       Porto y los colchoneros no asumieron lo que hicieron en la ida.

                      Cuatro autoridades en la semifinal.

Ver la mezquindad de la jornada es para los que continúan apreciando el futbol como una simple finalidad de goleo, sin estimar los medios; estos son los que miden el estado de cada cultura futbolística y la presente Champions no cesa de promover la maduración de los que dominarán en los próximos años.

La hegemonía del 4-3-3 predominante puso ya un estado de dominio propio del fútbol que hoy hacen las potencias para constituirse en una tendencia que se actualiza en los opositores de las fuerzas dominadoras.

Se escribió desde el final de la liguilla de la saturación de equipos prestos para marcar época que encabezarían los bombos en las fases de eliminatoria. Los cuatro con mayor convencimiento, tres anticipados desde 2012-13 como los determinados por su juego a tomar el mayor protagonismo, están de nuevo en la última llave. Real Madrid, Barcelona y Bayern Münich. El cuarto, Chelsea, tuvo una salida circunstancial de la edición.

La ida confirmó la estabilidad del 4-3-3 que se analiza, mismo que en la vuelta tuvo replicón incluso de parte de sus profesantes con sistemas que los despojaron de filosofías personales o particulares. Los calificados a semifinales fueron la expresión de lo anotado en el previo a la final 2013-14 –y en apuntes posteriores- de la procura de un fútbol ideal, el efectivo más allá de defender estilos sólo por el empeño de ejercerlos.

No considerar en Bayern y Real la variación por lesiones. Pocas jornadas de cuartos en años recientes contaron el número de ausencias que acumularon entre esos dos equipos. Los partidos no los ganan o pierden los que no juega. La no supeditación de un planteamiento a la figura individual a la que desarrolla una función excluyente o privativa, expuso la potencialidad de esos dos, a la altura de una Juventus y de un Barcelona.

Se vio, sin embargo, una jornada que rozó todo límite del equilibrio. De eso se infiere el escaso número de anotaciones. 10, por 9 de la ida, y como entonces, extraña la que no se produjo dentro del área. En el interior de la caja se marcaron 8. De las dos desde fuera, una por golpe franco y una similar a la que pudo haberse dado por autogol de Mathieu (finalmente concedido como autogol) ahora con Martins Indi desviando el balón que no perdió su dirección a portería, pero sí su rumbo y así derrotó al portero.

Pero de los ocho, 5 surgieron con la cabeza, el recurso ausente en la ida. Tuvo que ver el medio. El entendimiento de jugar con más seguridad. Guardiola no complicó su pensar, y sacó el esquema que menos venía empleando, plegando su filosofía personal a la comprensión de que es el que le da más seguridad. 4-2-3-1 práctico, con el que recuperó la entrada por los extremos gracias a Bernat, un misil desde el lateral izquierda, y al posicionamiento de Lahm como extremo derecho; Müller hizo le segunda punta a Lewandoswki, y el motivo del regreso del Bayern deseado por el espectáculo se atribuye a Thiago Alcántara, el jugador que al que se adapta todo sistema del Pepp. Por eso insistió en su contratación.

Influyó en la eliminatoria la circunstancia. Porto creyó tener mucha tarea hecha. Y no sabe aplicarse más que en su modo típico, o como en la ida, esto no lo hizo y Bayern, que era el poseedor del derrotero por saberse que tendría el balón y las mayores conclusiones a la ida, vistió su esquema más seguro. No se empeñó en el puro toque si desbordaba, vio el partido por alto. Si lo apuraba la escena, el remate de media distancia. Más si se lo obsequiaban. Dos golpes francos, y un gol.

Similar postura del Barcelona, que consumó una meta con cabezazo en la exhibición más madura de la jornada. Quizá el mejor Barcelona en siete temporadas de Champions por la conciliación de su interpretación de un fútbol de época y la necesidad del presente. Se escribió tanto de su falta de variedad en la secuencia del gol; de su si su estilo se agotaba en una práctica predecible que favorecía al rival; de si había que cortar, a veces abruptamente, la secuencia del gol con el remate distante. Luis Enrique detuvo el desvío de la tipicidad del equipo devolviéndole, o reafirmándole, un fútbol ritual que se nutre de sus defectos. Barcelona jugó como no le gusta que le jueguen. Tiró la soga en el centro del campo; generó horizontalidad en el Psg, y no permitió las transiciones. Enseñó cómo se esteriliza a un equipo de fluir de toque continúo e incesante.  Y aprende a rentabilizar su tiempo sin balón. Sabía que este le pertenecería. Porque la presencia azulgrana provoca que el otro mida el partido a partir de la tenencia culé antes que con la propia y planea su recurso con base en eso.

París no se presentó más que testimonialmente. Como Porto, en el primer tiempo. El Dragón entró en juego con una 3-5-2 que tuvo a Casemiro de tercer defensa en la función que se pide a Xabi Alonso en el Bayern, de tapar el espacio entre los centrales y abrir la válvula de los laterales. Y los perdedores provocaron el entendimiento de jugar sin balón en Barca y Bayern, que apenas rebasaron el cincuenta por ciento de tenencia en los partidos más lúcidos que tuvieron en la temporada de Champions.

Tener no siempre es el mejor medio de defensa. Lo dice la serie Mónaco/Juventus. El monegasco aplicó el 4-3-3 de tendencia analizada en las fases recientes. Asumió sus posibilidades en poseer y no prolongar las secuencias de gol. Su fútbol directo, una prospectiva de la Europa actual, topó con la que podría ser la mejor defensa del torneo. Allegri volvió al 5-3-2. Una escena del primer tiempo donde Vidal, Chiellini, Pirlo y Evra rodean a un rival que entraba al área, enseñó cómo truncar una secuencia. No le salió a los italianos el partido al contragolpe y Llorente, por Morata que n gozó de espacios para correr ni abrirse, surgió como opción. Estaba cantada la intención de Allegri de fiarse a un balón elevado, desde donde fuera. La presencia del español no ayudó y el 0-0 anunció la entrada bianconera a semifinal después de doce años. Mónaco no anotó en sus últimos 270´en la edición, y Juve, con Buffon, encajó una vez en sus más recientes 480’.

Se trató de la tercera vez que una serie tuvo global de 1-0 con gol de penalti. Por separado se presenta esta estadística que enseña que 4 de las 70 eliminatorias de Copa de Europa que terminaron 1-0 en el global, vieron su gol en los últimos 4’ de tiempo regular o extra.

La del Bernabéu fue la sexta de global 1-0 en cuartos de final, y la segunda en esa fase decidida en los cuatro minutos finales.

Atlético anduvo en el escenario que sigue labrando la grandeza del Madrid, que con las variaciones de Ancelotti invalidó toda reacción de un equipo sólo de teoría porque nunca consumó un proyecto de ataque y que, apostado para los lanzamientos desde el punto de penal, no soportó la única combinación que cuajó el Merengue.

Menos sensato que en la ida, Atlético reiteró lo que entendió entonces. Ceder el balón al que lo debía tener y Simeone apeló al poder que tiene en La Liga en fechas recientes. Doble punta con Griezzman, y formó un mediocampo más cerebral encorsetando a Koke en la contención por querer darle a Gámez el relevo lateral de Ñíguez. La teoría de Ancelotti salió mejor. O más, bien, esa sí funcionó. Guardó el 4-3-3 por un movimiento que resultó magistral. Ramos de mediocentro en el 4-4-2, cubría al lateral derecho. Le llegaba franco el ‘9’ rojiblanco, Mandzukic, cuando este retrasaba su posición; se hacía central en defensa y estaba menos lejos del área contraria, a la que podía arribar sin restar la presencia de un central. Son Sergio, Kroos quedó como ‘4’ libre. James e Isco, sin desborde, tenían que ser arquitectos entre la telaraña literal que extendió el 4-4-2 atlético. Puro pizarrón de Simeone que devolvió a Koke al costado; con Gabi de aluzador por el centro. Expulsado Arda, puso 4-4-1 con Giménez por segundo punta. Pasaba lo que en la final 2013-14. Ancelotti al parecer lo vio Simeone agotaba cambios y recursos, planeado en disposición del rival; sin fuerza ni pensamiento, empecinado en llegar hasta la última definición. El Madrid la dio para sí en la púbica escena de consumación de la asociación que buscó. La que se llevó en su edificación a un Oblak al que ya se le atribuía la cualidad de lo invencible. Y entonces, a partir del 90’, los tres cambios, recurso para jugar con el tiempo agregado.

Atlético se fue con un gol marcado en sus más recientes 506’, y uno en contra en 331’ (y Oblak con uno en 314’).

Jornada excluyente de parte del Madrid. Los demás semifinalistas tiene dominio del sistema que usaron y sólo Barcelona y Juventus son consistentes como lo plantean. Más, hasta ahora, el Barca.

Las semifinales evaluarán los cuatro poderes. Todo cruce que salga en el sorteo será para la videoteca.

 

El once de la jornada.

 

Oblak

8

Alves              Boateng                    Bonucci                    Bernat

8                     7                                 7                                 8

Ramos

8

Lahm                                     Alcántara

7                                             8

Müller                        Lewandowski                                  Neymar

7                                 8                                                         8

 

Dt: Luis Enrique.

 

El once Uefa:

 

Oblak

Boateng                    Bonucci                    Bernat                       Alba

Kondogbia

James Rodríguez                            Alcántara

Neymar                                 Hernández               Müller

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