Gaceta fútbol 586

Hacia el derby de Manchester…Ceferino con camino despejado…Las efemérides.

 Un partido como pocos y una elección que perfila ganador dan sus propias glorias hacia alturas alcanzadas por otros.

Es más que una ciudad.

Pocas veces en la historia un partido provocó el interés que el derby de Manchester de septiembre 10. Se recuerda el Real Madrid-Barcelona en la primera temporada de “la Liga de las estrellas” (diciembre 1996) con la inversión inédita para el campeonato español, hecah por ambos, con Suker y Mijatovic por un lado y Ronaldo por el otro, encabezando pléyades nunca vistas antes, además de la presencia en las banas de Fabio Capello y Bobby Robson. Algún Boca-River difícil de ubicar, por intereses distintos al económico, y el Barca-Madrid que enfrentó por primera vez a Guardiola y Mourinho después del choque que ambos tuvieron en la Champions 09-10 con Barca e Inter, quizá tocaron la expectativa del partido en comento, el cual hoy fue categorizado por Don Balón como el más caro de la historia por los seiscientos veinte millones de euros gastados por los equipos para la temporada.

No son sólo cifras ni estas son simples. Delatan nombres detrás de ellas. José Mourinho y Joseph Guardiola, los técnicos mejor cotizados hoy, provocaron tal derrama monetaria con la cual se entiende el juego que ambos plantean.

La rivalidad de Manchester no es cruenta ni relata episodios de odio o rencor marcados. Son los nombres de esos directores técnicos los que le conceden su expectativa. La mitología y fundamento de la rivalidad quedó rebasada por apellidos externos a la tradición inglesa. La futbolística, la que forjó la rivalidad estás más allá; en una simple palabra a veces. La que distingue a los equipos tanto como sus colores pues el City quiso con su distintivo connotar que representaba a su ciudad, y el United, que no quiso evitar el nombre de la ciudad ya ocupado por los Ciudadanos, quiso transmitir con el sustantivo que sigue a su nombre, la unión de una ciudad e torno al equipo rojo, mas es sólo un trozo de la historia.

Guardiola y Mourinho llegaron para marcar época en la rivalidad. A ponerla más allá de sus anécdotas y amistad para sentar una etapa que espolee los ánimos hasta épocas lejanas. Para eso deben disputar títulos y hacer que la Legue se decida en una carrera entre ellos, y a final por los puntos del derby.

La guerra que nunca fue este derby es de personalidades particulares ajenas a él y de millones de dinero en una etapa en la que el fútbol comienza desde las carteras. El juego está rebasado. Sobre el campo habrá cosas distintas porque también se juega ya con la palabra. Declaraciones y mensajes marcan las previas de un partido que nadie que guste del fútbol desea no ver. Aunque sea sólo parafernalia.

Le despejaron el camino.

Eso es una campaña- y Aleksandr Ceferino tomó recta hacia la presidencia de la Uefa con la declinación, ayer, de Ángel María Villar. El español, que no vio fácil la carrera por aglutinar el esloveno a media Europa, o poco más, había jugado su partido y dejado los intereses que favorecían al organismo europeo. La referencia es a la jugada hecha por este y la asociación de clubes europeos que anticiparon un nuevo reparto de cupos en la liguilla de Champions, para evitar que si Ceferino ganaba la elección no hiciera una reforma en favor de los equipos de federaciones que cada vez son más reprimidas en las fases previas.

Ceferino, por la ignominia del otro candidato, Michael van Praag, al que los votos de los simpatizantes de Villar no le dan hoy los que obtendría Ceferino, puede llegar a la silla pero sus intenciones y promesas no podrán cumplirse al menos en un hipotético primer periodo en el cargo, porque las que quieren apropiarse de la Copa de Europa ya la dejaron hecha hasta la temporada 20-21.

Después de eso, otra tentativa de reforma al torneo,  evitar una reelección que vaya en favor de la democracia que no desean los millonarios de Europa.

En su tiempo.

Eso no es Real Sociedad, equipo de aniversario (fundación) hoy. Tampoco lo fue Julio César Abbadie. El Pardo, de quien se anotaron líneas en al aniversario de su fallecimiento semanas atrás, celebraba sus cumpleaños cada septiembre 7.

Gemelos astral de Bora Milutinovic, púnico en dirigir en cinco Copas del Mundo consecutivas, con selecciones diferentes, y de Marcel Desailly, ganador de ese trofeo, la Copa de Europa y la Eurocopa. Un defensa como el que anhelan hoy los equipos en que jugó.

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