Festival de música de Morelia. Apertura. Geneva Camerata. La arrogancia no bajó del escenario.

La agrupación suiza dejó el límite del Festival donde se espera en un concierto de inauguración, alentando la esperanza por una edición en la que la música de cámara estará proscrita.

La culminación de un día accidentado la dio la Geneva con un concierto típico de festival moreliano de categoría. Sólo fue posible conocer a la jovencísima agrupación (2013) por su arte. Y es que la rueda de prensa tuvo que ser cancelada dos veces. Primero, en el horario original, a la llegada de los músicos al hotel, como es la rutina del Festival, por un accidente que retrasó la llegada. Y después del concierto. La versión inicial de la oficina de prensa del Festival fue que terminada la presentación habría una rueda de máximo diez minutos. El inconveniente que reporteros de televisión y radio objetaron por la dificultad del inglés (el traductor ya no estaba a esa hora), y, de acuerdo a la segunda versión de la oficina, la reticencia del director de la Camerata para citarse con los medios, llevaron a la cancelación definitiva de encuentro.

Lo sucedido sobre el escenario -siempre el teatro Morelos en las aperturas- entregó uno de esos conciertos que sientan una expectativa peligrosa. Por indicar niveles notables en el Festival, y porque estos no llegaren a cumplirse.

Era un programa complicado el de la noche, no obstante haber sido adaptado para un número menor a los miembros con que cuenta a Camerata. Más de treinta. Se presentaron 20 más el director, David Greilsammer, casi un histrión con la batuta, y de alardes con el piano, el cual tomó en la parte final, compartiendo la dirección de una orquesta cuyos miembros entonces debieron asumir la responsabilidad de cada cual en las partes que el Concierto para piano no. 17 de Mozart, reclamaba el protagonismo del solista.

Se puso en práctica un ejercicio de sangre fría, con la orquesta suelta, sin el uso de vibrato, algo común esto por parte de orquestas europeas en ediciones recientes del Festival, dando notoriedad al solista en una composición en la que, contrario a otras ejecutadas en la noche, las cuerdas no se imponen sobre los alientos, con lo que se prescinde de mosaico polifónico que Mozart pensó en muchos de sus trabajos. Los rittonelos que el primer movimiento ordena en su comienzo y su final, certifican esto, marcados por los tutti.

Lo demás de la noche, aparte del estreno en México de una obra de Martin Jaggi, estuvo en una estructura general del programa. Abrió la obertura La Speciale, pieza a la que al parecer no sobran las ejecuciones, y justa para los instrumentos con que trabajó la Camerata en esta ocasión.

La sinfonía no. 5 D 485 de Schubert jaló la noche con el tutti que hace lúdico el encuentro de las cuerdas con los alientos, y el trió de viento que en el tercer movimiento evoca la Sinfonía 40 de Mozart. El solicitar la participación de clarinetes, trompetas y timbales en la orquesta (con esto se comprende la ausencia de varios miembros en la Geneva), eleva la tonalidad, si se estima que la trompeta se está un quinto abajo respecto al oboe.

No hubo más que esto. La Camerata se quedó con lo que podía compartir con los medios para por medio de ellos enterar más al público sobre sí misma. La música fue lo que importó.

 

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