Champions league 14-15. Semifinal. Vuelta. Bayern Münich 3 Barcelona 2. El brazo que aún no llegó a Berlín.

Barcelona hizo ver falsa la superioridad del Bayern, al encararlo con una actitud de soporte al marcador global, y aunque el bávaro se clamare mejor por el acribillamiento que exhibió la parte frágil de la contención culé, no tuvo lo que el Azulgrana: goleo cuando llamó a puerta y no hubo más diferencia que eso y Ter Stegen.

             Triunfo, el parcial y el global, de actitud por lo implacable del Bayern y la relajación del Barca.

             La mayor remontada en la historia del torneo fue asumida por el equipo alemán, sin goleo para ello.

            Por eso, por la falta de acierto en momento puntual, volvió a reprobar el modo de Guardiola.

           Sólo en las porterías no perdió Barcelona. Al anotar y con un portero de alta escuela.

Nadie que hubiera anticipado al Barcelona en la final basado en el marcador de la ida puede vanagloriarse de su vaticinio. Porque un 3-0 que con el respaldo de la historia, la de los ocho equipos (6, dato oficial de Uefa) de 122 que calificaron luego de un 3-0 en ida, vuelve axioma la previsión, y porque anticipos como aquel se funda en una teórica comodidad del favorito, y al Barca le salió un equipo hecho para los partidos imposibles.

Uefa, en su portal, anunciaba el día del partido que Barcelona tenía los dos pies, la cabeza, el torso y un brazo en la Berlín. El otro brazo, el cinco por ciento del cuerpo humano, correspondía al porcentaje de equipos que en Champions league se levantaron de aquel 3-0 (los 6).

Y ese brazo lo llevó el Barca a Múnich antes que a Berlín. Con él, Ter Stegen, con la técnica del portero que es espectacular sólo por necesidad, abortó la sublevación del Bayern. Müller y Schweinsteiger toparon remates –uno cada cual- contra el brazo que evitó al primero eclosionar el partido, porque replicaba el 1-1, y a Bastian impulsarlo desde el 2-2, marcador este que demoró y a partir del que apareció la duda de si los equipos fingían que había eliminatoria o que en realidad a la misma le iba a faltar minutos.

Bayern buscó inscribirse en un selecto grupo de equipos que macaron cinco goles en un segundo tiempo. No quería ser el Legía de Varsovia que en 69-70 le hizo ocho al Arad en ese periodo. Se conformaba con ser como el Manchester United que en 57-58 le marcó cinco en el complemento a Shamrock Rovers.

La historia existía. Pedía en este Bayern elixir de resurrección. Dos factores ralentizaron el acontecimiento conduciéndolo hacia su eventual aborto. El empate de Neymar, que frenó la tromba alemana; el segundo gol del brasileño, que la aplacó, e intercaladas con ambas metas, las dos intervenciones de Ter Stegen y, tras la segunda, una doble y providencial al no vencerse luego de un bloqueo (con el otro brazo, que se transportó desde Berlín) y zambullirse como héroe Neptuno para alcanzar el balón que entró a puerta por centímetros.

En muchos casos, situaciones como esas rubrican una eliminatoria. No cuando hay un equipo hecho para los marcadores impensados. Un Bayern que se pareció al Bayern en espíritu y lucha, y en auto confianza. Sólo los que sepan sobrevivir y lucha aun sin esperanza hasta la muerte, serán prósperos, dicen unas líneas que han de ser denostadas en Alemania. Pero ese es el mayor fútbol de dicho país.

Guardiola no evitó el tuteo que llevó el juego al frenesí. Luis Enrique le puso a Messi como catalizador por el centro. Suárez se encargaría de acuchillar a Bernat, que Neymar conocía ese oficio para tratar a Rafinha. Benatia sobró en la danza por quedar lejos al salir a buscar a Lio, que apareció lo que el músculo le permitió al cerebro. Bayern cumplió el pronóstico de tromba sobre el área del Barca. Multiplicó jugadores, como antes, en otros tiempos, para presionar y cortar el juego catalán. Luis Enrique entendió su partido en pocos toques. El juego directo que citara al rematador ante el portero. Con eso marcó la primera diferencia. La que consumó en la ida. Estos partidos claman un goleador excluyente. De los que no fallan en la consciencia de que sus ocasiones serán limitadas. De esos no tuvo Bayern. Que se cansó de rematar por alto; de asistir el cruce; de patear desde fuera del área. Barcelona enseñó simple la ecuación. Y apareció su relajación más que su fútbol, y acabó siendo espectador del monólogo alemán. El sistema de Guardiola no es de goleada en partidos trascendentes. Su Barcelona se llenó de títulos con marcadores mínimos. En volver el toque una retención y horadar. Por eso no se permite fragilidades en defensa. Y la tuvo en los goles encajados. Por eso no quería Pepp un partido como el del primer tiempo, a ida y vuelta, consciente de la desnudez de su defensa.

Soñó con la remontada. Eso: soñó, porque puso al Barca en el paredón sin tener munición sólida. Götze por Müller, un creativo que traslada el balón, por un goleador de cepa, el mejor jugador de su equipo hoy, reiteró la tendencia a pasear el balón sin pensar. Consiguió que Barcelona no rematara más luego del 1-2. 68’ más los agregados, pero el culé había dictado la lección. Para ganar, hay que marcar. Para qué rebuscar el fútbol.

Análisis.

 I. Táctico. Así, como se concluye el apunte, entendió Barcelona el partido. Hacer valer el axioma de que el gol es el táctico. Rakitic dio el primer aviso. El 0-1 frustrado, y Neymar no falló en el segundo de su equipo para darle el comando por actitud de ánimo, que no pudo sostener Bayern con el 1-0. En las áreas ganó el Barca la eliminatoria.

 II. Portería. Adelantó la lección con su poder de ataque, desde la ida, y la cerró con Ter Stegen magistral. Entre equipos goleadores un partido se gana en las áreas, por acierto o por guardameta. Barcelona lució los dos factores.

III.- Fortalezas. Bayern pegó donde es más vulnerable el Barca. Por aire el 1-0; mano a mano el 2-2 cuando Lewandowski le hizo baile al Jefecito en pivoteo, y 3-2 de media distancia también en pivoteo.

IV. Fragilidades. Barcelona también operó, sin meditarlo, sobre la vergüenza táctica del Bayern. Messi, como catalizador central, inventó lo difícil con clarividencia. Ruptura del fuera de juego a una defensa que no sabe aplicarlo, y se confunde en las marcas al verse sorteada. Suárez se encargó del resto. Ganar espaldas, cruzar, y Neymar de lo otro: 1-1 y 1-2.

V.- Inercia. Logró Bayern su juego pretendido. Tener el balón y ver al Barcelona titubeante. Pero llegó a lo de siempre; a lo que denunciaba al Barca de Guardiola. Un ejercicio de retención sin pensamiento que escondía la impotencia. La mengua azulgrana se permitió por la amplitud del marcador global, pero esta se tuvo por Ter Stegen. Por decisión, la eliminatoria pudo haber sido declarada empatada; como antes cuando contaban los puntos y no el goleo global. Es ir a lo mismo. A la maestría de hacer las metas y manejarlas.

En estos cinco puntos está también la clave de la eliminatoria.

Bayern

Neuer 6

Rafinha 6, Boateng 6, Benatia 6, Bernat 6

Lahm (c) 6 (Rode 66’ 6), Schweinsteiger 7 (Martínez 86’), Alonso 6, , Alcántara 6,

Müller 8 (Götze 6’), Lewandowski 8.

Banca: Reina. Dante, Weiser, Pizarro.

Dt: J. Guardiola.

Barcelona.

Ter Stegen 9

Alves 5, Piqué 7, Mascherano 5, Alba 6

Rakitic 6 (Mathieu 71’), Busquets 6, Iniesta (c) (Xavi (c2) 74’)

Suárez 8, Messi 6, Neymar 8

Banca: Bravo, Rafinha, Bartra, Adriano.

Dt: L. E. Martínez.

Árbitro: Clattenburg 6

Líneas: Beck/Child

Fondos: Taylor/Marriner

Bancas: Burt.

 

Valoración del partido: 8.

 

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