Orquesta de Vegetales en Festival de música de Morelia. El sonido en su estado natural.

No fue novedosa la propuesta del ensamble de Viena, en una ciudad, incluso en el mismo Festival, donde ya se había expuesto música con elementos naturales, pero con variación de instrumento.

Cada cultura origina sus formas de expresión en la Naturaleza. La necesidad de comunicación hace al humano acudir a la creación de lenguajes que perfeccionen su entendimiento.

Una presentación del Festival ya había hecho la remisión a la tesis que Giovanni Papini plantea con el Señor Gog, de conformar una orquesta con instrumentos naturales. Esa consecuencia sonora de la naturaleza surgió en Viena con Vegetales, con la premisa de que los instrumentos tradicionales nunca podrán alcanzar el estilo sonoro de lo que esta Orquesta hace: transmitir la Naturaleza mediante lo que la tierra da.

Es la de Vegetales una música sin parangón. Su novedad es no acudir a los instrumentos rústicos con que tocan los gogos; los troncos de las congas o las maderas del cajón peruano. Reinventan la sonoridad natural con zanahorias a las que hacen horadaciones para convertirlas en flautas; calabazas que sirven de percusión, manojos de verduras que mueven como mecheros y una exploración incansable de todo lo que salga de una hortaliza.

La variación del sonido es inevitable en cada presentación, porque en cada sitio que visitan encuentran diferentes vegetales, y no saben nunca el sonido que podrán sacar de ellos. Si conocen una nueva planta, propia de la localidad que visiten, la consideran como un nuevo instrumento. Al fin que, creen ellos, la globalización permite conseguir en cualquier parte del mundo lo mismo. Hasta en el caso de lo comestible.

Surge una inevitabilidad de la improvisación por la incierta duración de los instrumentos. Las composiciones no tienen tiempo definitivo, ni tampoco un concierto de la Orquesta. El desgaste de las verduras y legumbres, que aprovechan para ir elaborando una ensalada para compartir con la asistencia, ordena las duraciones.

Lo único seguro es la ejecución final. No interpretan composiciones clásicas o conocidas para que el caso no dé cabida a pensar que se burlan. Sí hacen una parodia con esa pieza de cierre a la que llaman La masacre de la primavera, en la que terminan de machacar o destrozar lo que haya salido ileso, y donde los cuchillos de cocina son batacas sobre la tabla de picar.

Única, porque a diferencia de la que se menciona en el texto al que remitió esta nota en su comienzo, esta música inclasificable no aspira a insertarse en lo académico.

La escuela que crea es el seguimiento a la expresión innata de comunicación que el hombre ha tenido desde el comienzo de la historia. La música siempre tiene ingenio para producirla.

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