Panóptico. 42

El moreliano, despojado de sus espacios…Lo que sucedería el día 30…Extranjeros en las fiestas patrias.

Cinismo institucionalizado.

La mañana del 18 de septiembre 2016 en el Centro más histórico de Morelia no tuvo la festividad que acostumbra. El cierre de la Calle Real, como es costumbre en domingo, casi de lado a lado de su parte que abarca el Centro para ejercicios ciclistas, quedó suspendido. Se llevó a cabo en espacio limitado, con la condición de que si una bicicleta circulaba más allá del límite ordenado, se cancelaría el cierre. Más adelante, se prohibía la circulación en dos ruedas. Había precaución en esa zona, a metros de donde habría una reunión de mandatarios estatales, y demás comparsas, para escuchar un informe de una administración estatal. Un informe que no fue para el pueblo. Tuvo la novedad de entregarse en dos partes. Una, tradicional, tres días antes ante legisladores. Una nueva entrega, la de hoy, fue para funcionarios, empresarios y gente con quien hay que congraciar favores ajenos al beneficio público. La sede: uno de los edificios emblemáticos que el habitante va dejando de sentir suyo. Convertido casi en un paquidermo blanco desde que lo convirtieron en fortaleza, el ciudadano es el único al que no se le permite la entrada. El informe, pues, no era para don pueblo, que se acomodó –si lo dejaban- en sillas frente al edificio que mantuvo cerrada su puerta principal. El protagonista entró por una de las de servicio. Ni contacto visual con la gente, para la que supuestamente habló, porque se amuralló con vallas y policías la cuadra.

Contario a lo que esa imagen relataba, el informe habló de avance en la seguridad. En la sala de prensa adjunta, periodistas meditaba acudir a escuchar en directo el informe, por las vejaciones que se sufren de parte de la seguridad estatal. Seguridad sólo para el hablante e invitados, y tras retirarla, el ciudadano se las continua arreglando con sus temores callejeros, aunque aliviado porque el mayor enemigo de su seguridad fue quien en el informe dijo que en Michoacán “en secuestros; al día de hoy, hemos mejorado 13 posiciones, pasamos de ocupar el lugar 29 al 16 en los estados con menor incidencia. Y en extorsiones, pasamos del lugar 27 al 3, es decir, mejoramos 24 posiciones a nivel nacional.

Con incoherencias de esas pasó la mañana dominical. Una más en la que el habitante vio violadas sus garantías de libre tránsito. Viene de muy atrás la situación. Se rememoró hace tiempo cuando Morelia dejó de ser de los morelianos. Cuando el miedo de quienes dicen velar por su seguridad, son los que se las arrebatan y lo señalan como los únicos sospechosos de in delito virtual, que es el arma del discurso contra una seguridad que las cifras no arreglan. Menos con discursos que son para unos pocos, muchos de los cuales ni siquiera viven en el estado.

Continuará.

Para el día 30, uno de los más celebrados por el habitante, hay que guardar reserva sobre el procedimiento. Desde los atentados del 2008, la conmemoración, que públicamente comenzaba con un acto en la Plaza del Caballo, pasó a privatizarse. Durante tres años se realizó con un operativo más estrecho que los vistos en estos días, con gente como la mencionada, que nada tiene que hacer en Morelia. Se anuncia el acostumbrado concierto callejero, y surgen las inquietudes acerca de si para mirarlo habrá que pasar lentos y vergonzosos filtros de revisión física, como pago por la gratuidad de la llamada cultura. Lo mismo por la mañana, con el desfile, sin que se justifiquen las medidas de seguridad con cosa distinta al temor de los funcionarios, no por un atentado contra la gente común, sino contra ellos, que ordenan arreglar las calles en esos días para que sólo transiten sus vehículos y vallas los alejen, por al menos una cuadra, del pueblo.

Olvidos históricos.

Lo contentan con teatro y circo placeros. Está perdido el decreto que prohibía la actuación de figuras extranjeras en el país durante el mes patrio. Los más viejos recordarán aquellas tardes dominicales y sabatinas frente al televisor, único compañero de las familias mejicanas antes del apagón digital, mirando sólo a interpretes nacidos en casa durante septiembre. Ni conciertos podían brindar los extranjeros. Hoy, se cuelgan de los más baratos para llenar las festividades. Y colgarse, de paso, de la figura fallecida, a la que no enterraron en su tierra michoacana, con una de esas figuras descartadas por la preferencia masiva, sin representación de nada local, para continuar la pleitesía que el mejicano rinde a los que no llevan su sangre.

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