Eurocopa 2016. Final. Previo. Portugal-Francia. Siempre a minutos de la victoria.

Equipos que por su cualidad de ganar con lo justo, corresponden a un historial mutuo que no asegura nada hasta el silbatazo final.

             Francia ganó justo los tres encuentros formales contra Portugal, todos en semifinal, dos a instantes de los ‘penales’.

             De antología los antecedentes en Eurocopa. Cada 16 años se cruzaron en el torneo.

             Colectivos dependientes de una individualidad desprendida de la táctica.

             Portugal llega en línea ascendente y Francia en su inercia de más efectividad que talento.

             Será el triunfo de un equipo, no de una persona.

No hubo tal vez selecciones distintas que marcaran el fútbol del presente visto en la Eurocopa, como Francia y Portugal. Un campeón, un equipo para marcar época, poco ha salido de la tendencia. Muchos se quedaron en sentar y legar escuela. El triunfo final solio ser para los que parecían a los otros; los que definieron trofeos por un detalle de suspiro.

Así fue, hasta el día, la rivalidad Portugal-Francia en torneos mayores. Todos sus encuentros mutuos, 3, en fase final. El historial global marca momentos nítidos en el andar histórico de las dos selecciones. Del registro 18-1-5 (49-28) en favor de Francia, se extraen cuatro momentos. Fracia ganó sus anteriores 10 series ante Portugal (23-6 en el goleo). Los dos partidos previos a esa hegemonía cuentan las victorias anteriores de los lusos en l rivalidad. En 1973 y 1975, ambas en París, sede la Final 2016. Aquella en la expiración de Eusebio, marcador de las dos anotaciones de su selección, y a poco de comenzar uno de los periodos notables de los Bules.

Se expuso el recorrido de los Blues en “La sincronía permanente dinámica en la selección de Francia”, con sus generaciones doradas, surgiendo cada veinte años. Y en esta, toca, si se mantiene la línea. En 1954 Albert Batteaux se sentó en el banco galo junto a Jules Bighton, y quedó sólo desde 1955 para ir forjando el primer protagónico de Francia en un torneo mayor. Al llegar a Suecia para la Copa del Mundo, el delantero René Biliard quedó descartado por lesión. Su suplente, Just Fontaine, de origen marroquí, tomó la titularidad y junto a Raymond Kopa, y Maryan Wisnieski, ambos de ascendencia polaca, originaron la KFW (síntoma ya de la multiculturalidad que identifica a la selección gala). Con ese tridente, que era una fórmula de ataque, Francia se clasificó tercera.

No llegó a la siguiente Copa del Mundo. Sí a la de 1966, que la vio discreta y encumbró a Portugal. La historia de los rojos es tan añeja como la francesa. Fundada su Federación en 1914, juega desde 1921. Su experiencia prima en competencia se data en el Torneo olímpico de 1928. De formato corto, no fue lago el recorrido portugués hasta su paro en cuartos de final.

Inglaterra ’66 constituyó su primera gran experiencia. Jalado por Eusebio, se ubicó tercero. Manuel de la Luz Alonso dirigió desde el banco, al que llegó como segundo de Otto Gloria en 1964, y quedó como responsable absoluto meses después.

Portugal no volvió a la gran escena internacional hasta los ochenta, segunda época de esplendor de Francia. Michel Hidalgo recibió la dirección técnica gala en 1974 y curtió a la generación de Michle Platini, la cual asomó durante el campeonato mundial de 1978. No superó la fase de grupos, pero presagiaba los éxitos que, tras su paso por España ’82 y la memorable semifinal de Sevilla, se alcanzaron con el triunfo en la Eurocopa ’84, previo encuentro con Portugal.

Sucedió en la semifinal. Nadie, dictan relatos de la época, apostaba por Portugal. Menos por la esperada ausencia de su figura Fernando Albino Sousa “Chalana”, quien finalmente sí alineó y asistió los goles que revirtieron la ventaja francesa. En una prórroga épica, los Azules dieron su voltereta cuajada por Platini en el 118’.

El Mundial ’86 finiquitó a esas generaciones. Las dos selecciones coincidieron en su retorno al protagonismo en la Eurocopa ’96. En 1993 Aime Jaquet había tomado a Francia, fracasada en calificar a la Copa Mundial, y trabajó los pininos internacionales de Zidane, Djorkaeff y otros notables, para llevarlos al campeonato del mundo en 1998. Deschamps había debutado como seleccionado en 1989 y obtuvo rodaje en la Euro ’92.

Portugal salió en cuartos de la edición de 1996, por el recordado gol de Poborsky, y la misma República Checa envió a casa a Francia en la semifinal.

En el 2000, regresaron galos y lusos y se reencontraron en una semifinal recordada por su buen espectáculo y su fin con bochorno luego del gol de oro de Zidane en el 116’, de penalti.

En Corea-Japón 2002, los dos se quedaron en grupos, cuando cargaban dos de las mayores expectativas. Moría la última generación de oro de Portugal y Francia rescató la suya para la Euro 2004. Pareció el final de un periodo dorado de los Blues con la eliminación en cuartos, y el amago de una nueva para Portugal, posicionado en la Final con un Cristiano Ronaldo, y parte del Porto que semanas atrás ganó la Copa de Europa, que había dejado de ser promesa, pero que, como entonces, nunca lució en una Final internacional.

En 2006, el reencuentro en Copa del Mundo, se saldó con un solo gol de Zidane, de penal.

Después, intentos de resurgimiento que concluyen en esta Final, a la que llegan con una justa medida. Francia, que sólo supo asegurar resultados sobre la hora. Es común en todos los equipos. Lo importante es el medio francés que regala incertidumbre, y Portugal ganó hasta a semifinal un partido en tiempo regular durante la fase final.

No sobra nada a estas selecciones, ni regalan algo. Ni siquiera espectáculo. Pero eso se dispensa cuando hay reclamo de resultados, sin hacer imperativa la solicitud de un fútbol excluyente, de otro tiempo. Así, Portugal y Francia encarnan tendencias. Los que no, los del juego estético que rompe paradigmas y prejuicios, se plegaron ante modos como los de los finalistas de esta Euro.

El equipo que se pertrecha en hormigón –término de la escuela francesa- sin buscar el balón, sino esperándolo, y el que gusta detentarlo, es la oposición marcada en Europa, mediante la Champions, en la década. La posesión, criterio computacional que hasta hace algunos años no contaba con su valencia de hoy, es accesorio. El cómo, es el caso, y en un deporte que en la mayor parte se juega sin contacto con el balón, Francia se maneja mejor respecto de Portugal. El equipo dominante del útil, contra el que piensa de otra manera; premeditada, no fiado a la inventiva que exige tener el balón.

Hay, en los dos equipos, figuras colectivas. Ninguna excluyente durante el campeonato, si bien, los aportes polivalentes de Griezmann hicieron decisiva la táctica francesa, y en la portuguesa no se encuentra una personalidad con esa influencia.

Será el triunfo de un equipo, no de un hombre, y el ganador afianzará una tendencia que se verá como la más efectiva para ganar.

Las claves.

Portugal                                                                                                                              Francia

Definición.  Simple argumento, pero si cuenta con el balón, debe anotar pronto o se endurecerá el hormigón francés.

Bloqueos. Talar las salidas francesas y fijar sus marcas masivas por los laterales.

Motores. Si va a dominar la tenencia, debe anteponer el pensamiento y el control a lucimientos personales. Es un partido para Moutinho.

Fortines. La fortaleza de sus defensas centrales. Se imponen en la marca y en el corte aéreo.

Barridas. Las coberturas a lo ancho. Renato Sanches se reveló como contención total.

 

Táctica. Más rodada y con el factor Griezmann para tapar y fabricar jugadas de gol.

Cerrado. Se construye un valladar. Cambió la creatividad de sus mediocampistas por rocas para tapar el bettoiner que para.

Atracción. Una necesita de Giroud a su marcador para abrir la entrada de un anotador. Puede ser el 1-0 de un partido que no necesitaría más de un gol.

Estoicismo. Sabe sufrir. No se tambalea si le pasean el balón y asoma desde su encierro para liquidar.

Manejo. Deschamps administra mejor su banco que Santos. Mide mejor el tiempo de cambios, cuando no tiene presión de remontar.

Datos.

Habrá una segunda vez [Gaceta 524]:

Deschamps sería el segundo ganador como jugador (2000) y técnico. Berti Vogts lo antecede (72 y 96).

Griezmann perdió la Final de Champions este año. Sólo Ballack perdió Final de Copa de Europa y de Eurocopa en el mismo año (Chelsea y Alemania, 2008).

Ronaldo y Pepe integrarían la relación de jugadores que ganaron Copa de Europa y torneo de selecciones en el mismo año. Son 11. 10 con Eurocopa, y 1 con Copa América (Bravo; aunque Uefa no le reconoce el título europeo).

Portugal con más ganadores. Pepe, Ricardo Carvalho, Ronaldo, Nani y Quaresma, ganaron la Copa de Europa.

Francia: Evra también, pero es el jugador con más Finales pedidas del torneo. Pogba y Griezmann perdieron la única de Champions que jugaron.

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