El burkini, su semántica de la tradición a la moda.

La moda como signo de temor tuvo en el bañador francés la más reciente acepción de que lo diferente puede ser sinónimo de lo malo.

Desde la gabardina no se tenía quizás una prenda que fuera tan señalada como símbolo de posible delito. Y el delito lleva a la exclusión para quien lo ejerce o se sospecha que lo cometerá. “Libertad, flexibilidad y confianza”, para simbolizar “el ocio y la felicidad, la diversión, la forma física y la salud”, son la connotaciones que la Aheda Zanetti quiso expresar con su invento del burkini, signos de integración hacia la cultura predominante, la del bikini, la de la mujer convencional respecto a una forma de vestir.

El burkini pagó lo hecho por la cultura para la que fue creado. Las cuestiones atendidas por el Islam contra las naciones que le son opositoras están fuera del bañador confeccionado para sus mujeres, porque este no entra en los criterios de la historia colonial francesa en África del Norte, compromisos militares de Francia en Malí y apoyo militar a la lucha contra el Islam en Irak y Siria, factores apuntados por la Oficina de investigación alemana (Bak) tomados en cuenta por el Islam.

El burkini es de ahora y se le involucró en la línea de terror de la cultura para la que fue creado. La sanción, cuyo más reciente adepto fue Niza, y levantada hoy en Francia, es más que una precaución contra el terrorismo, por lo que la prenda pudiese esconder, un atentado contra la libertad de expresión de la cultura islámica. Como prenda tradicional de las islámicas,  el  burkini  es seña de  identidad  y  símbolo  de  un comportamiento particular que no merece una censura que casi lo empareje con los juicios a brujas.

Es   antes   que   todo,   parte   de   la   persecución   contra   las   prácticas islámicas. Como si hasta un bañador que no enseña nada, fuera motivo de punición. En   Alemania   el   debate   se   extendió   con   la   idea   de   prohibir   el   velo islámico, salvo donde fuera necesario, en una práctica de desintegración, de alejamiento del Otro, como sucede con el burkini.

La prohibición marca una condivisión que antepone el secularismo, ideal sagrado en Francia, recalca hoy The Washigton post, ante la innovación en una mundo reticente a la aceptación de lo diferente. No tanto de lo nuevo en este caso, en el que a una prenda se le otorgó un símbolo de poder. Porque el temor concede poder a quien lo provoca, y este se ha expresado con manifestaciones –una a las puertas de la embajada francesa en Londres- que quizá colaboraron en derrotar la prohibición.

El poder lo arrebatan hombres que lo desean. Nicolas Sarkozy llamó a la prohibición nacional del burkini dentro del esquema de defensa de los valores franceses y la oposición a la inmigración, en su campaña para la presidencia de Francia [también en Le Monde]. Y en Alemania se había tenido una visión electoral diciendo que la prohibición de cubrir la cara con el velo no tenía nada que ver con libertad religiosa, pero los conservadores necesitan votos, pero tampoco había nada que hacer en la lucha contra el terrorismo.

La paranoia mundial, mayor en Francia, es lo que concedió al burkini connotaciones de sospecha y temor, haciéndolo la señalización contra una cultura específica, aquella a la que Francia promueve como su enemiga, cuando la prenda busca, en general, lo mismo que el bikini. Se lee en la opinión de Remona Aly, miembro Exploring Islamic Foundation, en The Guardian:

  1. Launch a media frenzy

The next time you fancy a swim, remember that a burkini will ensure your doggy paddle becomes a Twitter sensation. So why not take the world’s focus away from the stuff that really matters? The rise of food banks, doctor shortages and human rights abuses just don’t get people lathered up as much.

 Save on suncream and waxing

A burkini could be your answer to saving money on sun lotion as well as those painful trips to the beautician. All worries about skin cancer and resembling a cavewoman can be left at home, so just think what you could spend the savings on instead. A burkini picnic on the Cannes Riviera perhaps. Remember to try not to look like a threat to public safety while scoffing that jam sandwich.

 Diversify women’s lib

Refuse to be pushed out of the debate by the ones who claim to uphold women’s lib while saying you couldn’t possibly be a feminist if you’re covered up. Women are a beautifully complex, complicated and massively diverse half of the human race. Although it may shock some that swimwear does not top the list of a woman’s life priorities, we shouldn’t be limited, silenced, patronised or pushed out of public life – and least of all women’s rights – because we choose to wear a full-body swimming costume, or a two-piece for that matter.

 Highlight the ridiculous

Who knew that a little trip to M&S swimwear department could result in a terrorist purchase? Thierry Migoule, Cannes’ head of municipal services, claimed: “We are not talking about banning the wearing of religious symbols on the beach … but ostentatious clothing referring to an allegiance to terrorist movements that are at war with us.”

 Migoule appears to believe that Muslim ladies doing their holiday shopping are thinking: “Does my bomb look big in this?” But don’t worry, ladies, the only things looking unsightly here are the overt hate and the hypocrisy.

 Celebrate freedom

Though some are falling over themselves to restrict freedom of dress, celebrate the meaning of true democracy by buying one of many choices available to you in swimwear, and remind Monsieur le Mayor that égalité is also about diversité. They may take our lives, but they will never take our burkinis.

Respalda una disertación publicada hoy en The New York Times: At the beach in my burkini.

La práctica de una prohibición tiene por efecto la inclusión. En una de las fuentes citadas la diseñadora del burkini menciona que las ventas por internet aumentaron por la prohibición.

Levantada, la prohibición mantiene ese efecto. Con ella, la prenda consiguió su intención de inclusión y aceptación, aunque los valores religiosos la mantengan como exclusiva o propia de las musulmanas. Por eso será tradición una vez que pase este periodo en la que discursos artificiosos, no prejuicios atávicos, le atribuyeron connotaciones de objeto prohibido, y con ello del deseo que instituye la moda.

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