Glassduo. Los hermanos del cristal. Festival de música de Morelia.

El rescate de un viejo instrumento que con el perfeccionamiento que le hicieron dos polacos, hace infinitas las posibilidades de la música de cámara.

Al paso que marcaron las dos primeras presentaciones del día, se podría pensar que el Festival está próximo a no dejar calificativo para sus conciertos. Y es el segundo día. O se le ve como una edición surgida de un cuerno de Amaltea, que no cesa de obsequiar las noches mágicas que sólo este evento puede darle a la ciudad.

Es un Festival de cosas inéditas en los anales de Morelia. Desde Polonia llegaron Anna y Arkadius Szafraniec con su arpa de cristal, instrumento que en las adaptaciones de ellos cuenta su cuarta versión, con tres hileras que acumulan cincuenta y siete copas que la hacen la más grande del mundo en su género.

No es la que anunció el programa de mano. La que llena sus piezas con agua para afinarla y que dé los tonos. La empleada ahora mostró la perfección a partir de la elección de los cristales para conseguir los tonos y las melodías de las piezas a ejecutar, una gran parte de estas, del repertorio camerístico.

Frotando la superficie de la copas con las yemas de los dedos, humedecidos con agua como si esta fuera tiza, los Szafraniec ofrecieron lo sublime en estado puro. Importa el repertorio tanto como el sonido porque las composiciones elegidas tuvieron inmanencia en la procura de los sonidos reproducidos por el arpa de cristal.

La mañana y la Danza De Alicia de Peer Gynt, las que abrieron la noche, no marcaron tendencia. Las teclas de piano en la Ronda alla turca de Mozart, un preludio y un Scherzo De Chopin; o las del órgano en la famosa Toccata de Bach; el Libertango, con teclas, alientos, cuerdas y más hasta el folclor del Tico tico y el del encoré de un jarabe mexicano, demostraron lo que tantas veces el Festival que la música como lenguaje universal puede adecuarse hasta encontrar nuevas formas para su expresión sin alterar su significado.

La Danza del hada de azúcar, de Tchaikovski, tomó mención aparte. Diseñada para la armónica de cristal, que en la composición sustituye a la celesta, el ruso no vio su proyecto de tocarla con el instrumento. Así, Glassduo se asumió esta noche como el cumplidor del sueño del compositor nacido en Vótskinsk.

Eran caricias al cuerpo más fino las que Anna y Arkadius hacían a las copas. Los dedos de ambos semejaban zapatillas de ballet sobre una capa de hielo, como si fuera la primera expresión del arte en su estado más básico, por ser la representa de la naturaleza, al surgir cada sonido de una fuente natural.

Quien haya aceptado la invitación de cerrar los ojos, tuvo una apreciación diferente, en la oscuridad de sí mismo, y no del Palacio municipal que debió tomar energía eléctrica de una fuente alterna al faltar la elegida para el concierto, con este en progreso.

Los aplausos salvaron a la boca de lo que no podían describir las palabras. Fue una noche para aceptar la música por la música, sin el desprecio a las técnicas que la generaron porque estas eran para entregarse al sonido y sentir flotar como aquellas bailarinas que eran las yemas del Dúo.

Una noche seguramente irrepetible.

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