“Las formas del sonido.” Informe visual de la música.

La libertad de creación concedida en 2015 a las obras de la exposición que sirve de preámbulo al Festival de música de Morelia, distanció los lenguajes de la plástica y de la música, mostrando más el subconsciente de los autores.

Algunos de los trabajos muestran la tesis científica de que la forma del sonido es cimática. Foto: Festival de Música de Morelia.

Algunos de los trabajos muestran la tesis científica de que la forma del sonido es cimática.
Foto: Festival de Música de Morelia.


            Ya no fue el ejercicio de sinestesia presentado desde el comienzo del proyecto con el que el Festival abre su cartelera. La constante de pedir al creador plástico o escultórico que tomara como modelo una composición musical, se rompió para que el pintor y el orfebre, y ahora también el diseñador de ropa, concibieran el sonido mediante el ejercicio que hace cada cual.

La música no fue más la directriz. Al menos no la exclusiva. No se trató ya de la transcripción pictórica o escultórica del sonido que decodifica una pieza trasladándola al lenguaje visual.

El sonido se tomó, en las obras de la exposición, para perpetuar imágenes silentes que capturan la idea de una forma, la que cada autor cree que tendría el sonido si este fuese tangible, tocable, pero al ritmo del cincel, del telar o del pincel.

Surge la anteposición de la impresión mental del artista, a la que le provoca la música en la culminación de algunos de los trabajos. El batir de las alas de un colibrí se expresa en un vestido típico de alguna cultura michoacana. Las formas de unas notas musicales  quedan confundidas con el fondo del cuadro, en un sólo plano sin que la cimática, que es la forma científica del sonido, pase entre la figura y el fondo.

No se pierde, empero, la ratificación que se pretende de la alianza de los dos dominios del arte que se busca con estas exposiciones iniciadas en 2011. El tono y la armonía, elementos que el visual tomó del musical, defienden la autonomía del autor. Es con esos elementos que el creador impone su sello y toma su propia libertad para entregar una obra no tan discernida. Deja al receptor la posibilidad de que este haga su particular interpretación de la experiencia que es una obra plástica, pero al tratar de formas del sonido, la experiencia se involucra con diversas manifestaciones de sentido.

Así como no hay una ejecución igual de una composición musical, una nueva vista de las creaciones de “Las formas del sonido”, expone a entregar un nuevo significado a la interpretación del espectador, siempre que este no se case con los títulos y establezca un pacto implícito con el autor, de aceptar que este le da sólo lo que dice la tarjeta de la obra.

La intención es involucrar al receptor en la dinámica de la obra. Como se concluyó antes, estas creaciones que unen sonido y vista son paratextos que fungen como canales comunicantes de una experiencia única. No vuelven a producirse y por eso necesitan la interacción con el público para regenerarse con nuevas interpretaciones que no las dejen en la impresión estática.

 

 

 

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