Río de Janeiro 2016 y la utilidad de los Juegos olímpicos.

En 2009 [Gaceta fútbol] la reflexión acerca de la utilidad de tener la sede de la Copa del Mundo, surgía ante la demanda, nunca tan numerosa por obtener las de 2018 y 2022. Y, comenzando la conclusión, que a sabiendas que el negocio es para Fifa, se entendía la petición de Méjico como una estrategia de pacificación y de calmar el hambre con circo.

En otros casos, era buscar la reiteración de éxito financiero, con la intención de Corea del Sur tras su experiencia en 2002; explotar infraestructuras, caso de Portugal, que acaba de organizar una Eurocopa, o vender imagen un país. Este caso era con Rusia, a la que el Mundial, para el que eventualmente recibió la sede. Para esa nación, el torneo le serviría para vender una imagen propia y de su régimen al estilo Italia ‘34 o Argentina ‘78 (ver texto El fútbol en tiempo de guerra). Otra opción, con Oceanía, es detonar el negocio en un continente. En último caso, para presumir tecnología.

Pero el negocio seguirá siendo de Fifa, a la que, se recordó entonces, sólo el presidente de Colombia en tiempo de 1986, Belisario Betancur Cuartas, le despreció la sede al notar que “el Mundial debería servir a Colombia y no Colombia a la multinacional del Mundial”, incluidas “las extravagancias de la Fifa y de sus socios.” [Historia de los Mundiales de fútbol, Bogotá, 1990, p. 273, y fuentes conocidas.]

Con la sede de los Juegos olímpicos los escenarios son idénticos. El gobierno de Brasil, no Brasil la necesitaba para promover ante el mundo una imagen de modelo social, y para obtenerla puso la baza de mejorar la calidad de las aguas de Río de Janeiro contaminadas en alrededor de un ochenta por ciento, de residuos fecales y más.

El mayor dispositivo de seguridad en la historia de Brasil, con militares en cada cuadra, alerta de infecciones a atletas y visitantes (no a ciudadanos de Río) por las aguas contaminadas, asesinatos a policías, el secuestro de la suegra de una personalidad, y una ciudad que anunciaron blindada por la visita esperada de cuarenta y cinco jefes de estado a la ceremonia de inauguración (no llegaron tantos), y el presunto temor permanente por ataques de un enemigo que no tiene el país -el Estado islámico- son la imagen más representativa que Brasil pudo dar al mundo mediante Río de Janeiro, acaso su ciudad más representativa del crimen y el delito, aunque en la lista de las 50 ciudades más violentas del mundo divulgada hoy por Forbes, Río no aparece. Sí 19 ciudades de Brasil.

Sin los Juegos olímpicos quizá no se habría sabido menos de los aconteceres criminales de Río, pero se habrían atenuado con los temores por atentados de Isis muy lejos; casi inauditos.

La función primaria de una sede de un gran torneo deportivo en un país con su apartado social quebrado, se volvió la de la manifestación. La ciudadanía no desaprovechó el evento como foro de expresión de las necesidades que no le satisfacen por atender los Juegos (una colonia fue evacuada de zona olímpica), y de reclamo por el actuar de su gobierno, el cual dio la primera seña de malestar con la ausencia en la ceremonia de su presidenta removida, motivo por el que varios mandatarios expresaron no haber acudido.

El Comité olímpico cuida su negocio. Dos días atrás, dijo que iba a pedir se eliminará la decisión de la justicia brasileña de reprimir manifestaciones de cualquier tipo que se dieran durante los Juegos y en los recintos donde se realizan las competencias. La medida adoptada para el Mundial 2014, permaneció para Río 2016, y el Comité olímpico se opone a su castigo y al retiro de manifestantes con pancartas en los recintos mientras sean pacíficos los reclamos.

Aunque hoy Jornal do Brasil exponga la extensión del beneficio económico que están dejando los Juegos, la seguridad de los moradores de Río y la calidad de los servicios -el del agua, el mayor- no reciben respuesta.

Toda la logística estuvo pensada para el visitante, dejando al morador de Río en su situación de inseguridad de costumbre, y en ella continuará después del evento, con la herencia probable de continuar el atentado contra su estabilidad mental si prosiguieren las presuntas alertas sobre ataques terroristas de un enemigo que sólo opera sobre sus blancos y que no tiene a Brasil entre ellos.

La sede de un evento deportivo es muchas veces sólo el espacio del circo organizador que pocas veces detona economías y deja, en cambio, infraestructuras inservibles porque la modernización y construcción de estadios y salas de prensa es nada más para un mes y no permanece el efecto del esquilmo monetario para un país.

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