Equipos con nombres de personajes históricos. Teams with names of historical figures.

Identidades y valores ajenos o no a lo futbolístico, se escinden bajo historias que desde su fundación pensaron en la grandeza.

Identities and values cleaved under stories since its founding thought in greatness.

Nombres de identificación con un contexto social o histórico, o de aprovechamiento de fechas, son factores nítidos en la elección de razones sociales. Con lo primero se liga a personalidades que encanaron principios que los fundadores de un equipo quisieron expresar. A veces no se trató de la mera identidad, sino de los sentimientos e ideas que moralizaban o configuraban un imaginario social que, con la selección de un nombre, dinamizaron el querer-ser semiótico que constituye un desarrollo progresivo.

En el caso del nombre, en hacer una designación de la cosa o el objeto tal como es; como reza el Crátilo, pretendiendo quizás, en el caso de los equipos, posteriormente transformados en clubes, el poder de la evolución de la palabra. Así es como equipos fundados para cumplir un fin específico fuera de la cancha, se instituyen como referente de una función social. Es el poder de citación que menciona Barthes en El grado cero…, poder que convoca toda la esencia del nombre con sólo proferirlo.

Un nombre propio tiene la capacidad de convocar una contingencia social o histórica. Julio David Frydenberg expone los motivos del nombre de los equipos argentinos como parte de la configuración del mundo simbólico de su tiempo, al estar vinculados a casi todas las prácticas sociales de cada época de sus fundaciones [“Los nombres de los clubes de futbol. Buenos Aires 1880-1930”].

En el caso de los que adoptaron nombres de personajes, expresa que una gran parte surgió en tiempos de exaltación del discurso patriótico.

No en todas partes sucedió así. Menos en situaciones de oportunidad, como el de Bolívar –sin el Simón-, que recibe su nombre por haber sido fundado en el aniversario de la Independencia de Bolivia. En Méjico, el Colón –sin el Cristóbal- desapareció con la fusión que dio origen al Club América. Uno de los nombres propuestos para el nuevo equipo fue el de Cristóbal Colón. El Colón basó su nombre en un colegio, relación que busca lazos de identidad.

Es el caso del César Vallejo, nombrado así no por el poeta peruano, sino por la universidad en la que estudiaron sus fundadores. Lo mismo ocurrió con el Real Garcilaso, promovido por alumnos de una institución; ninguno de estos dos equipos basó su nombre precisamente en los personajes. Ni el San Martín peruano, que toma su nombre de una universidad. El Brera, que durante años fue el tercer equipo de Milán, no guarda relación con el periodista y escritor italiano Gianni Brera. Sólo el complejo que incluye el estadio lleva el nombre de él. Al Hankook Verdes de Belice, no se le encuentra relación de su nombre antiguo, Leslie Green, con el del arquitecto británico.

Un vate más relacionado con un equipo es Gil Vicente, por un teatro que llevaba el nombre del Shakespeare de Portugal.

En Sudamérica  se encuentran registros de varias clases de personajes. En Brasil, “un club de futbol era la manera de estar presente en el conglomerado social de aquella época, formada por grupos estructurales” [Los grandes clubes del futbol mundial, T. II], y por eso jóvenes portugueses dieron origen allí a un equipo que evocara sus raíces. El Vasco da Gama.    Mucho después, y lejos de ese país, otros jóvenes, estudiantes, crearon el Colo Colo, al que nombraron por un cacique araucano sabio e inteligente.

En Uruguay, un inmigrante castellanizó su apellido Pinerolo, que declinó hasta Peñarol, nombre que se le dio a una villa, y apellido que llevó el Coronel Félix Crosa Peñarol, afamado luchador en la independencia del país. Peñarol recibe su nombre por la villa.

Como Juan Aurich, en el Perú, por el dueño de la hacienda donde trabajaban los fundadores.

De la misma manera indirecta tomó su nombre Pérez Zeledón, por el nombre de su cantón, que lleva el del diplomático y jurista, Pedro.

Más de luchadores con grado, el General Díaz, que en Paraguay fue bautizado en honor al General de la Triple Alianza, José Eduviges Díaz. Y Coronel Bolognesi en Perú, por Francisco Bolognesi Cervantes, defensor en la Batalla de Arica. El General Bernardo O´Higgins inspiró en Chile.

José Gálvez, surge de un político peruano; Belgrano de Córdoba debe su nombre al independentista Manuel Belgrano, y Calvo Sotelo a un funcionario español.

Dalmacio Vélez Sarsfield, redactor del primer código civil de Argentina, se inscribe en los aportes. Jorge Wilstermann cambió su nombre por el del primer piloto de Bolivia.

Más arriba en el continente americano, se ubica el Walter Ferretti, por un revolucionario sandinista de Nicaragua apodado Chombo, y en Costa Rica el empresario y deportista Ricardo Saprissa quedó perpetuado en el equipo que lleva su nombre.

Personajes relacionados con el deporte cuentan a Luis Ángel Firpo, boxeador salvadoreño; en Guatemala un equipo agregó a su denominación social el nombre de una de sus glorias, para ser Club Social y Deportivo Xelajú Mario Camposeco; o en Hungría al Puskas Academy.

En países de Europa del Este, los nombres tuvieron una función muy social. La página Diarios de fútbol investigó que de Hristo Botev, salió el nombre de Botev Plovdiv, y de Vasil Levski el del Levski de Sofía, ambos personajes identificados con tendencias políticas. En esos equipos se manifestaba la fuerza de la palabra que hace referente a un equipo.

Menciona esta fuente al Obilic, por Milos Obilic de la Batalla de Kosovo; Arminia Bielefield, por Arminius o Hermann Bielefield, de la Batalla del bosque de Teutoburgo o al Ssv Jahn Regnensburg, derivado de Friedrich Ludwig Jahn; al Chkalovest Noborsibirsk, que viene del piloto soviético Valery Chkalov, o al Stakhanovetz, antiguo nombre del Shaktar Donetsk, proveniente de Alexei Stkhanov. [vid. Diarios de fútbol]

El Karl Marx Stadt está entre los alemanes, el St Patrick´s, por San Patricio, en Irlanda.

De entrada más tardía en el concoimiento masivo es un equipo albanés que nombra a la cabeza de la resistencia nacional contra los otomanos en el siglo XV: Gjerjg Kastrioti “Skënderbeu.

Spartak de Moscú es por Espartaco.

Más equipos que permanecen en el anonimato pueden difundir nombres que motiven abrir más archivos y libros que los de fútbol. Y un texto como este, ha de profundizar, no quedarse en la mera divulgación de anécdota.

Nombres de identificación con un contexto social o histórico, o de aprovechamiento de fechas, son factores nítidos en la elección de razones sociales. Con lo primero se liga a personalidades que encanaron principios que los fundadores de un equipo quisieron expresar. A veces no se trató de la mera identidad, sino de los sentimientos e ideas que moralizaban o configuraban un imaginario social que, con la selección de un nombre, dinamizaron el querer-ser semiótico que constituye un desarrollo progresivo.

En el caso del nombre, en hacer una designación de la cosa o el objeto tal como es; como reza el Crátilo, pretendiendo quizás, en el caso de los equipos, posteriormente transformados en clubes, el poder de la evolución de la palabra. Así es como equipos fundados para cumplir un fin específico fuera de la cancha, se instituyen como referente de una función social. Es el poder de citación que menciona Barthes en El grado cero…, poder que convoca toda la esencia del nombre con sólo proferirlo.

Un nombre propio tiene la capacidad de convocar una contingencia social o histórica. Julio David Frydenberg expone los motivos del nombre de los equipos argentinos como parte de la configuración del mundo simbólico de su tiempo, al estar vinculados a casi todas las prácticas sociales de cada época de sus fundaciones [“Los nombres de los clubes de futbol. Buenos Aires 1880-1930”].

En el caso de los que adoptaron nombres de personajes, expresa que una gran parte surgió en tiempos de exaltación del discurso patriótico.

No en todas partes sucedió así. Menos en situaciones de oportunidad, como el de Bolívar –sin el Simón-, que recibe su nombre por haber sido fundado en el aniversario de la Independencia de Bolivia. En Méjico, el Colón –sin el Cristóbal- desapareció con la fusión que dio origen al Club América. Uno de los nombres propuestos para el nuevo equipo fue el de Cristóbal Colón. El Colón basó su nombre en un colegio, relación que busca lazos de identidad.

Es el caso del César Vallejo, nombrado así no por el poeta peruano, sino por la universidad en la que estudiaron sus fundadores. Lo mismo ocurrió con el Real Garcilaso, promovido por alumnos de una institución; ninguno de estos dos equipos basó su nombre precisamente en los personajes.

Un vate más relacionado con un equipo es Gil Vicente, por un teatro que llevaba el nombre del Shakespeare de Portugal.

En Sudamérica  se encuentran registros de varias clases de personajes. En Brasil, “un club de futbol era la manera de estar presente en el conglomerado social de aquella época, formada por grupos estructurales” [Los grandes clubes del futbol mundial, T. II], y por eso jóvenes portugueses dieron origen allí a un equipo que evocara sus raíces. El Vasco da Gama.          Mucho después, y lejos de ese país, otros jóvenes, estudiantes, crearon el Colo Colo, al que nombraron por un cacique araucano sabio e inteligente.

En Uruguay, un inmigrante castellanizó su apellido Pinerolo, que declinó hasta Peñarol, nombre que se le dio a una villa, y apellido que llevó el Coronel Félix Crosa Peñarol, afamado luchador en la independencia del país. Peñarol recibe su nombre por la villa.

Como Juan Aurich, en el Perú, por el dueño de la hacienda donde trabajaban los fundadores.

Más de luchadores con grado, el General Díaz, que en Paraguay fue bautizado en honor al General de la Triple Alianza, José Eduviges Díaz. Y Coronel Bolognesi en Perú, por Francisco Bolognesi Cervantes, defensor en la Batalla de Arica. El General Bernardo O´Higgins inspiró en Chile.

José Gálvez, surge de un político peruano; Belgrano de Córdoba debe su nombre al independentista Manuel Belgrano, y Calvo Sotelo a un funcionario español.

Dalmacio Vélez Sarsfield, redactor del primer código civil de Argentina, se inscribe en los aportes. Jorge Wilstermann cambió su nombre por el del primer piloto de Bolivia.

Más arriba en el continente americano, se ubica el Walter Ferretti, por un revolucionario sandinista de Nicaragua apodado Chombo, y en Costa Rica el empresario y deportista Ricardo Saprissa quedó perpetuado en el equipo que lleva su nombre.

Personajes relacionados con el deporte cuentan a Luis Ángel Firpo, boxeador salvadoreño; en Guatemala un equipo agregó a su denominación social el nombre de una de sus glorias, para ser Club Social y Deportivo Xelajú Mario Camposeco; o en Hungría al Puskas Acedemy.

En países de Europa del Este, los nombres tuvieron una función muy social. La página Diarios de fútbol investigó que de Hristo Botev, salió el nombre de Botev Plovdiv, y de Vasil Levski el del Levski de Sofía, ambos personajes identificados con tendencias políticas. En esos equipos se manifestaba la fuerza de la palabra que hace referente a un equipo.

Menciona esta fuente al Obilic, por Milos Obilic de la Batalla de Kosovo; Arminia Bielefield, por Arminius o Hermann Bielefield, de la Batalla del bosque de Teutoburgo o al Ssv Jahn Regnensburg, derivado de Friedrich Ludwig Jahn; al Chkalovest Noborsibirsk, que viene del piloto soviético Valery Chkalov, o al Stakhanovetz, antiguo nombre del Shaktar Donetsk, proveniente de Alexei Stkhanov. [ver Diarios de fútbol.]

El Karl Marx Stadt está entre los alemanes, y el St Patrick´s, por San Patricio, en Irlanda.

De entrada más tardía en el conocimiento masivo es un equipo albanés que nombra a la cabeza de la resistencia nacional contra los otomanos en el siglo XV: Gjerjg Kastrioti “Skënderbeu.

Spartak de Moscú es por Espartaco.

En Bolivia, existió el Mariscal Santa Cruz, en honor a un personaje que sirvió a ese país y a Perú.

En Perú, Carlos A. Manucci, Alfonso Ugarte (Chiclayo, por militar en la Guerra del Pacífico; Estrella Roja se puso Cd Alfonso Ugarte en el mismo país), Octavio Espinoza (en Ica, por aviador), Jorge Chávez (aviador desaparecido al intentar cruzar Los Alpes) y Sport Bolognesi. Para conocer sobre ellos, ver texto en Dechalaca.com.

En 2006 en Córdoba, Argentina, un equipo infantil fue bautizado Che Guevara.

Más equipos que permanecen en el anonimato pueden difundir nombres que motiven abrir más archivos y libros que los de fútbol. Y un texto como este, ha de profundizar, no quedarse en la mera divulgación de anécdota.

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