Panóptico. 23

El atentado de Múnich; sus posibles consecuencias…Trump, sus canciones y su familia.

Allá sí juegan en serio.

Lo de Brasil fue cosa de niños. Jóvenes desorientados, sin cualidades para el terrorismo fueron afamados como perfilados autores materiales de un atentado durante los Juegos olímpicos en Río de Janeiro. Ayer se trató el tema en estas líneas. El Islam no ataca a quien no le debe, y Brasil está más necesitado de estrategias de seguridad ante la manifestación de un pueblo que no resiste callarse los reproches a sus funcionarios, que de vender una imagen de violencia. Pero necesita esto último para crear al enemigo o para validarlo y atraerse la comprensión del estado de seguridad.

Alemania lo considerará. Le robó un pedazo de protagonismo a Francia, que colecciona atentados en calles, carreteras y trenes, con un tiroteo en un centro comercial. Cada rato aumenta en número de fallecidos. Iban diez a la media noche europea y ya no se piensa tanto, como en Francia y Bélgica, acerca de la rúbrica del ataque. Siempre el Islam. Quien haya sido, tocó un punto estudiado, como el francés. Una nación que evocó sus peores miedos, no tan escondidos, en la ciudad que vio la mayor matanza en un evento deportivo con el asesinato de atletas judíos en la Olimpiada de 1972.

Esta vez hubo variedad en la morfología. Ya no fue un lobo solitario. La gente asegura haber visto a tres personas con pistola, aunque sólo una disparó. Nunca existió, quizá esa figura del lobo solitario. Lo delatan los señalamientos a los autores de los atentados en Europa, largados en noviembre en París, como parte de esquemas de ataques calculados.

La ruleta gira sin desafiar mucho al azar para advertir el siguiente país objetivo. Los aliados de Francia están en la lista, si es que Isis es la directriz, si es que no le han atribuido la autoría de los atentados. Si fue así, la organización árabe no ha desmentido. Y así, acepta que le hagan partido.

El peligro viene de parte de los hipotéticos aliados en un futuro cercano. Mientras Hollande se ocupa con lo que queda al caso de Niza, y tiene tiempo de enviar su mensaje de apoyo a los alemanes, Donald Trump, desde su campaña no dejó de tomar cada atentado en Europa como artificio para su discurso contra el terror, específicamente contra el Islam.

Sellada su candidatura, respaldándola él con un discurso venenoso, el discurso oscuro lo llamó The Washington Post, en su ceremonia de aceptación de la candidatura, donde recalca su oposición a lo musulmán, sinónimo para él, como para el mundo, del mejor terrorismo, son de esperar su búsqueda de alianzas con los países que comparten su ideología, aunque la de Donald sea de campaña. Porque sus discursos contra la gente que no le gusta, dibujaron la condivisión del mundo que cada candidato plantea a conveniencia.

Lo de Múnich no debe quedar en Alemania. Es una cuestión de Europa occidental, y tampoco debe atribuírsele con fuerza al tema del éxodo de migrantes. El enemigo lo tuvieron siempre en casa. En el propio patio de los países afectados se configuraron los ataques. Por el enemigo que ellos proponen o por alguien más. ¿Quién? Es pregunta de respuesta no tan simple. Ni tan directa todavía.

De todos lados se ayuda.

No sólo de sangre ajena se alimenta el monstruo Trump. En febrero, Adele le pidió no usar una de sus canciones como tea de campaña. Ayer, en China divulgaban que la familia de Pavarotti le pedía no usar un aria interpretada por él, para el mismo caso, y el autor de We are the champions y más intérpretes y compositores, solicitaba al candidato no usar sus temas.

Pero sí le admiran a su esposa, la vigente, e hija. The Ney York times las presentó como el modelo ideal en su respectiva posición, de la mujer estadounidense actual. Una propaganda que surge casi de la maquinaria creadora de publicidad de Donald Trump, quien no corresponde al marido ni al padre ideal estadounidense, si es que aquellas mujeres ideales deben ser esposas e hijas de un hombre ideal.

Se ayudó con la creación de cuentas falsas en su campaña; deslegitimó a sus oponentes hasta el último día de la candidatura que aceptó ayer e hizo de la discriminación una bandera de campaña.

Pero en casa tiene lo que el americano común desea. Una esposa a la vieja usanza, y una hija moderna. Oposición opuesta en el sentido que le da el analista en The New York Times: los hombres quieren en una muer -la esposa- lo que no desean en la hija.

De valores familiares, reservarse, porque en la idealidad entra el cumplimiento de los votos matrimoniales y Trump va en la tercera vuelta en eso.

En lo de la idealidad, o deseos del hombre americano, el articulista del diario neoyorquino, saca una encuesta, el Shriver report, que recoge que el 40 por ciento de los varones de Estados Unidos, quieren una esposa casera, y el 66 por ciento una hija independiente, pero sólo el 33 por ciento una esposa con esta cualidad.

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