Panóptico. 2

Se vale todo, menos parpadear.

 La administración entrante en Michoacán…Los ciclistas y patinadores de la Plaza de Armas.

 Los perfiles del caos.

No parece permisible la duda acerca de hablar o escribir acerca de funcionarios de cualquier categoría. Lo que pasaría por indiferencia política no existe bajo la visión de que ignorar es avalar. Los entronizados en las altas burocracias están conscientes de que no dan para que se hable de ellos más que por sus ineficacias e ineptitudes, y con ello se les da motivo de celebrar una oda a la impunidad. Hagan bien o mal sus funciones, siempre atraen el mayor de los protagonismos. El gabinete michoacano 2015-2021 (si no hay deserción de la cabeza, uno de los que se escucha candidato a otro gobierno en 2018) extiende la celebración. A sus miembros se presentó como personas con experiencia y preparación para el cargo que se les asignó, sin dejar la trillada equidad de género. Y fueron las mujeres las que mayor crítica arrastran por su pasado, en ese gabinete que con ellas completó su baraja de escarnios. Los perfiles tienen casi de todo. Reproche de falta de capacidad por no conseguir sitio en el Sistema nacional de investigadores. Antecedentes de presidio (lo que causa marginación laboral en el estado). Reinados de feria y festivales de primavera son el currículum en la responsabilidad –el nombramiento lo indica-, en parte, de la imagen de seguridad estatal. Como al padre de quien se esperaba para esta tarea le tenían reservado un rinconcito en el presupuesto, se entendería el cambio respecto a quien se presagiaba para el puesto; cambio que pareció de última hora más que de destape súbito, pero quién se iba a alterar más por tener un gobierno familiar o cosa parecida. Y mientras periodistas de carrera, en el medio, no académica, batallan diario contra los modos de las gerencias de comunicación social, una desconocida -por fugaz- experiencia en una oficina de esas, sirvió para dirigir la de máxima difusión en el estado. El nombramiento lo comunica. Los varones insisten en manejar dependencias con caracteres de la universidad (la michoacana) que graduó a los mayores delincuentes burocráticos en la historia del estado. Si se sigue, se encuentran casos de sobra de la presunta experiencia de los receptores del tope de las nóminas del Ejecutivo. Se atisban quinielas con comentarios acerca de cuánto durarán en su encargo algunos del gabinete, y, por consecuencia, ir a por el record de remociones que tuvo el gabinete del periodo anterior. En sus cuatro años, sólo dejó con vida hasta el final a un secretario.

Los fijos en su posición.

Y quedan muchos en esas condición entre la grey de la barbarie moreliana. Meses que se hacen años tienen el lado poniente de la Plaza de Armas bajo la permisión de jóvenes cuyas suertes ponen en riesgo la del transeúnte. Con bicicletas que necesitan permiso y placas para circular, y no las tienen, y sólo en los asfaltos, hacen suertes junto con patinetas que poco acierto tienen, como las bicicletas, en las acrobacias que intentan. De cerca de cincuenta, no les salen más de la docena. Cerca de un veinticinco por ciento de efectividad. Policías, de los que nunca están cuando se reporta algo, y que se cree se extinguieron en las calles del Centro, estuvieron alguna vez para impedir la toma del camino peatonal por los pequeños salvajes. Dijeron que su presencia obedeció a reportes sobre el caso al Ayuntamiento. Difícil se ve la liberación de ese espacio de acuerdo a lo que se conversó con ellos. Uno señaló una banca dañada por los golpes de las patinetas que en su torpeza se estrellan con lo primero que les salga al cruce. Varios de los muchachos están por obtener membrecía en la sección barandillas del ministerio público, por la recurrencia de sus presencias en tan jovial sitio. No siempre es por sus vehículos. Unas veces es por portación de droga, pero al ser la cantidad menor a lo sancionable (bajó a cinco gramos lo permitido, contó uno de los policías), los liberan de inmediato. Por los menores de edad, van sus padres, que se olvidan del caso, y los chicos reinciden. Y no se rompe el círculo. Ni se van los olores a marihuana y quizá más sustancias que respira el habitante que se sienta a pasar un rato en la plaza, gente hasta cuya banca llega el impacto de las patinetas, y que al retirarse tiene que cuidarse las espaldas y el frente de las mismas o del rebote de bicicletas saltarinas. Es ocasional la presencia de los antiguos guardianes de la ley y el orden. Entonces, los muchachos de repliegan en las bancas. Se hicieron pistas para que hagan sus prácticas, pero lejos del centro. La más cercana a la Plaza es la vieja pista en el Bosque Cuauhtémoc, en un límite del centro, pero los jóvenes se empeñan en hacer de la Plaza su sede porque sólo allí los ve el bello sexo, que es la razón de sus acciones sobre ruedas. Hasta el Bicentenario y espacios tan alejados, no van a verlos. Y en la Plaza de Armas, los ve hasta quien no quiere verlos.

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