El galáctico en el sistema de la cultura. El Real Madrid de Zinedine Zidane, campeón de Europa 2015-16.

La continuación de una línea histórica toca su culminación en el campeón europeo 15-16, con la claridad al último elemento de trascendencia no bien determinado en una versión precedente.

El legado del Real Madrid de la segunda década del siglo XXI se fue estructurando en dos fases. Dos temporadas atrás, cuando con Carlo Ancelotti se levantó la Décima, quedaron advertidos cuatro elementos de trascendencia en el equipo. Tres nítidos: el juego como comunicación, fenómeno histórico y realidad actual. Quedaba flotante el cuarto elemento hermenéutico que establece trascendencia: el juego como estructura significativa.

Correspondiente a un periodo mítico de la historia blanca, dicho elemento establece la manera de ser del equipo mediante lo individual. Y lo individual en el Real Madrid desborda su función hasta lo existencial para dar definición presente a lo galáctico.

La marca semántica galáctico existió siempre. Como nombre común. El crack en acepción superlativa, revolucionando en su carácter metafórico el valor simbólico del jugador. Sumergido en la semiósfera, el galáctico, como todo objeto cultural duplica su función. Esta es directa y simbólica. Y a mayor efectividad del objeto, más metafórico es su significado, expone Lotman en el tomo III de su Semiósfera al tratar de los muñecos.

El galáctico no guarda fidelidad al modelo natural del crack, al cual representa en grado superlativo porque su función primaria fue impresionar más a la fantasía que a la razón [cf. Lo galáctico en el Real Madrid]. Como baza presidencial confirmó su metáfora. Como jugadores que había que insertar en esquemas en los que no tenía cabida, resultó un intruso táctico para el director técnico quien debió inventarle posiciones el grado de renunciar a los del balance.  Beckham, llevado como interior debió ocupar la contención por falta de especio y en esa zona Makelele hizo emerger una concepción del galáctico inesperada. La que da el Madrid de Zidane técnico.

El galáctico esconde una especie de esencia pero sin reconstruir, era una huida hacia lo subjetivo que desarrollaba lo absurdo por tener más finalidad directiva que futbolística. Se ubica en una coordenada de signos que significan una transmisión de información: la denotación del crack, el significado de una función que es a su vez extensión a la totalidad de significante: Real Madrid.

Sintetizando lo expuesto en los apuntes anteriores, el fondo de la información de lo galáctico es “”lo mejor”, significado único que comunica su excelencia y pretende agotar toda intención comunicativa porque el objeto en su integridad se significa sólo por sus atributos, reza un viejo postulado lingüístico.

El galáctico, como nombre individual, es lo representado por la representación del objeto, no todo el objeto.  El Real Madrid es objeto natural que sustenta estas cualidades que pasan a ser su signo, a significarlo, casi desplazándolo. El galáctico se vuelve denotativo porque identifica a la unidad cultural en primer grado y da paso a comunicaciones sucesivas. Conecta el presente con la historia para identificarla en su identidad.

Es, el galáctico, la metáfora del mito de las individualidades que hicieron grande al Real Madrid, pero con Zinedine Zidane consigue su forma más directa. Con Zidane, el galáctico en el campeón de Europa 15-16 asume su función de trasmisor de información, no sólo de pregonar una manera de fabricar fútbol, asociado a una identidad. El galáctico dirigido por Zidane asocia su significación histórica a las necesidades del presente exponiendo su cualidad metafórica de ser “lo mejor” por la labor colectiva antes que la individual.

No haber contado en muchas fases de su historia con un patrón de actitud definido, hizo en el Madrid el lucimiento de la figura personal como medio de solución. Hoy, esa figura es más completa porque se le dotó de cualidades y capacidades de solución apegadas a lo colectivo. El galáctico se ubica en una realidad presente. No es sólo lucimiento, también sacrificio y transfiere sus cualidades.

Así es que el equipo dejó de tener titulares. Esto es notorio en la parte estelar, la zona de injerencia del galáctico: la delantera. Zidane no titubeó en alinear allí a jóvenes en vez de las figuras. Por necesidad, pero el patrón de actitud y los resultados no variaron.

Lo que podía ser una transición del campeón de Europa a la renovación nominal, quedó como una continuidad porque el equipo nunca cambió. Juega como quiere el técnico, que cada partido hace un planteamiento distinto, viendo el sistema antes que los apellidos y eso determina sus alineaciones.

El galáctico ya no es imprescindible como solución en primera persona. Pasó a ser mediador entre su función y la información histórica que comunica. El mito del fútbol en primera persona, cuyas cualidades, que lo constituyeron en símbolo de diversas épocas, se resemantizó cumpliendo otras funciones que lo hacen más completo, y que denotan una concepción de actualidad de sí mismo.

Habrá quedado resuelto el cuarto punto de trascendencia. El del fútbol como estructura comunicativa, elemento asociado a lo individual en el Real Madrid.

 

 

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