La frontera de Méjico con Estados Unidos: una conjura en el discurso ante Donald Trump. Discourse analysis in visit of Trump to Mexico.

La artificiosa visita del candidato republicano al país sobre el que más control desea imponer, obtuvo su efecto de jugada magistral al recibir aceptación de parte de su par para, tácitamente, impulsar la construcción del muro.

             El núcleo de la conversación era previsible. En tiempos electorales para Estados Unidos, y de rendición de cuentas del otro lado de su frontera conflictiva, Donald Trump debía, sin palabras, evadir la coerción del discurso político, esa función que desvía el discurso de lo que el oyente –el votante- desea escuchar, para expresárselo por la boca de su vecino.

Legal es Trump. Como candidato tiene la autoridad para tratar estos temas como si dependieran de él; eso por medio de la promesa, la cual ha sido cauto en ofrecer, pero hizo hablar, y bailar, al que tiene más legitimación para exponer el tema.

Un mandatario que se plegó al discurso del muro del candidato republicano. En su nota al encuentro, El País lo advirtió: “Dar la mano a Trump fue entendido por la oposición en pleno como una claudicación. Un saludo destinado a hundir a un presidente que, con la economía estancada y la violencia rampante, atraviesa mínimos históricos de popularidad.”

Sucedió horas antes de que Trump dictará un discurso sobre los migrantes en Arizona. Por ello la visita rápida al país de al lado en la víspera del informe nacional que un día después de entregaría allí.

El tema no se resistió. 10 veces mencionó el hablante (el anfitrión) la palabra frontera, más 1 en plural, todas bajo un eje sémico que delata la conjura, englobando problema al que dio sinónimos de malestar, inseguridad e ineficiencia. Ese es el eje sémico que rigió el discurso.

De conjura lingüística se ofreció antes la definición que de ella hizo el académico César Gilabert Juárez en su ensayo “El delirio de los gobernantes. Una semiótica del poder”, compilado en “El laberinto de la cultura,” memoria de un evento semiótico: un efecto pirámide que “se asume como una agresión generalizada que promete crecer, que se experimenta como una gigantesca amenaza y supone una red conspiratoria, extendiéndose en cada rincón […] con el único objetivo de perpetuar actos malignos. Así, el temor se entroniza como una constante.

Fue lo que planteó el hablante cada vez que mencionó frontera, en singular y en plural, en su discurso:

cómo podemos mejorar las cosas en ambos lados de la frontera; cómo podemos aclarar y superar malos entendidos y llegar a conocernos mejor.

 Compartimos la frontera más transitada del mundo, por la que todos los días cruzan de manera legal más de un millón de personas y 400 mil vehículos.

 La frontera debe transformarse en un activo para nuestra región.

 Y con la próxima Administración debemos acelerar estos esfuerzos para que la frontera México-Estados Unidos sea más eficiente y más segura.

 Sin embargo, un importante número de estadounidenses percibe a la frontera como un verdadero problema, porque personas indocumentadas y drogas ilegales cruzan hacia Estados Unidos.

 Lo que necesitamos es un enfoque integral acerca de la frontera, que atienda los desafíos del tránsito de personas indocumentadas y el flujo ilegal de drogas, armas y dinero en efectivo al mismo tiempo.

 Muchas vidas pueden ser salvadas en ambos lados de nuestra frontera si las organizaciones criminales dejan de recibir la cantidad de armas y efectivo que hoy les permite llevar a cabo sus negocios criminales.

 Los flujos ilegales de armas, drogas y dinero en efectivo en ambas direcciones tienen múltiples consecuencias negativas en los dos lados de la frontera.

 Nuestra frontera debe ser vista como una oportunidad conjunta.

Ambos países debemos invertir más en ella: más infraestructura, más gente y más tecnología para hacerla más segura y eficiente.

 Y si bien reconozco el derecho fundamental que cada nación tiene de proteger sus fronteras, también creo que un verdadero esfuerzo de colaboración entre vecinos y aliados es la ruta más efectiva para lograrlo.

 Asimismo, le expresé al señor Trump que hacer más segura la frontera de México con nuestros amigos y vecinos de Centroamérica es de vital importancia para México y Estados Unidos.

Si se sintetiza cada mención, o se sustantiviza con sólo los términos marcados en negro (eso se hizo aquí) se encuentran palabras alusivas a lo malo como objeto directo del sujeto frontera.

Activo, lo hace implícitamente, porque habla de convertirla en eso, lo cual pone la expresión de que la frontera compartida por los dos países es estéril en algo.

El encubrimiento y la coerción, infaltable esta en el discurso político latinoamericano, se acentuaron. El primero, cumplió la función de desviar la atención de lo que el oyente deseaba escuchar. El oyente era el pueblo, pero en la página oficial, de donde se tomó el discurso escuchado en radio (hasta que en Morelia suspendieron la transmisión antes de completarse la primera cuartilla, y quedó en silencio el aparato), se pone que es dirigido a los medios de difusión.

La coerción resaltó en la legitimación que se auto impuso el hablante, que tuvo en el escucha al auditorio ideal, el que queda sólo en posición de escuchar y aceptar lo que aquel dice. Siempre se habló bajo la tutela de la voz pasiva, sin expresar frases con verbos de acción.

Pero el apretón de manos que concluyó oficialmente el encuentro sustituyó eso. Trump salió triunfante, obteniendo el respaldo que deseaba con los defectos que el hablante expresó de la frontera terrestre de Estados Unidos con Méjico, y los malestares que en ella se deben erradicar.

El discurso.

 “Mi prioridad como Presidente de México y la de mi Gobierno es proteger a los mexicanos donde quiera que ellos se encuentren. Esa es mi responsabilidad y la seguiré cumpliendo con total entrega”.

Señores representantes de los medios de comunicación.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

El próximo 8 de noviembre, el pueblo estadounidense elegirá al nuevo Presidente de los Estados Unidos de América.

Estoy seguro de que el proceso electoral seguirá siendo de intenso debate, contraste de ideas y amplia participación ciudadana, todas estas características de la gran tradición democrática de los Estados Unidos de América.

Tanto la señora Hillary Clinton como al señor Donald Trump, les he expresado públicamente mi respeto.

Como ha sido con el Presidente y amigo Barack Obama, el próximo Presidente norteamericano encontrará en México y en su Gobierno a un vecino que desea trabajar constructivamente para fortalecer aún más la relación entre nuestras naciones y enfrentar juntos los retos que nos son comunes.

Creo firmemente que hay grandes oportunidades para ambos países. Si decidimos aprovecharlas juntos, como verdaderos amigos, buenos vecinos y aliados estratégicos, siempre a partir de una relación basada en el respeto mutuo.

Aunque no estemos de acuerdo en todo, confío en que juntos podremos encontrar mayor prosperidad y seguridad, sin perder de vista que la libertad y la independencia son base indispensable de todo lo que valoramos.

Cualquier relación cercana necesita ser revisada y renovada de vez en vez.

Siempre debemos estar abiertos a discutir lo que ha funcionado y lo que no; cómo podemos mejorar las cosas en ambos lados de la frontera; cómo podemos aclarar y superar malos entendidos y llegar a conocernos mejor.

Con ese espíritu, en días pasados envié una carta a ambos candidatos presidenciales, a la señora Hillary Clinton y al señor Donald Trump, proponiéndoles tener un encuentro y conversar de manera constructiva sobre el futuro compartido de nuestros países.

Me he reunido hoy con el señor Donald Trump, y espero pronto hacerlo con la señora Hillary Clinton, con quien ya he tenido el gusto de conversar en el pasado, también, aquí, en Los Pinos.

Podemos no estar de acuerdo en diversos temas, pero su presencia aquí, señor Trump, muestra que tenemos una coincidencia fundamental: Nuestros respectivos países son muy importantes el uno para el otro.

Estados Unidos es muy importante para México, al igual que México es muy importante para los Estados Unidos.

Compartimos la frontera más transitada del mundo, por la que todos los días cruzan de manera legal más de un millón de personas y 400 mil vehículos.

El comercio entre nuestros países supera los 500 mil millones de dólares al año; innovamos y producimos juntos; y en materia de seguridad Nacional, la cooperación diaria entre nuestros gobiernos es cada vez más importante para enfrentar los desafíos de un mundo complejo.

Sostuve con el señor Trump una conversación abierta y constructiva. El propósito de nuestra reunión fue conocernos e intercambiar opiniones y visiones sobre la relación bilateral.

En materia de comercio, compartí con el señor Trump mi convicción de que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte le ha hecho mucho bien, tanto a Estados Unidos como a México.

Las exportaciones de Estados Unidos hacia México son cercanas a los 200 mil millones de dólares al año, y de acuerdo con la Cámara de Comercio de Estados Unidos, más de seis millones de empleos estadounidenses dependen de las exportaciones a México.

Nuestro país le compra más a Estados Unidos que a Alemania, España, Francia, Italia, Japón y Reino Unido juntos.

Muchos empleos en la industria manufacturera de Estados Unidos no se desplazaron a otras regiones del mundo, precisamente porque juntos hemos desarrollado una competitiva plataforma manufacturera en la región de América del Norte.

En promedio, 40 por ciento del contenido en las exportaciones mexicanas está hecho en Estados Unidos.

Como socios debemos trabajar unidos para evitar que las fuentes de empleo se vayan de nuestra región.

Sin embargo, esto no significa que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte no pueda ser mejorado en beneficio de ambas partes. El TLCAN es un acuerdo firmado hace 22 años.

El próximo Presidente de los Estados Unidos encontrará en mi Gobierno a un socio con la voluntad de construir la ruta para modernizar el TLCAN, a fin de que sea más efectivo en generar empleos de calidad y mejor pagados en ambos países.

No creo que el comercio deba considerarse como un esfuerzo de suma cero, en el que para que uno gane el otro pierda.

Por el contrario, debe verse como un esfuerzo que genere valor para ambas partes y que haga de nuestra región, América del Norte, la más competitiva e innovadora en el mundo entero.

En cuanto a asuntos fronterizos, tengo una visión muy clara: La frontera debe transformarse en un activo para nuestra región.

Hemos tenido grandes avances en los últimos años, trabajando muy de cerca con la Administración del Presidente Obama.

Y con la próxima Administración debemos acelerar estos esfuerzos para que la frontera México-Estados Unidos sea más eficiente y más segura.

Sin embargo, un importante número de estadounidenses percibe a la frontera como un verdadero problema, porque personas indocumentadas y drogas ilegales cruzan hacia Estados Unidos.

La inmigración indocumentada de México hacia Estados Unidos tuvo su punto máximo hace 10 años, y ha venido disminuyendo consistentemente desde entonces, hasta ser negativa en términos netos.

Aun así, sabemos que sigue habiendo un reto compartido, incluyendo el creciente número de no mexicanos que cruzan por nuestro país para llegar a Estados Unidos, creando, incluso, graves crisis humanitarias.

Sin embargo, ésta es una visión claramente incompleta de los asuntos fronterizos, porque no toma en cuenta los flujos ilegales que vienen hacia el Sur de armas y dinero en efectivo.

Cada año, miles de armas y millones de dólares en efectivo entran ilegalmente a México desde el Norte, fortaleciendo a cárteles y otras organizaciones criminales, que generan violencia en México y obtienen ganancias de la venta de drogas en Estados Unidos. Este flujo debe ser frenado.

Lo que necesitamos es un enfoque integral acerca de la frontera, que atienda los desafíos del tránsito de personas indocumentadas y el flujo ilegal de drogas, armas y dinero en efectivo al mismo tiempo.

Muchas vidas pueden ser salvadas en ambos lados de nuestra frontera si las organizaciones criminales dejan de recibir la cantidad de armas y efectivo que hoy les permite llevar a cabo sus negocios criminales.

Los flujos ilegales de armas, drogas y dinero en efectivo en ambas direcciones tienen múltiples consecuencias negativas en los dos lados de la frontera.

Nuestra frontera debe ser vista como una oportunidad conjunta.

Ambos países debemos invertir más en ella: más infraestructura, más gente y más tecnología para hacerla más segura y eficiente.

Y si bien reconozco el derecho fundamental que cada nación tiene de proteger sus fronteras, también creo que un verdadero esfuerzo de colaboración entre vecinos y aliados es la ruta más efectiva para lograrlo.

Asimismo, le expresé al señor Trump que hacer más segura la frontera de México con nuestros amigos y vecinos de Centroamérica es de vital importancia para México y Estados Unidos.

Igualmente, en cuanto a seguridad nacional México y Estados Unidos trabajan juntos para enfrentar los retos que impone un mundo complejo.

Todos los días las agencias de seguridad de ambos países intercambian información y coordinan acciones.

Independientemente del resultado de la elección norteamericana, la próxima administración estadounidense puede esperar continuidad y voluntad por parte del Gobierno mexicano para hacer más segura la región de América del Norte.

Señor Trump:

Quiero repetir aquí lo que hace un momento le expresé en privado.

Mi prioridad como Presidente de México y la de mi Gobierno es proteger a los mexicanos donde quiera que ellos se encuentren. Esa es mi responsabilidad y la seguiré cumpliendo con total entrega.

La comunidad de origen mexicano en los Estados Unidos contribuye todos los días con su trabajo, talento y creatividad a la prosperidad y desarrollo de Estados Unidos y de México.

Los mexicanos en Estados Unidos son gente honesta y trabajadora, son personas de bien, que respetan a la familia, que respetan la vida en comunidad y que respetan la ley.

Como tal, los mexicanos merecen el respeto de todos.

Sigamos trabajando para solidificar la relación entre México y Estados Unidos, con base en el respeto mutuo, la confianza y la atención conjunta de los desafíos que nos son comunes.

Concluyo reiterando que el Gobierno de México será absolutamente respetuoso del proceso electoral de los Estados Unidos.

Reconozco su decisión de sostener un diálogo constructivo.

El diálogo es el camino, porque acerca a quienes piensan distinto; el diálogo es el camino, porque permite lograr un mayor entendimiento.

Muchas gracias.

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Un comentario en “La frontera de Méjico con Estados Unidos: una conjura en el discurso ante Donald Trump. Discourse analysis in visit of Trump to Mexico.

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