Fútbol y política. Ex futbolistas que buscaron cargos de elección popular. Football and politics. Former players who sought elective office.

La sociedad del jugador con el público se da cuando aquel se involucra con su entorno y salta desde su fama e identificación con el espectador, hacia otra miticidad.

Cuando un ex futbolista fallece se dice que el fútbol lo perdió. Falso. El fútbol lo perdió cuando él se retiró. Lo que se desvanece con la muerte es el enlace que una figura tenía con su mundo social, influencia que en muchos casos se extiende más allá del retiro de las canchas.

En sociedades en las que a la gente le cuesta trabajo enfrentarse a su realidad por la falta de logros personales y dificultad para cumplir proyectos o sueños, se tiene el escape del deporte u otro evento masivo en el que las personas llegan a refugiarse en los actores, mirando en ellos su identidad o los valores que no pueden alcanzar.

En el análisis de las posibilidades de Pelé de ser presidente de Brasil, la revista Hombre de mundo, en su ejemplar de julio de 1991 [V. 16, no. 7, pp. 18-19] exponía la penetración del ídolo en su pueblo: “Si Pele nos dio las más grandes satisfacciones de la historia de Brasil con su juego bonito, sus goles y su enrome talento como jugador de fútbol, ¿por qué entonces no puede darnos las mismas satisfacciones en el campo político?”, reproduce en el artículo Fernando Arrejuria.

Se ha estudiado en estos textos al ex jugador de fútbol de los países con mayor arraigo de esa práctica (deportiva o de simple convocatoria de masas) como símbolo o un mito de su cultura y el legado que deja como parte de una mitología global de ella, porque el fútbol es inherente a la cultura.

El futbolista, se escribió en uno de esos textos, es marcado por el espectador como el modelo en el que se concretan las posibilidades ideales de la cultura. Se crea con él el mito en su acepción de forma vacía que se llena con algo que se necesita,  se convierte en signo de algo, desplazando al papel de significantes las materias del habla mítica.

Lo mitico se traslada hasta fuera del campo con el llenado, para encarnar otro tipo ideal, que también aclaman las masas. Para la política, cas que ocupa ahora, importa más la idolatría que el saber hacer política pública, que, como dice también el artículo citado, “Jugadores de fútbol y políticos son la misma cosa…¡los dos piensan con los pies!

La simpatía basta. Es el mayor medio de penetración entre el pueblo; quizá.

Tanto peso tiene la del futbolista, o el ex, que políticos profesionales se valieron alguna vez de jugadores en activo o en retiro para beneficiar sus campañas. El caso de Rusia, donde invitó a Andrey Arsahvin y a Roman Pavlyuchenko, qe estaban en activo, a planillas para concejales regionales (2007; el primero desistió y el otro se colocó en su región de Stavropol) encontró un antecedente severo en Héctor Chumpitaz. El portal elcomercio.pe recuerda junto al peruano cómo él fue involucrado sin enterarse en una campaña para valerse de su nombre. Un ex compañero suyo en la selección, Teófilo Cubillas, había triunfado casi veinte años antes en la elección para concejal de Las Victorias, en la zona de Punta de piedras. A Gica Craioveanu, rumano que jugó para Atlético de Madrid, un directivo de ese equipo lo impulsó a concejal de la ciudad.

En 1990 Pelé quedó ubicado por el presidente nacional como Ministro de deportes, posición desde la que impulsó la Ley Pelé que promulgaba convertir a los clubes en empresas. Ese año, Artur Antúnez Coimbra “Zico” quedó Secretario de estado de deportes, y propuso profesionalizar y fiscalizar las entidades deportivas. Como a O’Rei, le influyó el peso de los políticos, no el del pueblo, y ninguno terminó su periodo por la presión de los sectores deportivos. La Ley Pelé vio su efecto en la reestructuración del campeonato brasileño; se escribió aparte sobre este tema.

Un brasileño más en la política fue César Sampaio Souza Vieira, el “Doctor Sócrates”, que desde su partido pregonó que servía al pueblo que lo apoyó en las canchas. Romario da Souza Faria sufría en el Senado en 2015.

Impulsos populares como los que se van mencionado no son privativos de naciones de bajo nivel cultural. Esto es para Méjico, que en 2015 tuvo a tres ex futbolistas en campaña. Daniel Osrono, por la presidencia muncipal de El Salto, Jalisco; Benjamín Galindo Marentes, el “Maestro” de Tierra Blanca, Zacatecas, por la de Guadalajara, y al recién retirado Cuauhtémoc Blanco, ganador de la de Cuernavaca, Morelos.

El “Bambino de oro”, Gianni Rivera se inició como vicesecretario de defensa en los noventa, y no ganó en su reincidencia un escaño en el Senado en 2013.

Otro súper clase relacionado con el equipo de Gianni, George Weah, se quedó dos veces en la carrera para la presidencia de Liberia (2005 y 11),  son varios o muchos los que probaron rebanadas del pastel político.

Stefano Tacconi, en 1999 buscó asiento en el Parlamento europeo por medio de la Alianza Nacional; en 2005 ser presidente de Lombardía, y en 2006 Consejero de Milán. Nada de eso consiguió.

Gerardo William Méndez Guerrero, tetracampeón en Venezuela, jugó con la Vino Tinto Copa América ’87, fue alcalde de San Cristóbal (2000-08).

Kakha Kaladze, campeón europeo con Milan, tomó, vía elección, el cargo de viceprimer ministro de Georgia, en 2012.

Tomás Reñones, español identificado con Atlético de Madrid, vivió la elección para Concejal de Marbella, y llegó a alcalde interino, y Oleguer Presas, por un cupo en el Parlamento de Catalunya (2007).

En 1985, Joao Saldanha, se quedó en el intento de ser vice alcalde de Río de Janeiro por el Partido comunista brasileño.

Mucho antes, Juan Eduardo Simian Gallet, el portero del primer título de la Universidad de Chile, ocupó cargos altos en el gobierno chileno.

Posiblemente sean muchos los casos en todo el mundo. La fama mayúscula cuenta sólo a las personas como las que pasan por este texto. Y es que al nivel de grandes cracks, el evento cobró fuerza y sucesión desde los noventa.

Más intentos:

Futbolia.com

Futbolsapiens.com

Otros casos relacionados con el fútbol.

Directivos.

Con árbitros, Glberto Alcalá Pineda, diputado en el estado mejicano de Morelos; Byron Moreno, encarcelado en Ecuador durante su gestión en 2010, y Héctor Baldassi, diputado por la provincia de Córdoba, Argentina.

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