Panóptico. 34

Candidato independiente a la presidencia de Estados Unidos…Ataques a gente de raza negra…Y a blancos…El decapitado…Advertencia de atentado a Miss universo.

Los ejes sémicos de la deslegitimación.

La promoción de Evan McMullin como rival -y es eso, autentico- de Hillary Clinton y Donald Trump en la batalla por el mayor poder del mundo, surge como ingrediente de pimienta a una de las pugnas electorales con menos aplomo, diplomacia y decencia vistas en cualquier nación.

Una carta indicó la candidatura del antiguo oficial de la Cia, mostrando de inmediato, al final del primer párrafo, un eje sémico del discurso que no aparece en la carta. Libertad, dignidad y oportunidad, palabras muy empleados en los discursos de Trump y Clinton son el eje directriz en la campaña de McMullin. Reserva el eje para el campeo verbal.

La deslegitimación, arma favorita de los otros dos candidatos, se expone directa en el discurso que es la carta, refiriendo defectos de la Hillary y con Donald se va por el lado de la división, marcada en el discurso de la candidata, en un país que “necesita unidad.”

Mediante la deslegitimación, sólo con eso, Evan busca granjearse las simpatías de un electorado el cual, en versión publicada por The New York Times una semana atrás, sólo en un nueve por ciento votó en las previas por Clinton y Trump en conjunto. Sin contar a los caucos, porque con ellos las cifras de votación son menos confiables.

La desunión es parte del eje sémico en los discursos más nuevos de los tres candidatos (los de aceptación y la carta). Hablan los candidatos de un país que necesita unidad y que los otros -los rivales- no conducen hacia ella.

Con tan baja preferencia de Trump y Clinton entre el electorado, considerando la encuesta del New York sólo sesenta de los doscientos veintiún millones de ciudadanos con opción de votar, y excluyendo a aquellos sectores poco confiables, el público de McMullin no debe él buscarlo lejos o fuera de aquel porcentaje, porque se apresta como una alternativa para los republicanos (si es que no es artificio de estos), los cuales se expresan, en voz de sus líderes, preocupados por una hipotética victoria de Trump, pero todo es un juego de tendencias de alza y baja de imagen, terreno en el que Donald se mueve mejor que los otros dos, o sólo él sabe moverse en ese campo.

La carta:

My Fellow Americans,

Our American Nation is the greatest experiment in freedom the world has ever known. It’s given generations of citizens the blessings of liberty ever since the Founding Fathers risked their lives in what seemed like an improbable bid for independence. While the republic they created was one of imperfect freedoms, for 240 years the arc of progress and liberty has moved ever-upward. Even in times of economic crisis and war, our nation has been a singular source of hope for people throughout the world yearning for liberty, dignity and opportunity.

I proudly and quietly served our country for most of my adult life, first as an undercover operations officer with the Central Intelligence Agency and more recently as a senior national security and policy advisor in the House of Representatives. My service has given me unique, firsthand knowledge of the threats our nation faces, the burdens borne by hardworking Americans, and the numerous areas of our government that desperately need reform.

Like millions of Americans, I had hoped this year would bring us better nominees who, despite party differences, could offer compelling visions of a better future. Instead, we have been left with two candidates who are fundamentally unfit for the profound responsibilities they seek.

Hillary Clinton is a corrupt career politician who has recklessly handled classified information in an attempt to avoid accountability and put American lives at risk including those of my former colleagues. She fails the basic tests of judgment and ethics any candidate for President must meet. Moreover, she only offers stale economic ideas like the same old top-down government control that has brought us eight years of historically low growth.

Donald Trump appeals to the worst fears of Americans at a time when we need unity, not division. Republicans are deeply divided by a man who is perilously close to gaining the most powerful position in the world, and many rightly see him as a real threat to our Republic. Given his obvious personal instability, putting him in command of our military and nuclear arsenal would be deeply irresponsible. His infatuation with strongmen and demagogues like Vladimir Putin is anathema to American values. We cannot and must not elect him.

Millions of Americans are not being represented by either of these candidates; those of us who care about the strength of the military and intelligence services find little to embrace in either Trump or Clinton.

Americans who believe in limited, Constitutional government that is smaller, smarter, and more accountable view both Clinton and Trump as symbols of corruption and excess that provide no hope of basic competence in the federal government.

Those who embrace the dignity and value of every human life from conception until death; who understand the crushing danger of our unsustainable national debt; who believe deference to our Constitution outweighs partisan political priorities are all looking for something better than the two major party candidates are offering. These foundational and time-tested principles transcend party and politics but sadly have no champion in this election. We must not abandon the fight for these values, for doing so will deprive future generations of Americans the bright future we want to give them.

With the stakes so high for our nation and at this late stage in the process, I can no longer stand on the sidelines. Our country needs leaders who are in it for the right reasons and who actually understand what makes this country the greatest on earth. Leaders who will unite us and guide us to a prosperous, secure future, beyond the dysfunction of a broken political system.

Just as the American Revolution required men and women devoted to liberty and freedom to stand up and be counted, this moment calls a new generation to the same sacred task. With that in mind, I have decided to pursue the cause of American renewal and the Presidency of the United States of America.

With Hope For Our Future,

Evan McMullin

Evan McMullin is an independent candidate for President.

Siguen los conteos.

No tocó Evan caso de distinción racial o ideológica. Por eso manejó bien la cuestión de la unidad, en un país donde esta debe aclararse entre las pieles blancas y negras. Hoy, nota de The Washington Post (en síntesis del blog), una niña fue asesinada, sin seña ni motivo, en su primer día de clases. Hace días, un video que muestra el asesinato de un adolescente negro, desarmado, por policías en Chicago, mantenía ardiente la situación por agresiones así de policías blancos a jóvenes negros en Estados Unidos, en lo que sí es una guerra racial. Lo del Estado islámico, se ha visto no, y por lo tanto son hechos de casa, a los que no cabe buscar móvil de parte del enemigo común.

En grupo los toman.

Los blancos siguen sufriendo por el mundo. The Daily Telegraph (Australia) reportó ataque en fiesta juvenil. Los motivos, aparentes cosas de drogas, importan menos que un adolescente fallecido y varios heridos.

Días antes, en Glasgow, cuatro varones fueron atacados, sin estar clara la razón, cerca de un estadio.

Son acontecimientos aislados, sin relación, pero así comenzaron las secuencias de los atentados que tienen con precaución al mundo, y como los machetes, van generando tendencias con víctimas muy definidas.

También ruedan cabezas.

Y no dejar el caso del gay sirio decapitado en Turquía. Van dos sin cabeza. Sumar al sacerdote en Francia.

Para agendar.

El machete se hace exclusivo de atentados contra mujeres. Pero en masa, una bomba se presenta como la alternativa. En Filipinas, oficiales de turismo creen en la amenaza de Isis de hacer estallar una bomba durante la final de Miss universo en Manila el 17 de enero, pero también que el país tiene la seguridad necesaria contra eso. Nota en South China Morning Post.

O en todas partes ponen al Islam como pretexto para atraer y justificar apoyos en seguridad.

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