Champions league 16-17. Tercera fase, vueltas. Una copa de Europa con todo.

La rebelión de modestos puede estar marcando una transición de protagonismo en la etapa de cambio de varios que lo habían ostentado, sin obviar la veleidad en la edición.

             Por encuentro directo, algunos animadores caerían; otros no dieron seña para continuar.

             Como la ida, jornada en el nivel y en cualidades propias de la Vieja Copa.

             Varios partidos para archivarse entre lo notable por mucho tiempo.

             Goles en minutos finales, cualidad constante.

             Habrían comenzado a dispararse tendencias.

La fase, una de todas las previas, ignorada aún por la televisión y la organización, que continúan viendo el atractivo a partir de la cuarta fase. Y puede haber aficionados que gusten de gran fútbol sólo con equipo de nombre. Se continua desconociendo, y con ellos desacreditando, a la Copa de Europa. Esa donde no había distintivos por la liga a la que pertenecieran los equipos. La que los enfrentaba sin más ventaja, o desventaja, que una localía en series sin relación con otras; el clásico modelo de copa que alienta a ganar en no más de 120’ sin dar ocasión a partidos de trámite y puntistas. El torneo en el que todos emparejan sus posibilidades de calificación en el planeamiento de dos partidos.

El campeonato en donde nada está escrito –nuca lo está en fútbol- y menos antes de concluir los partidos.

Lo relatan los encuentros de la jornada. Trencin y Partizani, los locales derrotados en la ida, no cumplieron lo que sólo 14 equipos, en las 62 ediciones, consiguieron: clasificar luego de perder ida en casa. Los Toros Rojos se quedaron en 509’ sin anotar, el 21 periodo más largo en el torneo, y, debido al año que acumularon sin hacerlo, empatarán en 17-18 el tiempo más extenso sin mojar: 36 años, marca de Sligo Rovers.

Sus homólogos, Red Bulls, en cambio, rebasaron por primera vez los 359’ sin recibir gol. Sumaron 408’ y su portero Alexander Walke, 393’. Anotador en el 2-0 contra los albanos, por supuesto, Jonathan Soriano. No suele faltar ante la red en Champions.

No es, empero, el líder goleador al día. Ni Falk ni Verbic, los dos que repartían los mayores créditos anotadores en Copenhague durante la temporada, fuera de y en competencia. Lo es un compañero de ambos. Cornelius. Había apurado la eliminación de Crusaders en la fase anterior, con tres metas, y ahora clavó dos en la meta de Astra, el novicio equipo rumano al que se le esfumó pronto su categoría de campeón.

El más histórico de su país, Steaua, enseñó la clase en el torneo. Por oficio y por rival. Sparta Praga se derrumbó en Bucarest (2-0) y la mejor tradición del Este europeo quedó sin más referencia que Steaua.

Porque Estrella Roja, en otro duelo entre equipos de esa franja, también salió despedido en un partido para memorizar por muchos años. Copa de Europa en estado puro en el Pequeño Maracaná. Ludogoretz, símbolo ya de la transición de poderes entre tradicionales y emergentes, nunca cambia. Había despedido a Georgi Dermendziev, técnico que entró de relevo en 14-15 y en esa temporada lo debutó en grupos, atrayendo el reconocimiento mundial. Se fue, o lo echaron, y no hubo calificación a liguilla en 15-16. Volvió y el 4-3-3 aplicado desde el 4-2-3-1 se torna en símbolo de la transición en el torneo [apuntes a idas; tema tratado en las temporadas recientes].

Un modelo adecuado, universal. Diezmados desde el 43’ los verdes no advirtieron la baja del central Plastun. Lo reemplazaron con otro defensivo –Palomino-, y el 4-2-2-1 no menguó ataque ni abrió espacios para el compelo Estrella Roja. Katai y Kanga –uno de los destacados en las preliminares-  cargaron al otrora campeón de Europa, que en la prórroga se desfondó ante nuevos contragolpes búlgaros. Wanderson, triplete, figura en la fecha.

A esos equipos no alcanzó el tiempo para decidir su diferencia. Menos a Young Boys y Shaktar Donetsk, otra serie para pensar en la transición. No fue la renovada alineación Naranja ni el cambio en su dirección técnica. Era tiempo de cambio y los suizos, de los que en el apunte anterior se anotó que estos torneos ven transformaciones graves en los equipos en series a dos partidos, lo cumplieron. Hacer nada la ventaja cobrada por los Mineros (2-0) en la ida era ya un mérito de novato ante uno de los equipos mejor rodados en más de una década en el continente. Ganar en ‘penales’ fue adicional al juego táctico.

Justo le quedó el tiempo al Apoel. En el 90’ estaba eliminado (1-2 global)           y en el agregado, de más de 10’, goleo tres veces a un Rosenborg poco apreciador de que una eliminatoria de estas se gana hasta que se termina.

Bate lo entendió mucho antes con la voltereta que le dio Dundalk. Los Lilywhite se hicieron equipo misterioso. Desde su anonimato eliminaron a uno de los equipos que rozaban la animación en liguillas recientes, y que por un gol no anotado en la fecha 6 no se presentó en octavos la temporada pasada. Y aunque se les ve inferiores a los pocos equipos de los que saldrá su rival, son de los que dejaron testimonio de que en esta edición a nadie se puede descartar.

Hasta el silbatazo final. Porque la constante fueron metas en los estertores, quizá seña de una paridad que tocó puntos altos de equilibrio. Lo consiguió Trencin en Varsovia (0-0) sin poder forzar la prórroga. El 0-1 de la alcanzaba. En Israel se tensó y en el 79’ Hapoel Beer-Sheva, otro debutante, marcó la única meta en su serie contra Olympiakos, un tradicional en liguillas que, como Shaktar, vive transición.

Celtic también. Tras el varapalo en Gibraltar, Brendan Rodgers aprendió que a historia y el modo personal no juegan tanto. Astaná se quedó por un gol., como Shakter Karagandy, el único rival kazajo que enfrentaron antes los Católicos, en serie, como la de ahora, al borde del infarto (2-1).

Así, las ligas lectivas quedaron con sólo 1 equipo: Dundalk.

Dinamo Zagreb remató a Dinamo Tbilisi (1-0, 3-0 global). Los croatas disminuyen ante oposiciones fuertes y no dan credencial firme porque era su noche para apostillar con goleada.

Qarabag-Plzen dieron otra sensación. Junto a Ludogoretz, los azerbaiyanos no saben cosa distinta a atacar. No tuvieron táctica para defender sin balón. Resistieron el 1-0 que metía a un equipo de su nación por primera vez en cuarta fase, con golpeo y eso favoreció la intención checa de cabecear en el área. En el 84’, un sustituto que entró para eso, silenció para los locales una noche desbordada de emociones. Los Reynaldo, Quintana y Almeida, conductores del equipo de Gurbanov –que se fue invicto- esperan por mostrarse, en otro año, en etapas adelantadas.

Ajax sobrevivió al infierno griego en Salónica. Paok volvió a quedarse, como en sus anteriores participaciones, en la fase donde entró en juego, y Fenerbahce, sentenciado pronto en Mónaco, no dio pensamiento de calificación monegasca desde el descuento otorgado por Emenike, hasta el 90’ y agregado. Germain dio marcador de calificación poco antes del 2’. Trazos desde la defensa turca hacia Fernandao, marcado por Raggi, no hirieron a Mónaco que con el doble ‘5’ Fabinho y Bakayoko se hace sólido.

Rostov dio el golpe final en una de las grandes remontadas en la historia de la Copa porque su 4-2 global provino desde un 1-2 ante Anderlecht, que continuo debiendo a su historia. Los rusos aguardaban dictamen del Tas sobre su habilitación para continuar.

Por separado, las combinaciones para el sorteo.

[Ver Gaceta 550]

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