Portugal y la reinstauración de la cultura.

El triunfo luso en la Eurocopa 2016 devolvió valores de juego consecuentes de los estilos dominantes en el torneo y el Mundial en años recientes.

             La trascendencia, tema centra en un equipo, no necesariamente campeón, se mira incluso en la escuela y el método que forjan otros. La historia de la cultura, tantas veces anotada, consiste en sistemas que se nivelan sincrónicamente con el más avanzado, no siempre en el presente. La vanguardia es desplazada por otra, que suele ser un comportamiento pretérito o impedido de madurar por aquella, y cuando un sistema es alcanzado en su desarrollo, varias veces va en una etapa más avanzada y los demás viven en la vanguardia anterior a aquel.

El fútbol ejercicio por España desde 2008, y el que llevó a Alemania al campeonato mundial en  2014, eran vistos como el comportamiento cultural ideal, sin advertir quizá que no tenían extensión. Eran –el germano aún lo es- maneras particulares de entender el fútbol, no de extenderlo, que por su particularidad tenían el objetivo de la identidad. Salir del poliptoto: misma raíz en la forma con significantes diferentes.

Porque, se expuso con los casos del Barcelona de Guardiola y el de aquella España, el postulado de Iuri Lotman de que no existen por sí solos sistemas que funcionen aislados de le reserva de códigos de su cultura. Esos equipos crearon estilo, y este en el fútbol es la identidad porque es algo propio, sobre todo en equipos que explotan su repertorio simbólico humano.

La trascendencia de los equipos generadores de vanguardia hay que valorarla también en la generación de códigos que generan en otros. La vanguardia tiene que ser decodificada; es una contemporaneidad (para aplicar el término manejado en estos apuntes) y lo contemporáneo es de un momento. Pasado, la cultura se reinstituye.

El modelo español, en club y selección, provocaban esa generación de sentido. Los rivales se planteaban exclusivos ante ellos porque eran oposiciones diferentes. En el recorrido de apuntes a la Champions league, desde 2011-12 al menos, se fue observando esto.

La historia de las tácticas futbolísticas es circular. Se encuentra aún en los equipos más avanzados una raíz con algún pasado. Es eso que tocó Lotman en la mención de líneas atrás. No se puede jugar como la vanguardia. Decodificarla es de masas; es modo, y la Eurocopa 2016 vio ganador al equipo que mejor capacitado se mostró para ello.

Portugal había renunciado a su identidad. Sin defeccionar su estilo, quedó como el más evolutivo de la masa. La coronación de Grecia había dejado una constante interrumpida por la irrupción de España, y la tentativa de sucesión de Alemania la alejó. Pero, se sigue con Lotman, la cultura y su memoria se identifican por el carácter ininterrumpido que tienen ambas.

Portugal consumó el modelo ideal, y lo ideal es de acuerdo al presente, porque no entra en una interpretación filosófica particular o personal del fútbol. El que, como en aquella Grecia, lo resuelve de la manera más directa y ubicó al fútbol europeo en una realidad de desarrollo que se encuentra en estado primario o poco más allá.

Los mayores sistemas de defensa surgieron provocados por vanguardias de ataque. El catenaccio fue, y es, una práctica anti crack. A las grandes innovaciones siguieron tiempos de ostracismo para el espectáculo. Tras el Brasil de 1970 sólo Holanda salvó en algo la situación, y con Argentina en 1986 se tuco, de acuerdo a un apunte de World soccer ya citado, el de la circularidad de las tácticas, la última innovación táctica del siglo XX, y siguió el llamado “Mundial de la mediocridad” en 1990.

Como en las Eurocopas, cuando Francia puso el único fútbol que podrá ser excluyente, y Grecia reinició la historia desde su comportamiento más primitivo. Si bien, el futbol nació con esquemas llenos de delanteros, sus evoluciones se fueron dando a partir de la construcción de las defensas. Con esos modelos se extiende el fútbol.

Portugal se afilió a la tendencia, menos lejano a las vanguardias dominantes. La tendencia propaga la cultura; no la limita ni la condiciona a un modo de ser único. En las antinomias establecidas por Lotman para la operación de la cultura, ordenado/no ordenado pretende la propagación de la cultura hacia la no cultura. El segundo elemento de la antinomia es el de la innovación. En cambio, correcto/incorrecto, acepta, en su primer elemento, el gusto por la cultura, y el segundo la rechaza, vista como lo establecido y genera la anticultura; lo excluyente, en donde entran el estilo y la identidad.

El comportamiento de Portugal es el más adecuado y sensato en la Europa actual. Un fútbol que prescinde del culto al individuo sin hacerse totalitario, pero sí autárquico. La Final sentó el procedimiento con la salida de Cristiano Ronaldo, quien no aportaba, desde el 4-4-2 empleado por Fernando Santos durante el campeonato, al 4-5-1 de contención con el regreso de un delantero.

A partir del retiro de Cristiano, el equipo adquirió las cualidades de la autarquía y la diversificación de sentido. Ya no tenía que jugar necesariamente para un solo jugador, y sí todos participar del colectivo. Fue durante la fase final, un equipo diseñado para basar los esfuerzos en la contención y ganar con lo justo, esto último por sus limitaciones de goleo, y, al igual que la Grecia de Rehhagel, su verdugo en la Final 2004, puso un modelo que, como el griego, no tiene rechazo porque se reflejó en los de la mayoría de selecciones contestadoras de la Eurocopa.

Portugal es distinto a los demás porque piensa en sí mismo y no en base al rival. Eso lo distingue en el axioma que reza: a parados iguales, funcionamientos iguales.

A Grecia se le reprochó su manera; la de Portugal es compartida. Es un modelo universal aplicado a las capacidades innatas de los jugadores en las selecciones que lo ejercen.

Ganó, en Francia 2016, la tendencia. Lo aceptado por la cultura que se satisface con dosis altas de espectáculo, porque los ganadores recientes de grandes torneos (Mundial, Eurocopa, y de lado la Copa América, con Chile bicampeón) vencían por lo mínimo en muchos partidos y hacían jugar a los rivales sin balón, buscando estos su mejor posicionamiento defensivo. Portugal es de los que no preocupa por la tenencia. Cuando tiene el balón sabe qué hacer con él. Esa premeditación está en la morfología de la tendencia actual.

Ganar, y ganar bien, es la tendencia que Portugal tomó por bandera.

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