Panóptico. 37

Sacerdote asesinado en el Centro de Morelia…Trump mueve sus hilos…Los casos más trascendentes del 2016…En lo que se va el mes.

Un silencio ambiguo.

Jóvenes matriculados en universidades no podía entrar en la cuadra donde se ubican sus viviendas. La última de Sánchez de Tagle, media más arriba de donde la muerte se había manifestado con el fallecimiento de un alcohólico dos años atrás, permanecía cerrada desde hacía algunas horas por cuerpos policiales y médicos. Casi en la primera esquina, bajando por la vieja Calle Real, se había escrito la historia que vecinos del barrio hacían patrimonio de la tradición oral. En una casa, habilitada como bazar de antigüedades, asesinaron al propietario; por aparente asalto. Los mismos vecinos tenían, y revelaban a los curiosos y transeúntes, la identidad del para entonces ex morador de la vivienda. Un sacerdote que participaba en las celebraciones en el templo de la Columna, a media cuadra de la esquina en cuestión. Gente cercana a él, apresuraba partir hacia otro bazar, propiedad del mismo, ahora sí ex sacerdote (porque mientras tuvo vida no podía dejar de serlo), a unas calles, casi junto a la legendaria Flor Azul. Unos buscaban la nota por internet del suceso. La acababan de ver, aseguraban, y ya no estaba. Después, se supo que en otro punto de la ciudad la búsqueda de la nota que se acaba de leer, la de este asesinato, ya no se encontraba. No interesó al medio de una reportera que cubre la fuente, y, dijo, ella, ni en el ayuntamiento le dieron línea para cubrirla. No convenció una de las escasas notas publicadas, nada más por no dejar de registrar el acontecimiento, que identificaba a la víctima como un hombre. Nada más. Sin cargo; que ya no lo tenía, pero es costumbre respetar la profesión que los fallecidos ejercieron en vida, dándoles el rango o la dignidad de la misma hasta el epitafio.

Gente que circulaba por la calle del otro bazar, contó que la cuadra del mismo estaba también cerrada. Resguardada de una réplica del atentado de la aquella moribunda tarde del 25 de agosto. A eso, a cuidar de la sucursal, o de la matriz, lo que fuera, se aprestaban a partir aquellos conocidos del hasta ese día sacerdote. Las notas no reaparecieron. Quedaron algunas, de esas para cumplir la cuota de muertos que deben dar algunos medios cada día para nutrir, contrario a las regulaciones de promover una ciudad tranquila, donde no pasa nada, la imagen de uno de los Centros más peligrosos del país.

Un actor profesional.

Así, peligroso, continúan estimando al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos. El tema vuelve. Se está ante un especialista en manejar la imagen propia para obtener el esquilmo deseado. Ya no pelea con discursos. Esos los dice y le deja la contestación a su rival, que sí responde con la función básica del discurso político, de hacer expresiones sobre los deseos del electorado, pero sólo como réplica a lo dicho por Trump. Mientras Hillary se desgasta en convencimientos verbales sin la prosémica de simpatía y convencimiento, Donald saca un recurso nuevo casi cada día. Si su popularidad, presuntamente, decreció, él sabe que es parte de la estrategia. Ofendió a la familia de un pequeño militar de raza negra, asesinado en campaña. Tuvo a un jefe de prensa señalado como racista, y lo reemplazó con uno al que pronto le sacaron pasado antisemita y discriminatorio, cuando el patrón acaba de exponer su deseo de obtener votos de gente de raza negra. Y gastó una bala, pequeña, en condolencias a la familia de otro joven de ese color, pariente cercano de una famoso basquetbolista. El remate, a lo de la semana nada más, llegó con la presentación en The Washington Post, de un certificado médico que avala a Trump como hombre excesivamente sano; nunca enfermo de nada grave, y que lo perfila como el presidente más sano en la historia de su país. Antes, vendió a su familia como la ideal. El americano promedio quiere una esposa como Melania y una hija como Ivanka. Ese control de familia no lo muestra Clinton, a quien encuestas –con lo sesgadas que llegan a estar- manejadas por grandes medios, no recogen favoritismo entre las féminas. Su imagen de familia es otra. Sus recursos se limitan al verbo, un artificio con el que ya no se ganan las batallas electorales.

Recolección.

La campaña presidencia el en Estados Unidos es uno de los mayores temas del año. De los que no dejarán de cesar derrame de tinta y golpes de teclado en muchos años. 2016 tuvo varios casos de impacto, en relación con el pasado de varias culturas. Se han ido relatando o recogiendo testigos de ellos. Un listado de 10 aún no se completa, pero del índice del anuario no salen estos: el zika, el brexit, el estado de alerta en Francia, la cuestión de los inmigrantes en Europa, los Juegos olímpicos como promotores de lo que no se desea divulgar de un país, la disputa por el Mar del Sur de China, el burkini, y la citada campaña presidencial. Dos temas más de ese nivel, difícil, pero un mundo tan caótico, los puede.

Por hablar de más, el negocio del sexo o la solución al uso del burkini…

La semana no paró su conteo. Bombas, atentados, alerta de estos, las disculpas de Ryan Lochte, sinceras o por coacción de su país, por aquello de ayudar a la imagen de Río de Janeiro; se sumó uno de los terremotos destinados a engalanar los anales europeos, con sus imágenes, cursis o no, de historias de sobrevivencia. La de la monja que se arrastraba casi en una pierna; las hermanitas encontradas vivas debajo de escombros; la nota del rescatista a la niña a la que no alcanzó a salvar de la muerte; las ancianas sepultadas –monjas y feligresas- sin saber si vivían bajo los escombros.

Bien viva estaba Hope Solo, portera de la selección de fútbol de Estados Unidos, al posar con protección en alusión al zika, previo a partir hacia Brasil, donde el mosquito había tomado autoridad; después llamó cobardes a las seleccionadas de Suecia, y todo eso, sumado a los antecedentes que tenía con su Federación –uno le había acarreado suspensión- la marginaron por algunos meses del equipo, como castigo.

El que la divinidad da por la práctica desconmensurada del sexo, la sacó el Arzobispo de La Plata, señalando al anticonceptivo como negocio para provocar la libertad de la práctica sexual, sea “petting”, masturbación o penetración. También a él le quisieron jalar las orejas por irse de la boca, como aplicando aquel aserto religioso de que daña más lo que sale que lo que entra por ella, cuando él quiso decir que en el sexo es tan dañino lo que entra como lo que sale.

Para esas prácticas, quitarse la ropa. Andar desnudo es la solución que un escritor canadiense sugirió para el problema del burkini. Aunque la prohibición sobre la prenda haya sido levantada, tiene respaldo lo dicho por Dean Burnett.

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Un comentario en “Panóptico. 37

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